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El elixir de la eterna juventud, ¿hallado en la isla de Pascua?

Investigadores de la Escuela Médica de Harvard están convencidos de haber encontrado, en la isla de Pascua, el elixir de la eterna juventud. El hallazgo, que se publica en la revista Science Translational Medicine, se produjo por casualidad mientras desarrollaban un fármaco para reducir el rechazo del organismo a órganos trasplantados.

El compuesto, llamado rapamicina, fue desarrollado a partir de la bacteria Streptomyces hygroscopicus, descubierta en la isla de Pascua y que parece ser capaz de revertir con éxito los daños que el envejecimiento causa en el ADN.

Según los investigadores, el nuevo fármaco podría ser extraordinariamente eficaz a la hora de tratar el síndrome de Hutchinson-Gilford, una grave forma de progeria, enfermedad causada por un defecto en los genes y que se manifiesta en alteraciones en la piel y los órganos internos debidas a un brusco y prematuro envejecimiento del organismo.

Contra los síntomas del envejecimiento
A través de esa misma vía, los científicos están convencidos de que el compuesto podría servir también para fabricar un «elixir de la juventud» capaz de paliar, e incluso de anular, los síntomas del envejecimiento, uno de los mayores objetivos de la Ciencia actual.

Francis S. Collins, uno de los autores de la investigación, estudió los efectos de la rapamicina en células epiteliales (de la piel) de niños afectados por el síndrome de Hutchinson-Gilford. El compuesto logró suprimir la proteína dañada causante de la enfermedad y revertir sus efectos nocivos. Todas las células tratadas vivieron, además, durante más tiempo de lo normal.

Dimitri Krainic, otro de los firmantes del artículo, explicó que, con el paso de los años, las células de nuestro cuerpo van perdiendo paulatinamente su capacidad para librarse de los desechos que producen. El compuesto parece devolver al organismo la fuerza necesaria para seguir cumpliendo con esta importante función, algo que aumenta tanto la duración de las propias células como la de los órganos a los que pertenecen.

A pesar de ser muy prometedor, el hallazgo es solo un primer paso. Los propios investigadores afirman que son necesarios más estudios, así como desarrollar nuevas formas de rapamicina más específicas y seguras.

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Ganímedes ¿Hogar, dulce hogar?

¿Llegó la vida a la Tierra desde el espacio exterior? La Panspermia asegura que sí. Sostiene esta hipótesis que semillas de vida están repartidas a lo largo y ancho del Universo, y que una de estas muestras llegó desde el espacio hace miles de millones de años al planeta para poblarlo. Precisamente, esta semana se anunció el hallazgo de compuestos de ADN en una docena meteoritos que chocaron contra la corteza terrestre, lo que ha devuelto a la actualidad una teoría que se ha mantenido tradicionalmente a la zaga del evolucionismo darwiniano y el creacionismo divino.

Anaxágoras ya defendió en el siglo V a. C. que la esencia de la vida se encuentra diseminada por todo el mundo conocido. En 1865, el biólogo alemán Hermann Richter retomó la idea del filósofo griego y argumentó que la vida está presente en todo el Universo en forma de gérmenes de microorganismos, a los que denominó ‘cosmozoarios’. Aún iría más lejos el premio Nobel de Química Svante August Arrhenius, que en 1906 acuñó el término Panspermia para explicar cómo las bacterias viajan por el Universo y colonizan todos aquellos lugares que presentan unas condiciones aptas para la vida. Uno de ellos habría sido la Tierra, afirmó Arrhenius.

En base a esta teoría, un meteorito impactó contra la Tierra -inhabitada en aquel entonces- y depositó en ella las bacterias que portaba consigo. Una de las principales incógnitas que surgen es cómo estos bacterias sobrevivieron al viaje espacial o a las altas temperaturas a las que estuvieron sometidas durante su entrada en la atmósfera terrestre. Los defensores de la Panspermia se justifican en ciertos tipos de microorganismos, denominados extremófilos, capaces de subsistir en ambientes carentes de agua o expuestos a un calor y una radiación de grandes magnitudes. Ejemplo de estas formas de vida son las que habitan en el onubense Río Tinto en unas condiciones que se consideran muy similares a las que habría ofrecido Marte hace miles de años.

La Panspermia Dirigida
Una corriente de esta teoría considera que los microorganismos que llegaron desde el espacio para colonizar la Tierra no lo hicieron por una cuestión azar, sino que fueron enviados intencionadamente por una civilización extraterrestre para originar a la vida.

Uno de los máximos defensores de esta teoría fue Francis Crick, premio Nobel de Medicina en 1962 como codescubridor de la estructura molecular del ADN, uno de los hallazgos más importantes del siglo XX en el mundo de la Biología. Junto al químico Leslie Orgel desarrolló el concepto de Panspermia Dirigida a través de varios artículos y libros. «Parece ahora improbable que los organismos vivos extraterrestres pudieran haber alcanzado la Tierra ya sea como esporas conducidas por la presión de la radiación de otra estrella o como organismos vivos incrustados en un meteorito. Como alternativa a estos mecanismos del sigloXIX, hemos considerado la Panspermia Dirigida, la teoría de que los organismos fueron deliberadamente transmitidos a la Tierra por seres inteligentes de otro planeta. Concluimos que es posible que la vida alcanzó a la Tierra de esta manera», afirmaron en 1973.

Crick y Orgel apuntaron a que pequeñas semillas fueron lanzadas a bordo de cohetes en distintas direcciones. Sería, según ellos, una estrategia planificada para ampliar la vida a otros planetas o, incluso, asegurar que esta sobreviviera ante un inminente apocalipsis. Dos formas, en definitiva, de perpetuar la especie.

Creacionismo divino, evolución darwiniana o Panspermia. ¿Cuál fue el origen? Si fue la Panspermia, ¿desde dónde o por decisión de quién llegaron esos primeros organismos? Y, por último, ¿enviará el ser humano sus semillas de vida a otros planetas?

Fuente: ABC