El tesoro mas valioso radica en nuestro corazón (Reflexion)

Una mujer sabia que viajaba por las montañas, encontró una piedra preciosa en un arroyo.

Al día siguiente se encontró con otro viajero que estaba hambriento, y la mujer sabia abrió su bolsa para compartir su comida.

El hambriento viajero vio la piedra preciosa y le preguntó a la mujer si se la daba.

La mujer lo hizo sin dudar.

El viajero partió, alegrándose de su buena fortuna.

Él sabía que la piedra valía lo suficiente para darle seguridad por toda la vida.

Pero unos días más tarde volvió a devolverle la piedra a aquella sabia mujer.

“He estado pensando en lo que vale la piedra”, dijo

“pero te la devuelvo con la esperanza de que me puedas dar algo aún más precioso. Dame lo que tienes dentro de ti que te permitió darme la piedra.”

-Anonimo

Experimento compartir

Acción contra el Hambre lanza http://www.experimentocomparte.org para estudiar el comportamiento del ser humano cuando se enfrenta a la realidad de un mundo mal repartido. De los 20 niños sometidos a estudio, 20 compartieron su comida. Queda claro que la lucha contra el hambre es más fácil si todos compartimos un poco.

El cuarto de los triques no debería de existir

En una ocasión, antes de dar inicio a mi sección diaria ‘Semillas para el espíritu’, del programa ‘Muy buenos días’, me dijo Mario el presentador:

Jaime, hay una niña discapacitada que vive con su tía en un tugurio, en condiciones infrahumanas, y necesita una silla de ruedas’.

Ese día conté el caso de esta niña y hablé de la importancia del servicio amoroso y de dar sin esperar retribución. Recuerdo haber dicho enfáticamente que aquellas cosas inutilizadas tras seis meses ya no son propias y, por lo tanto, deben darse a alguien que las necesite. Expliqué con claridad que los cuartos de triques donde se guardan cobijas, herramientas, cuadros, bicicletas, coches de niños, juguetes, etc., etc.., no deberían existir.

Al final de mi sección llamaron alrededor de 100 personas, 99 de las cuales dijeron que también necesitaban silla de ruedas, y sólo una señora ofreció una silla que podían pasar a recoger. Le dije que sería una buena idea que ella fuera con la silla al estudio de televisión para que juntos se la entregáramos a la niña, que vivía en el barrio Simón Bolívar. La señora me respondió que confiaba en mí, que no había problema en que recogieran la silla, y yo le comenté que no era cuestión de confianza sino de sentir la satisfacción de entregarla personalmente: ‘Yo quiero que usted me acompañe y experimente el placer tan grande que es dar y la felicidad que se siente al servir. Usted no tiene ni la menor idea de lo rico que es “experimentarlo”. Le expliqué entonces que una cosa es conocer a fondo una manzana, su textura, su color y su forma, y otra meterle un buen mordisco y experimentar su sabor.

Después de esto, ella accedió y nos fuimos al cerro del Ahorcado, en Ciudad Bolívar, al que algunas veces la gente sube para colgarse de un árbol debido a la desesperación. El alcantarillado iba por fuera y rodaba por un canal enclavado en la pendiente. Al sentir el frío y la podredumbre del ambiente la señora quiso devolverse, pero finalmente llegamos al cuarto oscuro y denso donde se encontraba aquella criatura de doce años.

Según nos contaron, los senos incipientes de la niña estaban totalmente estropeados por los callos y las llagas, pues llevaba gran parte de su vida arrastrándose por el piso como una culebra. Al levantarla de la cama sentí un olor peor que el de las alcantarillas. Entonces la sentamos en la silla de ruedas y fuimos a dar una vuelta.

En cuanto la niña salió a la luz del sol y vio la montaña empezó a dar unas risotadas exageradas. Por un momento creí que era retrasada mental, pero lo que sucedía realmente era que nunca había salido a dar un paseo y en pleno año 2009 no había visto un camión. Continuamos nuestro paseo hasta llegar a una esquina donde nos dijeron que preparaban un asado muy rico y decidimos probar.

Mientras comíamos, la señora lloraba y lloraba. Le pregunté entonces por qué lloraba tanto y me respondió:

‘Jaime, usted no tiene la menor idea del motivo por el que estoy llorando’. Le dije que, en efecto, ella debía sentirse feliz al hacer tan buena obra por aquella niña.

Entonces me miró y me dijo con la voz entrecortada: ‘Lloro Jaime, porque tuve esta silla de ruedas en el garaje de mi casa por más de ocho años. Lloro de pensar que esta niña se arrastró como una culebra durante todos estos años, mientras esa silla se oxidaba y dañaba por falta de uso. Ella nunca pudo dar un paseo como el que está dando ahora, lloro por las oportunidades que tuve para ayudar a otros y por no haber hecho nada’.

Así pues, el dolor se produce cuando no actuamos. Espero que este mensaje sea de tu agrado y lo puedas poner en práctica en tu vida.

-Jaime Jaramillo
FUNDACION NIÑOS DE LOS ANDES

NO GUARDEMOS NADA EN EL CUARTO DE LOS TRIKES, ALGUIEN DEBE ESTAR NECESITANDOLO.

La hermosa vista en la ventana

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital.

A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones.

Su cama daba a la única ventana de la habitación.

El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba.

Los dos charlaban durante horas.

Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones.

Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades, colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago.

Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas.

Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris.

Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

El hombre de la ventana describía todo esto con un detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando.

Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas.

Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.

Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.

Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana.

La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo.

Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

El hombre preguntó a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana.

La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indico:

“Quizás sólo quería animarle a usted”

Es una tremenda felicidad el hacer feliz a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble.

Si quiere sentirse rico, solo cuente todas las cosas que tiene y que el dinero no puede comprar.

“Hoy es un regalo, por eso se le llama el presente”

La importancia de salir de la rutina

Una tarde disfrutando de esa obra teatral de la que tanto hablan, un fin de semana de escapada que termine en ese concierto que lleva todo el año esperando, o pasar una mañana de domingo ‘perdido’ por los pasillos del principal museo de la ciudad no es sólo gratificante para la mente, sino también para la salud.

Según un estudio publicado por ‘Journal of Epidemiology and Community Health’ la famosa frase de ‘Mens sana in corpore sano’ no podía ser más acertada. Y es que tras estudiar los resultados de los cuestionarios de cerca de 51.000 noruegos del condado de Nord-Trondelag, un equipo de investigadores de este país afirma que asistir y participar en eventos culturales hace que la gente se sienta mejor y sea menos propensa a la ansiedad y la depresión.

La investigación dividió las actividades culturales en receptivas, que son aquéllas en las que la persona sólo asiste para disfrutar de ellas; y las creativas, en las que hay que intervenir. Los participantes, tanto hombres como mujeres de entre 20 y 80 años, tuvieron que contestar cómo se sentían tras realizar dichas ocupaciones. Los resultados no dejan lugar a dudas: el 73% de las mujeres y el 77% de los hombres percibía que su salud era buena o muy buena, el 90% de todos ellos sentía que su nivel de ansiedad era bajo o muy bajo y en porcentajes similares se encontraba su bajo nivel de depresión.

La importancia de salir de la rutina

“Pero estos datos no se dan sólo por tratar de actividades culturales, sino que cualquier ocupación que nos permita salir de la rutina, estar con más personas y salir de casa, ayuda a que nos encontremos mucho mejor, más felices y, por lo tanto, repercute en nuestra salud” argumenta Rosa Melgar, psicóloga clínica del centro Psiconfor. “Esto es lo que los especialistas llamamos ‘actividades distractoras’ que han de tener dos componentes para ser beneficiosas: distraer y tener un refuerzo positivo, es decir, que produzca en quienes la realizan cierto grado de placer”, añade esta doctora.

Por otra parte, el estudio indica que el efecto de bienestar general se agudiza en aquellas actividades de ocio en la que únicamente asistimos como espectadores, es decir, las del grupo de recepción. Un sentimiento más pronunciado en los varones que en las mujeres, cuyos porcentajes entre participar y asistir son más similares.

“Quizá este resultado dependa de si las actividades en las que van a participar les proporcionan algo de estrés. Sin embargo, es muy común cuando se trata a alguien con depresión ‘recetarle’ que salga de casa y haga actividades que le permitan relacionarse con más personas”, explica la doctora Melgar.

Para los autores de este análisis, “lo más importante es que estos resultados indican que la promoción de actividades culturales en las consultas médicas está justificada”, algo que los psicólogos también apoyan, aunque, como comenta la doctora Melgar, “es importante que sean actividades que nos causen placer, ya que ésas son las beneficiosas, mientras que hay que huir de las que terminan siendo una sobrecarga más”.

Fuente: El Mundo

La Piedra y el peregrino (Reflexion)

Un peregrino se quedó a pasar la noche debajo de un árbol en un bosque cercano al pueblo en la más profunda oscuridad, oyó que alguien gritaba:

- ¡La piedra! ¡La piedra! ¡Dame la piedra preciosa, peregrino!

El peregrino se levantó, se acercó al hombre que le gritaba y le dijo:

- ¿Qué piedra quieres, hermano?

- La noche pasada, le dijo el hombre con voz agitada, tuve un sueño en el que se me reveló que si venía aquí esta noche encontraría a un peregrino que me daría una piedra preciosa que me haría rico.

El peregrino hurgó en su bolsa y le dio la piedra diciendo:

- La encontré en un bosque cerca del río. Puedes quedarte con ella.

El desconocido agarró la piedra y se marchó a su casa. Al llegar, abrió su mano, contempló la piedra y vio que era un enorme diamante.

Durante toda la noche no pudo dormir. Se levantó con el alba, volvió al lugar donde había dejado al peregrino y le dijo:

- Dame, por favor, la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de un diamante.

El peregrino contestó:

- La verdadera riqueza no consiste en acumular cosas, sino en compartirlas.

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