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Lo mejor esta por venir (Reflexion)

Escuché la historia de la tía Martina de boca de Roger Thomas en una misa fúnebre.

Largamente entrada en los ochenta, Martina mandó a llamar a su amigo y confesor, el padre Ramiro. El sacerdote amaba a esa tierna anciana que tanto le había ayudado en la parroquia cuando él había llegado al pueblo veinte años antes. Desde la puerta la vio distinta, menos movediza, más circunspecta y ofreciéndole una silla frente a ella.

El asunto debe ser grave si quiere que me siente para escucharla,
pensó.

– ¿ Le pasa algo, Martina?- se animó a preguntar.

– Nada importante, padre- dijo la tía-.

Estuve con el Dr. Gutter y me ha dicho que algo parece haberse complicado gravemente en mi corazón y él no recomienda una operación, dada mi edad. Me quedan cuando mucho seis meses de vida, quizás menos.

– ¿ No podríamos hacer alguna consulta más?- agregó Ramiro-. Quizás en la Capital.

– No, padre. Yo sé que su diagnóstico es certero, ya venía mi cuerpo avisándome.

– Rezaremos juntos. Quizás, con la ayuda de Dios, sea sólo un susto- dijo el curita, tomando sus manos.

– Gracias padre, pero no lo llamé para evitar esta contingencia sino para prepararla. Quiero pedirle algunas cosas para mi funeral. ¿Las hará por mí?
– Cuando llegue la hora, si yo estoy allí, puede usted contar con lo que desea. ¿De qué se trata?

– Quisiera pedirle que se encargue de que haya una pequeña ceremonia sin demasiadas palabras, un poco de jugo de frutas y café. Quizás alguien podría cantar el Ave María de Gounod, no el de Shubert; y quisiera que usted ponga en mis manos dos cosas, antes de que cierren mi féretro.

De acuerdo, Martina. Cuénteme cuáles son esas dos cosas y luego deje de pensar en su despedida y concéntrese en el tiempo que le queda por vivir.

– En la derecha- siguió Martina- quisiera tener la Biblia que me regaló mi madre. En la izquierda quisiera tener esto – y dándose vuelta sacó, de un cajoncillo, lo que parecía un simple tenedor de un antiguo juego de cubiertos de mesa.

– Perdón, Martina- preguntó sorprendido el cura- ¿un tenedor?

– Sí. Es del juego de mesa de mi casa de la infancia. Lo guardo desde entonces pensando en este momento.
– Así se hará. Pero, ¿podría contarme algo más sobre este deseo? Alguien podría preguntar la razón.
– Espero que pregunten y si no lo hacen espero que usted les cuente esta historia, dijo Martina:

Le contaré: Cuando yo era niña, en mi casa no había demasiado dinero para cocinar grandes cenas, sin embargo en algunas ocasiones especiales, navidades, cumpleaños o bodas, aunque no en todas, mi madre y sus hermanas cocinaban manjares, sin medir los gastos.

En algunos de ellos al retirar los platos de la comida principal mi madre o mi tía nos decían al levantar los trastos sucios: Quédense con sus tenedores, niños! Y esto tenía un solo y maravilloso significado, tendríamos un postre especial. No sería una gelatina,
ni flan, ni algún simple helado (no se necesitaba tenedor para comer esos postres), sino un plato especial: la exquisita torta de chocolate de Tía Emma o quizás la maravillosa tarta de manzanas y frambuesas de mi madre.

Cuando nos avisaban que debíamos conservar nuestro tenedor sabíamos que lo mejor estaba por venir. Y eso es exactamente lo que quiero que usted les haga saber a todos los que estén allí, padre, recordando los buenos momentos que compartieron con ésta
anciana, como se suele hacer.

Alguno preguntará por qué hay un tenedor en mi mano, y usted les contará mi historia para que todos se enteren de que quería estar preparada, que yo sabía que lo mejor,
el postre de este exquisito banquete que fue mi vida, está por venir.

Autor: J. Bucay

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Historia de la cancion «Alfonsina y el mar»

Alfonsina Storni fue una poetisa y escritora argentina. Sus composiciones reflejan la enfermedad que padeció durante gran parte de su vida y muestran la espera del punto final de su existencia, expresándolo mediante el dolor, el miedo y otros sentimientos.

 Se relaciono con el poeta Horacio Quiroga quien luego de finalizar su relación con ella contrajo matrimonio y 10 años mas tarde se suicido. Alfonsina realmente lo apreciaba y dedico un poema a su difunto amigo:

 “Morir como tú, Horacio, en tus cabales,

Y así como en tus cuentos, no está mal;

Un rayo a tiempo y se acabó la feria…

Allá dirán.

Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte

Que a las espaldas va.

Bebiste bien, que luego sonreías…

Allá dirán”

Anos más tarde fue diagnosticada con cáncer de mama del cual fue operada, al poco tiempo se realizó un estudio de quirología, cuyo diagnóstico no fue acertado. Esto la deprimió, provocándole un cambio radical en su carácter y llevándola a descartar los tratamientos médicos y a planear su fin.

Antes de partir escribió su último poema y lo envió al diario La Nación:

“Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera, una constelación, la que te guste, todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides. Gracias… Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…”

 

Finalmente la poeta se suicidó en Mar del Plata arrojándose de la escollera del Club Argentino de Mujeres. Hay versiones románticas que dicen que se internó lentamente en el mar hasta desaparecer por completo.

 

La Cancion:

 Alfonsina y el mar es una zamba compuesta por los argentinos Ariel Ramírez y Félix Luna, publicada por primera vez en el disco de Mercedes Sosa. La canción es un homenaje a la poetisa, donde se incluyen extractos de su ultimo poema.

 

Alfonsina y el mar

Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más.
Un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz,
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro
del mar, la caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado;
y los habitantes del agua
van a jugar pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma, nodriza, en paz
y si llama él no le digas que estoy,
dile que Alfonsina no vuelve más,
y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

 

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Sanando el niño interior

Es bueno tener una buena comunicación con nuestro niño interior.

Hay que liberar al niño, y al adolescente. Si me pasé 20, 30, 50 años sin hablar con el niño, es posible que cueste hablar y que nos responda. Si comienzo ahora, voy a perseverar cada día hasta lograr la comunicación.

Una forma de comenzar a buscar y relacionarnos es buscar fotos de nuestra niñez.

Observarlas e intentar percibir qué sentíamos entonces. Es una forma de hacer contacto. Otra forma útil es hablarle al niño frente al espejo y con el apodo que usábamos en la niñez.
Buscar la figura más fuerte que influyó en mi infancia. Cuando fuimos rígidamente educados tenemos reacciones propias de esa educación.

Por ejemplo: soy perfeccionista, no me permito equivocarme y sufro mucho cuando lo hago. También exijo ese comportamiento de los demás. Es importante reconocer esos comportamientos y cambiarlos.

Un buen ejercicio es trabajar con dos fibrones, uno en cada mano.

Hago preguntas y escribo las respuestas espontáneamente, sin pensar, con la otra mano.

¿Fuiste bienvenido al nacer? ¿Fuiste aceptado? ¿Te amaron? ¿Te esperaron?
(Hacemos estas preguntas dirigiéndonos a nuestro niño interno)

Lo que escribo produce una emoción, sale algo de adentro que tiene una fuerza emocionante. Eso limpia.

Este ejercicio también es bueno para resolver conflictos actuales.

Con una mano dibujo la situación, y con la otra escribo las respuestas.

Fuente: Clases de Metafísica.