Como prevenir las rabietas de un niño


Cómo prevenir las rabietas
Recuerdo una ocasión en que viajaba de vuelta de la playa a la ciudad: dos horas de autobús. De esas dos horas, al menos 90 minutos estuvo mi hija, de unos dos años, gritando y revolcándose en el suelo del vehículo, sin yo saber qué hacer y muerta de vergüenza.
Dicen los expertos que todas las madres cometemos algunos errores básicos en la disciplina, y que algunos de esos peliculones se pueden evitar, sin mucho más esfuerzo que prestar atención a las señales que emiten nuestros hijos. Ellos quizá no han aprendido a comunicarse como cualquier persona adulta, pero lo hacen a su manera. Lo dice por ejemplo Michele Borba, autora de ‘The Big Book of Parenting Solutions’: los niños tienen el mismo comportamiento cuando están cansados, hambrientos o hartos, y corresponde a los padres “intrepretar” esas señales y actuar. Algunas de las claves para minimizar los riesgos de rabietas incontrolables están en estas siete pistas:

No ser demasiado negativa: “No hagas esto”, “Come derecho”, “No juegues con la comida”… La lista de nuestras normas puede ser interminable. Demasiadas veces les decimos “no” sin explicarles qué es lo que deben hacer a cambio. De tal manera que los niños no saben nunca cómo satisfacernos. Cuando expresamos tanta negatividad los pequeños se frustran porque no nos ven nunca contentos. Lo primero es acordar con ellos cuál es el “buen comportamiento” ; después, no olvidemos celebrarlo, agradecerlo o manifestar nuestra satisfacción.

Esperamos demasiado de ellos

¿No sabe estarse callado en el espectáculo de danza que protagoniza su hermana mayor? ¿Y si, simplemente, no está preparado? En ciertas situaciones, puede que estemos esperando mucho más de lo que es capaz de dar. La doctora recalca de nuevo que es importante explicarle el tipo de comportamiento que nos gustaría, antes de empezar, y señalarle las posibles alternativas (por ejemplo, “cuéntame lo que necesites al oído”). Es importante enseñarles con el ejemplo, y recordárselo más de una vez, pero la forma ‘oficial’ de actuar puede convertirse en un juego divertido.

Usamos comportamientos que no queremos que ellos imiten
Cuántas veces somos víctimas de una acción grosera (por ejemplo, en la cola de un comercio, o en la carretera) y gritamos y maldecimos, sin darnos cuenta de que vamos con los niños? Como no podemos estar en permanente control de nosotras mismas (además de estar a cargo de los niños hacemos todos los recados, cuidamos de la casa, y mil cosas más), una posible cura es mostrar a los niños que somos conscientes del error, pedirles perdón por la grosería e intentar rectificar. A menudo les brindamos un tipo de actitudes que no les toleraríamos. “Acábate la leche de una vez” puede que no ayude en nada y les dé la falsa idea de que puede hablar a gritos a otros miembros de la casa.

Intervenir cada vez que nos molestan

Hay ocasiones en que no se están portando mal, por mucho que nos resulten pesados. Juegan entre ellos, se persiguen… No podemos censurar cada cosa. Es importante aprender a ignorar algunos comportamientos, para que los auténticos problemas y su ‘sanción’ tengan un mayor efecto. Dicen los expertos que se trata de “ignorar selectivamente” , y vigilar en silencio. Si el comportamiento implica un peligro para ellos o una molestia grande para otras personas de la casa, intervendremos, pero no poniendo el parche antes de la herida, como se dice tradicionalmente.

Mucho hablar y poco hacer

“Quita la tele”… “Te he dicho que quites la tele”… “¡Todavía no has quitado la tele!”. Un típico caso de ‘toreo’ al padre o madre, sobre todo cuando aprenden que desobedecer no trae consecuencias. Una posibilidad para hacerlos reaccionar es dejar clara la petición, de una manera respetuosa: “Por favor, apaga la tele para ir a ordenar tu habitación ahora”. Si nos hace caso, no olvidar agradecerlo. Y si no, tomar algún castigo intermedio, como apartarles del aparato hasta que hayan cumplido con sus obligaciones, previamente pactadas.

Cuando el retiro no sirve de nada

Se porta terriblemente mal y enviamos al niño a su habitación, pero en lugar de calmarse, se dedica a romper nuevas cosas. Los expertos nos sugieren: en lugar de fuera, dentro. Si el niño, apartado, se enrabieta más, podemos cambiar la estrategia. Calmarlo en brazos, incluso, para poder después decirle qué es lo que nos disgustó de su acción. Si eres tú la que está demasiado enojada, es mejor enfriarnos antes de hablar con él o ella. Un buen consejo: “¿Qué podemos hacer en lugar de golpear a tu hermana / tirar ese jarrón al suelo / zapatear hasta que mamá se enfada…?”.

Creer que funciona igual para todos los niños

Con el primero, era buena estrategia hablarle mirándole a los ojos; con el segundo, no sirve porque se tapa los oídos al tiempo que canta “lalalala”. Nos dicen: “Tenga una caja de herramientas -técnicas de disciplina- a mano”. Como madre, creo que puedo traducir: “Disponga de toda su imaginación en estado virginal y de toda la paciencia que sea capaz de mantener”. No todos los niños son iguales, por supuesto. Para conseguir el comportamiento que nos gustaría con niños distintos, debemos jugar a muchas cartas, desde la seriedad hasta el juego. Ellos aprenderán, porque una de las cosas que más les gustan es vernos contentas.

Fuente: http://espanol. blogs.mujer. yahoo.com

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