0

Facundo Cabral: “No estas Deprimido, estas Distraido”

Anuncios
0

Ama Sua, Ama Llulla, Ama Quella

Ama Sua (no seas ladrón); Ama Llulla (no seas mentiroso) y Ama Quella (no seas flojo).

Son principios milenarios que sintetizan de manera extraordinaria la moral que todos debemos sostener, reiterados de boca en boca durante siglos por las comunidades andinas y que simbolizan un paradigma para el mundo moderno. Miles de años trasladas de boca en boca rebotan en este siglo XXI lleno de  desidia, avaricia, maldad y egoismo. Como tantas otras enseñanzas no están en el olvido, pero si en el descuido. Todos sabemos esas reglas ancestrales, pero evitamos cumplirlas con el rigor que merecen.

 

Leyenda fundacional de la civilización incaica

Hace mucho tiempo, Wiracocha, creador de todas las cosas, había castigado a su pueblo dejando ruinas y desolación donde antes reinaba la dicha, florecían las plantas y verdecían los bosques, susurraba el agua en los arroyos y correteaban alegres y jubilosos los animales por el campo.  ¿Qué había provocado tanta ira y cólera en el poderoso Wiracocha?

Supaya, el espíritu del mal, había sembrado vicios, mezquindades y desorden en el corazón de la gente y el padre creador, dolido y desengañado, quiso enviar ese cruel y ejemplar castigo.

Por eso provocó cataclismos. Hizo temblar inclementemente la tierra. Se desbordaron las aguas de lagunas y ríos, llegando hasta los más altos montes de la serranía. Soplaron vientos huracanados.

Cayeron heladas e invadió una implacable sequía por todos los confines.  Los hombres huían aterrorizados.

Los que pudieron salvarse buscaron refugio en las cuevas; perdiendo toda su memoria y todas sus virtudes. Perdieron su sentido de familia y de seres colectivos. Se convirtieron en seres huraños, apartados y agresivos, viviendo como bestias indómitas. El castigo entristeció a Wiracocha, y perduró milenios en los cuales sólo reinó la aridez y el silencio.

Pero un día Inti, el hijo más querido del dios, se aproximó a su padre y le habló de este modo:

– Padre y señor mío. Creador de todo lo creado y por crearse. Corazón bienhechor y magnánimo: éste tu hijo, humillado ante ti y acongojado por lo ocurrido, te suplica que ya se calme tu cólera. No es bueno que los míseros mortales deambulen en la tierra cual fieras abandonadas.

– Dime hijo, ¿he de crear una nueva progenie?

– No es necesario, padre. Permite, más bien, que dos de mis hijos –en realidad lo mejor de mi linaje, que es también tuyo– vayan hasta ellos a educar y enseñar, enderezando aquellos destinos equívocos.

Wiracocha escuchó sereno y dichoso la voz de su hijo y así se expresó:

– Inti, el más amado de mis hijos, desde hoy te llamarás “el generoso e incomparable”. Tus razones conmueven profundamente mi corazón y mi alma. No en vano eres mi predilecto y el más brillante de los seres que he creado. Se cumplirán tus deseos. Que enrumben pues tus hijos a la tierra desolada para adoctrinar a los hombres en el bien, el trabajo y la belleza.

Va entonces el Sol hasta la isla sagrada que flota al centro del lago Titicaca, donde moran purificados sus dos radiantes hijos. Envuelto el sol en llamaradas de luz, rayos y arco iris, y tomando suavemente a sus hijos de los brazos, les dijo:

– Hijos míos: ha llegado la hora que emprendan la misión para la cual están destinados.

– Dinos padre lo que debemos hacer y estaremos listos a emprenderlo, –respondieron ambos.

– Irán y reunirán a los hombres que habitan como animales montaraces por cuevas y malezas. Despertarán su conciencia adormilada y les enseñarán a vivir en comunidades y a ser útiles y dichosos en el trabajo.

– Padre querido –dijo el varón– ¿Y a ti, dónde podremos encontrarte?

– Yo saldré cada día a dar una vuelta por el firmamento para ver las necesidades que en él se ofrecen, a fin de ayudar a solucionarlas. Quiero que ustedes al verme cada mañana me imiten en este ejemplo, comportándose como verdaderos y legítimos hijos míos.

Luego les entregó insignias de realeza, un cetro y una barreta de oro, diciéndoles:

– Donde se hunda esta barreta fundarán una ciudad. Allí construirán mi templo y gobernarán con leyes justas y actitudes honestas. Así darán inicio a un largo linaje y muchos pueblos se sujetarán a su mandato.

Y así como había llegado hasta ellos su padre súbitamente desapareció. Ellos se encontraron, emergiendo de las aguas bamboleantes del lago, una balsa de totora recubierta de oro.

Subieron en ella y se dirigieron en la dirección señalada por el Sol. El varón tenía por nombre Inca Manco Cápac y la mujer Colla Mama Ocllo.

Salieron del lago y caminaron por la tierra devastada con rumbo nordeste.  Y por donde quiera que pasaran probaban a hundir la barra de oro.

Después de recorrer una larga distancia encontraron y entraron a un recinto prodigioso llamado Pacaritambo, que significa lugar donde se amanece. Allí existían las semillas de todas las plantas, el germen de todas las cosas, el espíritu de todos los seres.  Allí descansaron y de allí salieron el último día de su peregrinar por los caminos.

Llegaron en su recorrido a las faldas del cerro Huanacaure en donde el Inca probó hincando la barra de oro.  Y, ni bien la puso en tierra, aquella se hundió con facilidad, desapareciendo de sus manos.

Entonces él dijo a su compañera: Aquí es.  En este valle manda nuestro padre que acampemos y hagamos nuestra morada para cumplir su voluntad. Vamos a convocar y atraer a la gente que anda dispersa para adoctrinarlos y conducirlos al bien que nuestro padre Sol nos manda.

El Inca fue al norte y la Colla al sur.  Y rescatando a los hombres de los montes y la maleza les decían:

– Vengan. Nuestro padre el Sol quiere que vivamos de este modo.

Y les enseñaban principios de conducta, modelos de virtudes y toda labor necesaria para mejorar y dignificarse en la vida.

Viéndolos relucientes, ataviados con los ornamentos que el Sol les había dado y escuchando que sus palabras eran atinadas y armoniosas, los siguieron y obedecieron maravillados.

Manco Cápac dio instrucciones a los hombres acerca de cómo vivir. Enseñó a cultivar la tierra, a sembrar las plantas, a fabricar arados y demás instrumentos de labranza.

A hacer acequias para aprovechar el agua de los arroyos y también a componer calzado; amonestándoles siempre a que fuesen buenos.

Mama Ocllo se dedicó a enseñar a las mujeres los oficios propios de ellas. A cómo trasquilar animales y escarmenar, hilar, tejer lana y algodón, haciendo vestidos para sus hijos y demás miembros de la familia. Así mismo, a destetar a los niños y a preparar los  alimentos.

Ambos orientaron a los muchachos, por un lado, a perder el miedo a los fenómenos naturales y, por otro, a fortalecer su carácter, a ser amables y diligentes.

También indicaron cómo debían aumentar los rebaños y pastorearlos en el campo, cómo adornar con flores e hilos de colores en las cabezas de llamas, guanacos y alpacas.

Nos enseñaron a cómo debíamos querernos, protegernos y amarnos estableciendo el ayni que es la reciprocidad; de ser agradecidos, generosos y afectivos para con nuestros hermanos, la vida y la naturaleza.

Manco Cápac, alrededor del templo que alzó para honrar a su padre el Sol, sembró una chacra de maíz, papa, quinua y cañihua cuyas semillas, sacadas de la cueva de Pacaritambo, repartía entre la gente para que las cultive.

Fundó la ciudad del Cuzco, dividiéndola en dos partes:

Hanan Cuzco (parte alta), de cuyo cuidado se encargó él, y Hurin Cuzco (parte baja), cuyo cuidado encargó a Mama Ocllo.

En ella construyeron grandes palacios, acueductos y fuentes. El templo del Sol estaba guarnecido con gruesas planchas de oro. Una población laboriosa se sentía feliz de constituir una extensa y rica nación…

Se estableció la alegría, la felicidad y la fiesta universal y obligatoria en relación al trabajo, los valores y los afectos.

La sabiduría de sus leyes hizo la prosperidad moral y material de sus habitantes.

La clave de su grandeza fueron estos preceptos morales: ama sua, no seas ladrón; ama quella, no seas flojo y ama llulla, no seas mentiroso.  Ser honestos, ser trabajadores, ser veraces.

Sobre esas bases se forjó el gran Imperio del Tahuantinsuyo.

 

Fuente: La Terminal

0

La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento

“No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo decides. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento”. -Miguel Ruiz

La domesticación y el sueño del planeta.

¿Son las cosas como las vemos, como las sentimos, o básicamente interpretamos lo que nos han enseñado a interpretar?

Para la milenaria cultura tolteca (México) la “realidad” que asumimos socialmente no es más que un sueño colectivo, el sueño del planeta. Desde el momento mismo de nacer, interpretamos la realidad mediante acuerdos, y así, acordamos con el mundo adulto lo que es una mesa y lo que es un vestido, pero también lo que “está bien” y lo que “está mal”, e incluso quiénes somos o cuál es nuestro lugar en el mundo (en la familia, en clase, en el trabajo). A este proceso el filósofo mexicano de origen tolteca Miguel Ruiz lo denomina domesticación.

“La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos un animal autodomesticado”.

El juez y la víctima.

En el transcurso de este aprendizaje incorporamos en nuestra propia personalidad al juez y a la víctima.

El juez representa esa tendencia en nuestra mente que nos recuerda continuamente el libro de la ley que gobierna nuestra vida -lo que está bien y lo que está mal-, nos premia y, más frecuentemente, nos castiga. La víctima es esa parte en cada persona que sufre las exigencias de su propio juez interior. Sufrimos, nos arrepentimos, nos culpabilizamos, nos custigamos por la misma causa una y otra vez, cada vez que el recuerdo nos pasa factura.

Y como consecuencia del propio sistema, el miedo se instaura en nuestra vida.

El miedo y las autoexigencias son los peores enemigos de nuestro pensamiento, y por ende, de nuestra vida. Durante el proceso de domesticación nos formamos una imagen mental de la perfección, lo cual no está mal como camino marcado a seguir. “El problema es que como no somos perfectos nos rechazamos a nosotros mismos. Y el grado de rechazo depende de lo efectivas que han sido las personas adultas para romper nuestra integridad”, según M.R.

Si el libro de la ley que gobierna nuestra vida (nuestra moral, nuestra lógica, nuestro “sentido común”) no cumple sus objetivos, que en su base fundamental consistiría en hacernos seres humanos felices y en armonía, es porque evidentemente éste no funciona. Y como no funciona hay que cambiarlo. Y ello lo hacemos revisando nuestros acuerdos (nuestra interpretación incuestionable, nuestro sistema de valores), desenmascarando los que no valen y sustituyéndolos por otros.

 

La filosofía tolteca nos propone cuatro acuerdos básicos:

1. Sé impecable con la palabra.

Las palabras poseen una gran fuerza creadora, crean mundos, realidades y, sobre todo, emociones. Las palabras son mágicas: de la nada y sin materia alguna se puede transformar lo que sea. El que la utilicemos como magia blanca o como magia negra depende de cada cual.

Con las palabras podemos salvar a alguien, hacerle sentirse bien, transmitirle nuestro apoyo, nuestro amor, nuestra admiración, nuestra aceptación, pero también podemos matar su autoestima, sus esperanzas, condenarle al fracaso, aniquilarle. Incluso con nuestra propia persona: las palabras que verbalizamos o las que pensamos nos están creando cada día. Las expresiones de queja nos convierten en víctimas; las crítica, en jueces prepotentes; un lenguaje machista nos mantienen en un mundo androcéntrico, donde el hombre es la medida y el centro de todas las cosas, y las descalificaciones autovictimistas (pobre de mí, todo lo hago mal, qué mala suerte tengo) nos derrotan de antemano.

Si somos conscientes del poder de nuestras palabras, de su enorme valor, las utilizaremos con cuidado, sabiendo que cada una de ellas está creando algo. La propuesta de Miguel Ruiz es, por tanto:

“Utiliza las palabras apropiadamente. Empléalas para compartir el amor. Usa la magia blanca empezando por ti. SÉ IMPECABLE CON LA PALABRA”.

2. No te tomes nada personalmente.

Cada cual vive su propia película en la cual es protagonista. Cada cual afronta su propia odisea viviendo su vida y resolviendo sus conflictos y sus miserias personales. Cada cual quiere sobrevivir el sueño colectivo y ser feliz. Y cada cual lo hace lo mejor que puede dentro de sus circunstancias y sus limitaciones.

Las demás personas sólo somos figurantes en esa película que cada cual hace de su vida, o a lo sumo personajes secundarios. Si alguien me insulta por la calle (o yo lo percibo así) con casi toda seguridad no tiene nada o muy poco que ver conmigo; es simplemente su reacción a algo que está pasando fuera (un mal día con su pareja o en el trabajo, una discusión con su hija), o más probablemente dentro (preocupaciones, ansiedad, frustración, impaciencia, una gastritis o un dolor de cabeza).

La impaciencia o las exigencias de tu pareja, de la vecina del rellano o de la cajera del supermercado, las críticas de tu hijo o en el trabajo, nada de eso es personal. Cada cual está reaccionando a su propia película.

Hay mucha magia negra fuera, lo mismo que la hay dentro de ti misma, o de mí. En cualquiera, en algún momento de su vida, en algún momento del día. Todo el mundo somos “depredadores emocionales” alguna que otra vez.

“Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores, los magos negros… Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te tomas las cosas personalmente serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno”, asegura Miguel Ruiz.

Comprender y asumir este acuerdo nos aporta una enorme libertad. “Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan sobre ti las demás personas. Nunca eres responsable de los actos o palabras de las demás personas, sólo de las tuyas propias. Dirás “te amo” sin miedo a que te rechacen o te ridiculicen”. Siempre puedes seguir a tu corazón.

Respecto a la opinión ajena, para bien o para mal, mejor no depender de ella. Ésa es otra película. NO TE TOMES LAS COSAS PERSONALMENTE.

3. No hagas suposiciones.

Tendemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones sobre todo. El problema es que al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto y montamos una realidad sobre ello. Y no siempre es positiva o está guiada por la confianza o el amor, sino más frecuentemente por el miedo y nuestra propia inseguridad.

Deduzco que alguien se ha enfadado conmigo porque no respondió a mi saludo al cruzarnos y mi mente organiza toda una realidad sobre eso. Y se rompen puentes entre la otra persona y yo, difíciles de salvar. Lo mismo con nuestra pareja, con la vecina, con la escuela. Creamos realidades en base a comentarios o elementos sueltos (cuando no en base a chismes malintencionados).

“La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras… e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular”, insiste Miguel Ruiz. En última instancia y si te dejas guiar por la buena voluntad, siempre te queda la confianza… y la aceptación.

Nunca nada que pasa fuera es personal. Pero en cualquier caso, NO SAQUES CONCLUSIONES PRECIPITADAMENTE.

4. Haz siempre lo mejor que puedas.

El cuarto y último acuerdo permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados: haz siempre lo máximo y lo mejor que puedas. Siendo así, pase lo que pase aceptaremos las consecuencias de buen grado. Hacerlo lo mejor posible no significa que tú y yo tengamos que hacerlo de la misma manera, ni siquiera que mi respuesta en estos momentos sea la misma que en otro que me siento cansada, o no he dormido bien, o me siento llena de amor y confianza y tremendamente generosa. Se podría decir que en cada momento de nuestra vida somos diferentes, en unas circunstancias y con unas limitaciones concretas. A veces podemos responder a lo que interpretamos como una “provocación” con una sonrisa irónica o divertida, con sentido del humor, o con una carcajada retadora, o incluso a gritos. Pero siempre podemos intentar ser impecables con la palabra, no tomárnoslo personalmente y no sacar conclusiones precipitadas… dentro de nuestras limitaciones físicas, anímicas y en general, de cada momento. Si lo intentamos, de la mejor manera que podemos, ya es suficiente.

“Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez interior la satisfacción de convertirte en una víctima. Simplemente, empieza otra vez desde el principio.”

Con la práctica será cada vez más fácil hasta que, sorpresa, la identificación es prácticamente completa y los cuatro acuerdos forman parte de nuestra manera de ser. Simplemente somos así.

Sin duda nuestra vida será más sencilla y satisfactoria, para nosotras mismas y para las demás personas que nos rodean.

 

Decargar libro: Los cuatro acuerdos

0

Curacion Shamanica

Nuestra madre Tierra nos proporciona de forma natural todo lo que necesitamos el ser humano para vivir y existir de forma integrada con nuestro entorno natural tal y como lo hacían nuestros antepasados.

Muchas tribus y pueblos indígenas tienen la fortuna de no haber perdido ese conocimiento milenario y disfrutan de los beneficios de las plantas medicinales y curativas que hemos olvidado en el enfermo y aberrante mundo desarrollado.

La psicóloga Megan Shanom se adentra en una aldea de la profundidad de la selva del Perú para estudiar y transmitir el conocimiento chamánico peruano que nos ofrece posibilidades de elevar nuestras habilidades psíquicas abriendo el tercer ojo, adquirir nuevos niveles de sabiduría y desarrollar propiedades curativas reequilibrando nuestro cuerpo energético que desconocemos en nuestro pobremente materialista mundo del desarrollo.

0

Chamalú, las enseñanzas de los ancianos indígenas

¿Cómo es posible estar bien cuando todo el mundo está mal?

R: Precisamente cuando todos están mal, resulta más necesario la presencia de gente feliz, para recordarles que ello es posible. Cada persona feliz es la esperanza de quienes aún no lo son y dudan de esa posibilidad.

P ¿Dónde aprendiste todo esto?

R: La vida es una gran escuela, conocí hombres y mujeres de sabiduría, fui discípulo de un árbol, viaje a mi espacio interior, me enamore de la vida; entonces, el silencio me habló. También soy asiduo visitante de los lugares sagrados, las bibliotecas invisibles donde la memoria ancestral permanece intacta, para quienes poseen la reverencia suficiente y la humildad necesaria para hablar con la Madre Tierra.

P ¿Cuántas horas al día trabajas?

R: hice de mi hobbie mi trabajo y estoy a tiempo completo en él, simultáneamente descanso y me divierto, siento que en el fondo es una ceremonia diaria que dura todo el día. Siempre he dicho, que cuando uno ama lo que hace, ya está de vacaciones…. Y para quienes tiene que trabajar en algo que no es de su preferencia, es mejor que amen lo que hacen, sabiendo que es algo que pronto les permitirá hacer lo que anhelan.

P ¿y que haces cuando lo que planificas sale mal?

R: mi bienestar no depende de los resultados, si hago las cosas con amor y disfrutando, ya he triunfado, aunque los resultados sean diferentes a los esperados, de todas maneras los errores son buenos momentos para descubrir debilidades y puntos a trabajar.

P ¿Qué significa ser feliz?

R: La autentica felicidad se diferencia de la alegría artificial, sintéticamente inducida, en que ella es natural; no tiene ningún otro motivo que no sea el de la vida misma; estar vivos es suficiente motivo para ser feliz, lo que significa que podrán existir momentos de dificultad, duda, incluso lágrimas, sin que la felicidad sea alterada; es decir que hasta esos momentos son disfrutables, en la medida en que no nos resistimos a ellos y los vemos como algo super fugaz e incluso necesario.

P ¿Todo el mundo puede ser feliz?

R: por supuesto que todos los que se atreven a despertarse y darse cuenta de que están vivos y comprender que estar vivos, es un compromiso sagrado para crecer disfrutando. Tenemos que comenzar primero aceptando todo lo que nos pasa, porque todo es momentáneo o porque es un bello desafío que podemos transformarlo; en segundo lugar, amar lo que nos pasa, porque amar es elegir la mejor energía par funcionar y porque amando conservamos la lucidez que nos permita tomas las mejores decisiones y, tercero porque se amamos, ya estamos disfrutando.

P Y si es tan fácil ser feliz ¿Por qué todo el mundo está infeliz?

R: La felicidad no es fácil ni difícil, es una opción inteligente, al alcance de quién decide hacerse cargo de su vida.

P. ¿Por que crees que la gente aún es incapaz de amar a su prójimo?

R: Por que aún no se ama a sí mismo

P. ¿Cómo amarse en este tiempo?

R: Si aceptamos lo que tenemos y lo agradecemos, nos conectamos con la armonía del universo y descubrimos lo sagrado que, a su vez, nos muestra el sentido de la vida.

P: ¿Amarse a si mismo es suficiente para amar a los demás?

R: No hay recetas, empero está al alcance de todos, si te aceptas, será más fácil aceptar a los demás y perdonar y liberarte de todo resentimiento y descubrir que la vida sigue siendo hermosa, cuando nos atrevemos a amar.