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La felicidad nunca se va

happinessLa felicidad no tiene contrapuesto porque nunca se pierde. Puede estar oscurecida, pero nunca se va porque tú eres felicidad. La felicidad es tu esencia, tu estado natural y, por ello, cuando algo se interpone, la oscurece, y sufres por miedo a perderla.

Te sientes mal, porque ansías aquello que eres. Es el apego a las cosas que crees que te proporcionan felicidad lo que te hace sufrir. No has de apegarte a ninguna cosa, ni a ninguna persona, ni aun a tu madre, porque el apego es miedo, y el miedo es un impedimento para amar.

El responsable de tus enfados eres tú, pues aunque el otro haya provocado el conflicto, el apego y no el conflicto es lo que te hace sufrir. Es el miedo a la imagen que el otro haya podido hacer de ti, miedo a perder su amor, miedo a tener que reconocer que es una imagen la que dices amar, y miedo a que la imagen de ti, la que tú sueñas que él tenga de ti, se rompa. Todo tiempo es un impedimento para que al amor surja. Y el miedo no es algo innato sino aprendido.

El miedo es provocado por lo que no existe. Tienes miedo porque te sientes amenazado por algo que ha registrado la memoria. Todo hecho que has vivido con angustias, por unas ideas que te metieron, queda registrado dentro de ti, y sale como alarma en cada situación que te lo recuerda. No es la nueva situación la que le llena de inseguridad, sino el recuerdo de otras situaciones que te contaron o que has vivido anteriormente con una angustia que no has sabido resolver. Si despiertas a esto, y puedes observarlo claramente, recordando su origen, el miedo no se volverá a producir, porque eliminarás el recuerdo.

Anthony de Mello

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Miedo a perder

¿Cuántas cosas perdemos por miedo a perder?

Cuántas cosas dejamos pasar de largo, porque creemos que no nos merecemos nada mejor, porque pensamos que no son para nosotros.

Cuántas cosas dejamos de decir, y nos callamos.

Cuántas veces se nos enciende el Alma, y dejamos que nos consuma el calor.

Cuántas veces podemos decir que hemos amado de verdad. Cuántas pensamos que vamos a volver a hacerlo.

¿Cuántas cosas estamos dispuestos a seguir perdiendo?  ¿Cuántas? … mil, un millón…

Perdemos cosas, personas, momentos, relojes de pulsera y cometas de colores.

Perdemos palabras entre la arena y el cielo que cubre este mar tan desolado.

Perdemos sueños, milagros, y cuentos para no dormir.

Dejamos que se pierdan entre los días, entre las Olas.

A veces, incluso, somos nosotros mismos quienes arrojamos al abismo todas estas cosas, justo un poquito antes de extrañarlas para siempre…

Tememos perder, tememos amar, tememos añorar, tememos necesitar, dejarnos llevar, tememos lo que está por venir, y lo que no escribimos con tiza en la pared…

Podemos perder muchas cosas o podemos ganar muchas mas, todo depende de nosotros, de saber vencer las dudas e incertidumbres de las que a veces somos víctimas, de saber tomar una decisión y hacer lo que esté a nuestro alcance por lograrla.

Si obtenemos éxito en conseguir lo que deseamos sería fantástico, y si por lo contrario no se logra conseguir lo añorado, nos queda la satisfacción de que dimos nuestro mejor esfuerzo intentándolo, pero en cambio si nos quedamos sin hacer nada y nos autocalificamos de insuficientes para lograrlo, estamos dejando pasar muchas oportunidades que estando frente a nuestros ojos, hacemos el papel de ciegos no queriéndolas ver, o sino por el otro lado, sabemos que tenemos todo a nuestro favor para lograrlo, pero por timidez o temor a comentarios que puedan realizarse pecamos de modestos y de igual manera dejamos de intentarlo, perdiendo muchas oportunidades.

El miedo nos hace perder y el perder nos da miedo, puede que se vea como un juego gracioso de palabras, pero es algo que nos pasa a menudo, se nos presentan situaciones difíciles las cuales nos provocan temor, nos hacen dudar de nuestras capacidades a tal punto que nuestra confianza se desvanece y somos blancos vulnerables de estas situaciones que terminan envolviéndonos y venciéndonos y muchas otras veces el golpe y caída de un tropiezo en nuestro caminar, nos atemoriza tanto que perdemos las ganas de seguir caminando.

Puede que tengamos mucho por perder o ganar, lo importante es hacer nuestro mejor esfuerzo por lograr nuestros objetivos, y nunca rendirnos ni dejar de intentarlo, porque la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace interesante la vida.

-Desconozco autor