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Las Cuatro Nobles Verdades

Primera Noble Verdad: El Sufrimiento.

El sufrimiento existe. Todos sufrimos en alguna medida, y tenemos en el cuerpo y en la mente algún tipo de malestar. Debemos reconocer y aceptar la presencia de … éste sufrimiento y sentirlo, no negarlo.
Segunda Noble Verdad: El Origen del Sufrimiento.

Después de percibirlo, debemos observarlo profundamente para ver cómo se forma. Necesitamos reconocer e identificar qué clase de alimentos espirituales y materiales hemos ingerido que nos están causando sufrimiento.

El Sufrimiento es causado en gran medida por el Deseo, el Apego y la Ignorancia (desconocer la realidad de la Interdependencia, de la Impermanencia, del Karma, de la ley de «Causa y Efecto», etc).
Tercera Noble Verdad: La Extinción del Sufrimiento.

Esta es una buena noticia. Buda no negó la existencia del sufrimiento, pero tampoco negó la de la alegría y la felicidad. Buda no dijo que «todo es fuente de sufrimiento y no podemos hacer nada para evitarlo».

Buda nos enseñó cómo reconocer y aceptar la presencia del sufrimiento, pero también nos enseñó cómo ponerle fin. Si no hubiera la posibilidad de hacerlo, ¿de qué serviría practicar? La Tercera Noble Verdad nos dice que la curación es posible.
Cuarta Noble Verdad: La Senda que conduce a la Extinción del Sufrimiento.

Esta es la senda que más necesitamos. Buda la denominó el Noble Octuple Sendero.

Este sendero nos da a conocer las maneras de ser consciente que son correctas, adecuadas y beneficiosas: la Visión Justa, el Pensamiento Justo, la Atención Justa, el Habla Justa, La Acción Justa, la Diligencia Justa, la Concentración Justa y el Medio de Vida Justo.
-BUDA

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El Bosque Interior (Reflexion)

Había una vez un hombre que caminaba perdido en el sendero Espiritual. Estando paseando por el monte, solitario, triste y preocupado de cómo podría ver la luz, oyó una voz que le dijo:

-¿Dónde vas buen hombre?

Un poco asustado al oír aquella voz, contestó:
-Llevo años queriendo ver ya de una vez la Luz , pero ni la veo ni sé dónde buscarla.
Sonriendo, aquella voz le dijo:- Hijo mío la luz no se busca, está siempre delante de tú, lo que pasa es que tienes un bosque de árboles entre tú y ella que no te la deja ver.
-¿Quieres decir que los árboles mentales que tengo no me dejan ver la luz?
-Así es, por lo tanto has de ir talando todos los árboles que están entre tú y la Luz, pues ellos te impiden verla.
-¿Y cómo puedo hacer eso?, le preguntó el hombre.
-Mira, te enseñare como hacerlo, siéntate en la base de ese árbol, mantente en silencio y ve observando los árboles que tienes y ver talándolos mentalmente todos y cada uno de ellos.
Así pues aquel hombre se puso manos a la obra y empezó a ver su primer árbol. Vio el árbol de la impaciencia y lo taló, luego vio el de la intolerancia e incomprensión hacia los demás, siguió cortando el árbol de la vanidad y del ego, cortó también el árbol del rencor y el no perdón a los demás, siguió con el árbol de juzgar y creer ser superior a los demás, y siguió y siguió…….
Pasado un rato la voz le dijo:- ¿Cómo vas?
El hombre le contestó:- Voy bien, acabo de talar una gran hilera de árboles que no me dejaban ver la luz, pero aun no la veo, hay otra gran fila de árboles, ¿qué árboles son estos?, preguntó el hombre.
La voz le contestó: son los mismos árboles de antes pero ahora son a nivel espiritual, son los árboles de la vanidad espiritual, intolerancia espiritual, el árbol de creerse en posesión de la verdad …. y estos árboles son peores que los anteriores, córtalos muy bien.
Así pues, el hombre siguió talando la siguiente hilera de árboles. Taló el árbol de creerse ser un elegido, de creerse maestro, taló el árbol de querer salvar al mundo, taló también el árbol de su religión y siguió y siguió.
Pasado un rato la voz le dijo:- ¿cómo vas? Acabo de talar otra gran hilera de árboles que no me dejan ver la luz, pero aun no la veo, hay otra gran hilera de árboles, ¿qué árboles son estos?, preguntó el hombre.
La voz le contestó:- estos árboles son muy importantes de talar, estos árboles te sirvieron en su momento pero ahora has de cortarlos todos, pero es decisión tuya de hacerlo o no, pues no querrás talarlos, pero ya debe ser elección tuya, así que observa bien estos árboles y decide tú que quieres hacer.
Así que el hombre observó y taló dichos árboles, taló el árbol de no creer ya en maestros ascendidos, de no creer en Ángeles, el árbol de no creer en seres de luz, en no creer en todo lo que leyó y le ensañaron, y siguió talando y talando, y aunque le costaba mucho talar tantos, pues se estaba quedando sin nada, el siguió adelante……
Pasado un rato le dijo la voz: -¿Cómo vas?
Este hombre le contestó: -Voy bien, ya se ve algo de luz, pero estoy viendo dos últimos árboles, uno es enorme y otro más normal, ¿qué hago ahora con ellos?.
La voz le dijo:- Antes de talarlos mira bien que representan dichos árboles.
El hombre se concentró y al ir a cortar el árbol más normal, vaciló y rápido fue a consultar a la voz.
Exclamó; -¡Ese árbol es mi SER, ¿cómo quieres que lo tale?.
La voz le contestó: -Si quieres ver la Luz, has de talarlo, pero eso ya es elección tuya.
Así que aquel hombre un poco asustado lo taló y se quedó sin creer en su SER.
Pasado un rato la voz le dijo: -¿Cómo vas?
-Ya he talado ese árbol, le contestó. Y la voz le preguntó ¿y aún sigues vivo?
El hombre contesto, sí.
Pues entonces sigue, le dijo la voz.
Así pues el hombre se puso a talar el último y enorme árbol que no le dejaba ver la Luz. Pero cuando fue a talarlo se dio cuenta lo que representaba el último árbol y fue corriendo a preguntar otra vez a la voz. Súper asustado aquel hombre le dijo a la voz. ¡Madre mía! ¿Tú sabes qué árbol es ese? ¡Es Mi Dios!.
-Así es, le dijo la voz, tálalo también si quieres ver la luz.
– Uf, contestó aquél hombre, eso si que me va a costar, pero lo haré.
Pasado un rato le dijo la voz: -¿Cómo vas?
-Muy bien ya veo la luz, es preciosa y todo amor, es increíble .Muchas gracias de todo corazón por ayudarme a ver la luz, le dijo el hombre entusiasmado.
-No corras tanto, le replicó la voz, aún no hemos terminado, esa luz que ves es aún un espejismo, tienes que talar el ultimo árbol para poder ver la verdadera Luz.
-¿Cómo? Dijo sorprendido aquel hombre, yo no veo ningún árbol más.
– Ese es el problema, nunca veis el último árbol, Ese árbol eres tu mismo, y ves la Luz a través de tu árbol, no de tí, tálate tú y veras la luz.
Aquel hombre no podría creer lo que estaba oyendo, pero se puso en marcha y taló su propio árbol. Pasado un rato le dijo la voz:- ¿Cómo vas, ya has visto la Luz?
Y aquel hombre con todo amor, paz y felicidad, le dijo a la voz: no he visto la Luz, !!!SOY LA LUZ!!!

Autor desconocido

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Muerde la herida

Siendo niño pertenecí al Movimiento Scout. Ahí nos enseñaban, entre otras cosas, la importancia de la «Buena Acción» que consistía en realizar todos los días actos generosos y nobles, como recoger algún papel en la calle y botarlo en la papelera, ayudar en la casa a lavar platos, cuidar la fauna y la flora, ayudar a alguna persona anciana o impedida a cruzar la calle, etc. Me gustaba mucho cumplir esa tarea.

Un día caminaba por una calle de la ciudad de Coro y vi a un perro tirado en plena vía sin poder moverse. Estaba herido, un carro lo había atropellado y tenía rotas las dos patas traseras, los vehículos le pasaban muy de cerca y mi temor era que lo mataran porque era imposible que él solo pudiera levantarse.

Vi allí una gran oportunidad para hacer la «Buena Acción» y como buen Scout detuve el tráfico, me dispuse a rescatar al perro herido y ponerlo a salvo para entablillarle las patas. Yo nunca había entablillado a nadie pero el «Manual Scout» decía cómo hacerlo. Con mucho amor y entrega me acerqué, lo agarré pero me clavó los dientes en las manos.Inmediatamente me llevaron a la Sanidad y me inyectaron contra la rabia, aunque la rabia por la mordida no se me quitó con la vacuna.

Durante mucho tiempo no entendí por qué el perro me había mordido si yo sólo quería salvarlo y no hacerle daño, no sé que pasó y no me lo pude explicar. Yo quería ser su amigo, es más, pensaba curarlo, bañarlo, dejarlo para mí y cuidarlo mucho. Esta fue la primera decepción que sufrí por intentar hacer el bien, no lo comprendí. Que alguien haga daño al que lo maltrata es tolerable, pero que trate mal a quien lo quiera ayudar no es aceptable.

Pasaron muchos años hasta que vi claro que el perro no me mordió, quien me mordió fue su herida; ahora si lo entiendo perfectamente.

Cuando alguien está mal, no tiene paz, está herido del alma y si recibe amor o buen trato: ¡Muerde! Pero él no hunde sus dientes, es su herida la que los clava.

Fuente: Laura Zarazaga

Comprende el malestar de las personas que te rodean. Cuando alguien te grita, te ofende, te critica o te hace daño no lo hace porque te quiere mal sino porque está herido, está herido del alma, se siente mal o algo malo está pasando por su vida. No te defiendas ni lo critiques, más bien compréndelo, acéptalo y ayúdalo. Ahora lo entiendo