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Un nuevo ‘gemelo’ de la Tierra

El Starmus Festival, que conmemora los 50 años del primer vuelo al espacio del ser humano, protagonizado por el ruso Yuri Gagarin, acaba de comenzar en Guía de Isora (Tenerife) con el anuncio del hallazgo de un nuevo planeta extrasolar similar a la Tierra. El astrónomo suizo Michel Mayor, quien descubrió en 1995 el primero, ha señalado que el nuevo HD85512 b es el segundo, con el Gliese 581 e, de lo que quiere que se convierta en un catálogo de candidatos a planetas habitables.

Mayor comparte este lunes junto con los astronautas Buzz Aldrin y Claude Nicollier y con Jill Tarter, directora del programa SETI, de búsqueda de vida extraterrestre, las conferencias de un evento, único en el mundo, que reúne a los grandes protagonistas de la exploración espacial y astronómica para celebrar, durante una semana, el señalado cumpleaños.

Acompañado por Nicollier, que ha pasado más de 1.000 horas en el espacio, colaborando en la puesta en marcha del Telescopio Hubble, Mayor se felicitó de este encuentro, organizado por el astrónomo del IAC, Garik Israelian: «Los astrónomos durante siglos sólo vimos el Cosmos a través de los ojos y gracias a la exploración espacial en 30 años esa ventana se ha ampliado de forma espectacular», aseguró el científico.

 

500 exoplanetas localizados
Preguntado sobre la posibilidad de encontrar nuevas ‘Tierras’, Mayor comentó que el 95% de los más de 500 exoplanetas detectados «son reales» y apostó por la puesta en marcha de una nueva misión de la Agencia Espacial Europea (ESA), destinada a buscar estrellas muy brillantes, como el Sol, como nueva vía para hallar astros como el nuestro. «El reto es detectar planetas similares en zona habitable y eso no sabemos cuando sucederá».

No obstante, señaló que la ecuación de Drake sobre la probabilidad de que haya planetas con vida extraterrestre «sigue siendo buena», aunque hay incertidumbre sobre cómo será su química, si tendrá placas tectónicas o cuanto tardaremos en localizarla debido a la distancia que nos separa porque «planetas como el nuestro son muy pequeños y difíciles de ver».

Aún así señaló que podría haber más de 20 millones de planetas similares la Tierra en la Vía Láctea, donde hay más de 100.000 millones de estrellas.

 

Su sueño: descubrir vida en Marte
Aunque ha dedicado su carrera a buscar planetas en otras estrellas, Mayor reconoció que su sueño es descubrir vida en Marte o en el Sistema Solar. «Sería fantástico ir a Marte y encontrar algo vivo allí. Bueno, yo no, porque no habría dado el perfil de astronauta, y prefiero estar en Tierra», comentó jocoso.

El que sí ha estado, y muchas horas, ha sido su compatriota Nicollier, quien recordaba el calor y la fascinación que sintió en el espacio, en 1993 y 1999, cuando viajó en transbordadores de la NASA para reparar el Hubble. Nicollier reconoce que la decisión de clausurar los ‘shuttle’ fue difícil, pero que «tienen ya 30 años, son costosos y a veces también peligrosos».

Nicollier, como Mayor, justifica el costo que suponen los proyectos espaciales aún en tiempos de crisis, como el futuro telescopio James Webb, que sustituirá al Hubble. «Si exploramos el Universo es porque es una etapa más de la evolución de la vida en la galaxia. Hay factores que lo limitan, como las radiaciones o la distancia, pero si logramos vencer estos problemas, exploraremos más lejos del Sistema Solar porque es parte de nuestra evolución», ha señalado.

Mayor pone números a esta reflexión: «Solos hemos ido a la Luna, que está a un segundo a la velocidad de la luz. El único planeta idóneo está a 100 millones de años luz, y con una civilización estaría a 1.000 millones. ¿Cómo enviar seres vivos allí? Los optimistas dicen que en futuro tendremos tecnología para conseguirlo, pero piensen en la energía que se necesitará, será tremenda. Podemos soñar, pero la física impone sus límites».

Fuente: El mundo

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Rayos de luz multicolor en la polvorienta galaxia Centaurus

El telescopio espacial Hubble, fruto de un proyecto de cooperación internacional impulsado por la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), ha obtenido gracias a una innovadora cámara, las imágenes más espectaculares y reveladoras de la galaxia Centaurus A, también conocida como NGC 5128.

Esta galaxia cuyo nombre procede de la mitología griega, posee características que justifican su elección. Sus impresionantes ‘senderos’ polvorientos de material oscuro son su rasgo más llamativo.

Las fotografías revelan la presencia de una luz ultravioleta , que emana de las estrellas más jóvenes. Además, una luz casi infrarroja nos va guiando como una linterna a través de un reino oscurecido por el polvo y revelándonos sus detalles.

Galaxia ‘mitológica’
El oscuro sendero polvoriento que recorre Centaurus A tapa la luz de las estrellas. Las opacas nubes cubren los astros como un manto. Las imágenes muestran, principalmente, las zonas polvorientas y la llamativa raya que cruza esta galaxia.

Envuelta en un halo de misterio, NGC 5128 sigue alimentando su ‘leyenda’ ya que su retorcido disco de gas y polvo sugiere que en el pasado, posiblemente, colisionó contra otra galaxia a la que acabó uniéndose. Las ondas provocadas por el choque desencadenaron la aparición de zonas de formación de estrellas muy activas.

Como si se tratase de un colorido cuadro impresionista, en el centro del compacto núcleo de esta galaxia hay un gigantesco agujero negro del que salen unos poderosos chorros que liberan importantes cantidades de radiación.

Brillante y cercana
Pese a situarse a unos 11 millones de años luz de distancia, los astrónomos afirman que la galaxia está bastante cerca. No obstante, su relativa cercanía no es lo único que llama la atención. También se caracteriza por su intenso brillo que, para el disfrute de los aficionados, puede contemplarse desde el hemisferio Sur con la ayuda de unos binoculares.

Sin embargo, tan sólo el telescopio espacial Hubble permite disfrutar de los rasgos más especiales y característicos de Centaurus A. La privilegiada posición del telescopio brinda la oportunidad de ver las longitudes de onda ultravioletas que la atmosfera bloquea y que, lamentablemente, no se pueden ver desde la Tierra.

Fuente: Elmundo

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¿La Tierra camina hacia una nueva edad de hielo?

La estrella que nos calienta, el Sol, se dirige hacia el comienzo de un nuevo ciclo solar que será muy prolongado y se caracterizará por una muy baja actividad, según explican científicos del Nacional Solar Observatory (NSO) en su página web, y del Air Force Research Laboratory (AFRL).

Los expertos comparan esta perspectiva con la situación que vivió nuestro planeta entre los años 1645 y 1715, cuando se registró un periodo de inactividad solar que duró 70 años y que es conocido como la «Pequeña edad de hielo».

 Una prolongada época en la que las temperaturas bajaron entre 10 y 15 grados, según las latitudes, y en la que el hielo llegó a cubrir buena parte del norte de Asia, Europa y América Los científicos han llegado a esta conclusión, presentada en la conferencia anual de la American Astronomical Society, al estudiar nuestra estrella (su interior, su superficie visible y su corona) y detectar un descenso de las manchas de su superficie y una menor actividad electromagnética cerca de los polos.

 Estos síntomas auguran una drástica disminución de la actividad del Sol, casi «hasta su hibernación», para el nuevo ciclo solar, es decir, en los próximos 11 años, que es el tiempo medio aproximado que dura uno de estos ciclos. La «secuencia principal» Nuestro Sol es una estrella de vida «media», y los científicos calculan que su actual fase, que denominan «secuencia principal», comenzó hace unos 4.570 millones de años, y lo que es más importante, consideran que le quedan aún otros 5.000 millones de años de vida en su estado actual. Es posible que para esas fechas la Tierra ya ni siquiera exista. En cualquier caso, ni usted ni yo conoceremos su final.

 Sobre la situación que se avecina, que será más bien fresquita, el científico de la NASA Richard Fisher apunta que cada uno de los ciclos solares tiene sus periodos naturales de baja actividad, sin embargo, hace hincapié en que este mínimo solar hacia el que nos dirigimos llega «extraordinariamente lento», y durará «más de lo habitual», tal vez tres o cuatro ciclos seguidos. Actualmente, el Sol se encuentra en su ciclo número 24 desde que los astrofísicos comenzaron a registrar los fenómenos solares (a mitad del S.XVIII). Comenzó en 2008, es una alta actividad y debe durar hasta 2019. Para entonces, con el próximo ciclo, llegarían los grandes fríos.

La carga magnética de los polos Al parecer, el dato más preocupante para los expertos y que pone de relieve la desaceleración de la actividad solar se ha detectado en la falta de carga magnética en los polo del Sol. Richard Altrock, experto de la AFRL, cree que si los polos continúan si cargarse de actividad magnética, el próximo Sol «perderá energía hasta frenar su actividad casi completamente». «Si nuestro modelo es correcto -explica Frank Hill, director adjunto del NSO-, esta situación afectará desde la exploración del espacio hasta al clima terrestre». Los científicos consideran que la Tierra puede encaminarse hacia un nuevo Mínimo de Maunder, como conocen a la «Pequeña edad de hielo».

Previsiones contradictorias El estudio en cuestión no entra a valorar los posibles efectos de una bajada pronunciada y prolongada de las temperaturas medias en nuestro planeta. Pero otros estudios publicados en los últimos años apuntan al menos a cuatro consecuencias: descenso del nivel de los océanos, que contrarrestaría el efecto opuesto predicho para el calentamiento global; cambios sensibles en la producción agraria en el hemisferio norte; disminución del régimen de lluvias, con un aumento de la sequía; y aumento considerable en el consumo de energía para contrarrestar las bajas temperaturas.

Hay quien piensa, no obstante, que la posible bajada media de temperaturas no superaría los 0,3 grados centígrados. Es la opinión de Georg Feulnerdel Instituto Postdam, en Alemania, quien estima que apenas lograría minimizar el calentamiento derivado de las emisiones de CO2, que la ONU cifra de entre 3,7 y 4,5 grados.

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Descubren un nuevo brazo en los confines de la Vía Láctea

Un grupo de astrónomos británicos acaba de realizar un descubrimiento extraordinario. Un nuevo brazo espiral en nuestra galaxia o, más precisamente, un enorme fragmento hasta ahora desconocido de uno de los dos brazos principales de la Vía Láctea.

Igual que sucede con otras galaxias espirales, la Vía Láctea, la galaxia en que vivimos, está formada por un gran disco central de cuyos extremos surgen dos largos brazos repletos de estrellas, polvo y gas, que se curvan alrededor de un denso y alargado núcleo central. Entre todas las clases de galaxias que existen, la nuestra es una espiral barrada.

El Sol, la Tierra y el resto del Sistema Solar se encuentran en una pequeña ramificación de uno de esos brazos, una especie de «vía muerta» justo entre Perseo y el Escudo Centauro, los dos brazos principales, a unos 25.000 años luz del centro.

Sin embargo, y debido a que estamos dentro, no resulta fácil adivinar cuál es la verdadera forma de nuestra galaxia. La Vía Láctea contiene grandes cantidades de gases y polvo que obstaculizan la visión. Por eso, por nuestra posición, no podemos tener una imagen clara del conjunto y sólo podemos ver fragmentos aislados de los brazos.

Resulta mucho más sencillo estudiar galaxias distantes, que podemos ver enteras, que la nuestra propia. Por ejemplo, conocemos con mucha más exactitud las formas de Andrómeda, nuestra vecina, a dos millones de años luz de distancia, que las de nuestro propio hogar en el espacio.

Existen, es cierto, modelos teóricos de la Vía Láctea, y muchas razones para pensar que tiene la forma de un molinillo, con dos enormes brazos repletos de estrellas. Pero no hay forma de estar absolutamente seguros. Ni tampoco de estudiar directamente los detalles.

La imagen que acompaña estas líneas (realizada por Tom Dame, uno de los descubridores del nuevo brazo), muestra la estructura básica de la Vía láctea: dos largos brazos espirales que surgen de los extremos de una gran barra central. En gris aparecen los fragmentos que aún no han podido ser detectados. Arriba, a la izquierda, el nuevo brazo recién descubierto. Las ramificaciones menores, como en la que nosotros vivimos, han sido obviadas por el científico en aras de la claridad.

Una simetría sorprendente
Por suerte para la Ciencia, y más allá de los instrumentos ópticos, los astrónomos han desarrollado otras clases de «ojos» capaces de atravesar las densas nubes de polvo que nos rodean y «ver» lo que hay más allá de ellas. Esos instrumentos no buscan luz ordinaria, sino ondas de radio. Y resulta que las moléculas de monóxido de carbono, extraordinariamente abundantes en los brazos de las galaxias espirales, son excelentes emisoras de radio y, por lo tanto, la clase de objetos que los instrumentos pueden rastrear.

Utilizando un pequeño telescopio de apenas 1,2 metros, instalado el el tejado de su laboratorio de Cambridge, los astrónomos Tom Dame y Pat Thaddeus se centraron en las emisiones de radio de las moléculas de monóxido de carbono para buscar evidencias de brazos espirales en las zonas más distantes de la Vía Láctea. Y descubrieron un nuevo y enorme brazo, con grandes concentraciones de ese gas.

Los investigadores piensan que el nuevo brazo espiral es, en realidad, el tramo final y más distante de Escudo Centauro, una de las dos ramas principales. Si se confirma, Dame y Thaddeus habrán demostrado que la Vía Láctea posee una sorprendente simetría en sus formas. El nuevo brazo, en efecto, sería la contraparte simétrica del de Perseo.

Fuente: abc.es

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Eclipse lunar del miércoles promete LUNA ROJA

La noche de este miércoles, cuando la luz deje paso a la penumbra, habrá una Luna de sangre. La noche será más oscura de lo habitual debido a un eclipse total del Luna que promete convertirse en un maravilloso espectáculo. La Tierra se interpondrá por algo menos de dos horas entre el Sol y nuestro satélite natural, que se teñirá de unos impactantes tonos rojizos y anaranjados. El fenómeno podrá verse prácticamente desde toda Europa, África y Asia. Si el tiempo acompaña y los cielos no se llenan de nubes, los espectadores que miren al cielo en España podrán disfrutar al máximo del espectáculo sobre las 22.13 horas.

Las fases de la Luna
Mientras las zonas más orientales del planeta que podrán observar el fenómeno lo verán cuando se ponga la Luna, en las más occidentales (como España) se podrá seguir cuando el satélite aparezca en el cielo el día 15. Durante el eclipse, la sombra de la Tierra irá poco a poco ocultando a la Luna, hasta taparla por completo.

El eclipse lunar tiene cinco etapas. Empieza cuando la Luna entra en la penumbra, o pálida franja exterior, de la sombra de la Tierra. Esta fase es un leve y apenas se aprecia. Solo cuando el filo de la Luna está a mitad de camino en la penumbra, lo que sucede se presenta a la vista. El segundo estado, o eclipse parcial, comienza cuando el borde de la Luna alcanza la sombra interior de la Tierra. A medida que la Luna se desliza más en la sombra, la noche se vuelve más profunda. Si el observador está lejos de las luces de la ciudades, comienzan a aparecer las estrellas por todas partes. Durante una hora, una franja brillante de la Luna aparece fuera de la sombra y el resto muestra una rara luz rojiza.

El eclipse total llega cuando el último pedazo visible de la Luna se desliza en la sombra. Entonces parece teñida de sangre. Esa luz roja proviene de todos los amaneceres y puestas de Sol alrededor de la Tierra en ese momento. El máximo para España se producirá a las 22.13 horas (hora peninsular), cuando se alcanzará el momento «de mayor oscuridad». Después, todo irá volviendo a la normalidad.

Un bonito espectáculo

Desde algunas zonas de España será muy bonito , según explica Francisco Ocaña, de la Asociación de Astrónomos Aficionados (Asaaf). Uno de estos puntos de interés será Madrid, ya que la Luna saldrá por el horizonte ya eclipsada. En la capital, el Sol se pondrá ese día sobre las 21.50 horas. La Luna saldrá 12 minutos antes, a las 21.38 horas.

Tenerife ofrecerá otra imagen única, ya que la sombra del Teide sobre la atmósfera, coincidiendo con el atardecer, apuntará directamente a la Luna eclipsada en una alineación casi perfecta. Según informa el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), este doble espectáculo se produjo el pasado día 21 de diciembre (aunque las condiciones atmosféricas no permitieron su observación en condiciones idóneas) y no volverá a observarse en la isla hasta el año 2014.

Para no desaprovechar la oportunidad, el IAC colaborará con la asociación científico-cultural Shelios y el grupo Cíclope de la Universidad Politécnica de Madrid en la retransmisión en directo del fenómeno desde el Parque Nacional del Teide, a través de la  web http://www.sky-live.tv/

Fuente: Abc.es