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La verdadera felicidad

Camino a la iglesia, un joven estudiante fue sorprendido por la presencia de un mendigo. Sin embargo, como buen cristiano, el estudiante intentó consolar al pobre hombre diciéndole:

– Que Dios te dé un buen día.

Ante esto el mendigo replicó:

– Hasta el momento, nunca he tenido un mal día.

Entonces, el joven le dijo:

– Qué Dios te dé buena suerte.

El mendigo respondió:

– Hasta ahora, no he tenido mala suerte.

Bueno, continuó el joven:

– Que Dios te dé la felicidad.

Y el hombre le contestó:

– Hasta el día de hoy, no he sido infeliz.

El joven entonces le preguntó al mendigo:

– ¿Me puedes explicar lo que acabas de decirme?

Y el mendigo le contestó:

– Con gusto.

Tú me deseaste un buen día, pero todavía no he tenido un día malo pues cuando tengo hambre o frío, oro al Padre Celestial. Tú deseaste que Dios me dé buena suerte; sin embargo, hasta el momento no he tenido mala suerte debido a que vivo con Dios y siempre supe que todo lo que Él hace por mí, es siempre lo mejor. Cualquier cosa que Dios me dé, sea ésta agradable o desagradable, la acepto con mucha alegría. Esa es la razón por la que nunca he tenido mala suerte.

Finalmente, tú deseaste que Dios me haga feliz. Pero nunca he sido más feliz en mi vida que ahora, pues todo lo que deseo es seguir el plan que Dios tiene para mí. He seguido el plan de Dios con toda la fidelidad posible, y cualquier cosa que Dios quiera para mí, yo también la quiero. Es por ello que nunca he sido infeliz.

Desconozco su autor

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¿Por que la gente grita?

Un día, Meher Baba preguntó a sus mandalíes:

– ¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?

Los hombres pensaron durante unos momentos.

– Porque pierden la calma -dijo uno-, por eso se gritan.

– Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? -preguntó Baba-.

¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas, pero ninguna de ellas satisfacía al maestro Meher Baba. Finalmente, él explicó:

– Cuando dos personas están enojadas y discuten, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esta distancia, deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse la una a la otra a través de esa gran distancia.

Luego, Baba preguntó:

– ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Pues que no se gritan, sino que se hablan suavemente. Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellas es muy pequeña.Los discípulos lo escuchaban absortos y Meher Baba continuó:

– Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? Los enamorados no hablan, sólo susurran y se acercan más en su amor.
Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es, observad lo cerca que están dos personas que se aman.

 Así pues, cuando discutáis, no dejéis que vuestros corazones se alejen, no digáis palabras que los distancien más. Llegará un día en que la distancia será tanta que ya no encontraréis el camino de regreso.

Extraído de: «Juntos pero no atados» de Jaume Soler y M. Mercé

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La Anciana y sus semillas

Un hombre tomaba cada día el autobús para ir al trabajo. Una parada después, una anciana subía al autobús y se sentaba al lado de la ventana. La anciana abría una bolsa y durante todo el trayecto, iba tirando algo por la ventana. Siempre hacía lo mismo y un día, intrigado, el hombre le preguntó qué era lo que tiraba por la ventana.

– ¡Son semillas! – le dijo la anciana.

– ¿Semillas? ¿Semillas de qué?

– De flores, es que miro afuera y está todo vacío… Me gustaría poder viajar viendo flores durante todo el camino.

¿Verdad que sería bonito?.

– Pero las semillas caen encima del asfalto, las aplastan los coches, se las comen los pájaros… ¿Cree que sus semillas germinarán al lado del camino?

– Seguro que sí. Aunque algunas se pierdan, algunas acabarán en la cuneta y, con el tiempo, brotarán.

– Pero… Tardarán en crecer, necesitan agua…

– Yo hago lo que puedo hacer. ¡Ya vendrán los días de lluvia!

La anciana siguió con su trabajo…

Y el hombre bajó del autobús para ir a trabajar, pensando que la anciana había perdido un poco la cabeza.

Unos meses después… yendo al trabajo, el hombre, al mirar por la ventana, vio todo el camino lleno de flores… ¡Todo lo que veía era un colorido y florido paisaje! Se acordó de la anciana, pero hacía días que no la había visto. Preguntó al conductor:

– ¿Qué hay de la anciana de las semillas?

– Pues, ya hace un mes que murió.

El hombre volvió a su asiento y siguió mirando el paisaje.

– «Las flores han brotado, se dijo, pero ¿de qué le ha servido su trabajo?. No ha podido ver su obra».

De repente, oyó la risa de una niña pequeña que señalaba entusiasmada las flores…

¡Mira papá! ¡Mira cuantas flores!

¿Verdad que no hace falta explicar mucho el sentido de esta historia?

La anciana de nuestra historia había hecho su trabajo y dejó su herencia a todos los que la pudieran recibir, a todos los que pudieran contemplarla y ser más felices.

Dicen que aquel hombre, desde aquel día, hace el viaje de casa al trabajo con una bolsa de semillas.

Está reflexión está dedicada a todos aquellos maestros, educadores, profesionales de la enseñanza, que, hoy, más que nunca, no pueden ver cómo crecen las semillas plantadas, las esperanzas sembradas en el corazón, sobretodo, de los adolescentes que llenan sus clases.

Y como los padres son, o deberían ser, los grandes educadores, también está dedicada a ellos.

Porque… Educar es enseñar caminos.

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Concentración y Piedad (CUENTO ZEN)

Un joven, preso de la amargura acudió a un monasterio en Japón y le expuso a un anciano maestro:

– Querría alcanzar la iluminación, pero soy incapaz de soportar los años de retiro y meditación. ¿Existe un camino rápido para alguien como yo?

-Te has concentrado a fondo en algo durante tu vida? preguntó el maestro.

– Solo en el ajedrez, pues mi familia es rica y nunca trabajé de verdad.

El maestro llamó a un monje. Trajeron un tablero de ajedrez y una espada afilada.

– Ahora vas a jugar una partida muy especial de ajedrez. Si pierdes te cortaré la cabeza con esta espada; y si por el contrario ganas, se la cortaré a tu adversario.

Empezó la partida. El joven sentía las gotas de sudor recorrer su espalda, pues estaba jugando la partida de su vida. El tablero se convirtió en el mundo entero. Se identificó con él y formó parte de él. Empezó perdiendo, pero su adversario cometió un desliz.

Aprovechó la ocasión para lanzar un fuerte ataque, que cambió su suerte. Entonces miró
de reojo al monje.

Vió su rostro inteligente y sincero, marcado por años de esfuerzo. Evocó su propia vida, ociosa y banal… y de repente te sintió tocado por la piedad. Así que cometió un error voluntario y luego otro… Iba a perder.

Viéndolo, el maestro arrojó el tablero al suelo y las piezas se mezclaron.

-No hay vencedor ni vencido -dijo-. No caerá ninguna cabeza.

Se volvió hacia el joven y añadió:

-Dos cosas son necesarias: la concentración y la Piedad. Hoy has aprendido las dos.

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Cuida tus tesoros

Una joven, de una familia muy prestante que todo lo tenía, un marido maravilloso, hermosos hijos, un muy buen empleo, una família unida. Pero aún con todo esto no conseguía conciliar su vida, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo el tiempo y su vida siempre estaba fallando en algún área.

Si el trabajo le consumia mucho tiempo, ella lo quitaba de los hijos, si surgían problemas, ella dejaba de lado a su esposo. Y así, laspersonas que ella amaba eran siempre dejadas para después.

Un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo, una flor muy rara, pero muy hermosa y también única. Y le dijo: Hija, esta flor te va a ayudar mucho, mas de lo que te imaginas. Tan sólo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando,
y a veces conversar un poco con ella, te dará a cambio ese perfume maravilloso y esos hermosos colores.

La joven quedó muy emocionada, a fin de cuentas, la flor era de una belleza sin igual.

Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida continuaba tan confusa como antes, esto no le permitía cuidar de la flor.

Cuando llegaba a casa, miraba la flor y todavía estaba allí, no mostraba señal de flaqueza o muerte, apenas estaba allí, linda y perfumada. Entonces pasaba de largo.

Hasta que un día, sin más ni menos, la flor murió. Ella llegó a casa y se llevó tremendo susto, estaba completamente muerta, su raíz estaba reseca, sus colores se habían perdido y sus hojas estabana ya amarillas. La joven
lloró mucho, y contó a su padre lo que habia ocurrido.

Su padre entonces respondió: No te puedo dar otra flor, porque no existe otra flor igual a esa, ella era única, al igual que tus hijos, tu marido y tu familia.

Todos son bendiciones que el Señor te dio, pero tú tienes que aprender a regarlos, podarlos y darles atención,
pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren.

Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla. Cuida de las personas que amas, acuérdate siempre de esta flor, pues las Bendiciones del Señor son como ella, Él nos da sus
bendiciones, pero nosotros tenemos que cuidar de ellas.

La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba.
Proverbios 14:1

-Anónimo