Archivo de la categoría: Reflexion
Miedo a perder
¿Cuántas cosas perdemos por miedo a perder?
Cuántas cosas dejamos pasar de largo, porque creemos que no nos merecemos nada mejor, porque pensamos que no son para nosotros.
Cuántas cosas dejamos de decir, y nos callamos.
Cuántas veces se nos enciende el Alma, y dejamos que nos consuma el calor.
Cuántas veces podemos decir que hemos amado de verdad. Cuántas pensamos que vamos a volver a hacerlo.
¿Cuántas cosas estamos dispuestos a seguir perdiendo? ¿Cuántas? … mil, un millón…
Perdemos cosas, personas, momentos, relojes de pulsera y cometas de colores.
Perdemos palabras entre la arena y el cielo que cubre este mar tan desolado.
Perdemos sueños, milagros, y cuentos para no dormir.
Dejamos que se pierdan entre los días, entre las Olas.
A veces, incluso, somos nosotros mismos quienes arrojamos al abismo todas estas cosas, justo un poquito antes de extrañarlas para siempre…
Tememos perder, tememos amar, tememos añorar, tememos necesitar, dejarnos llevar, tememos lo que está por venir, y lo que no escribimos con tiza en la pared…
Podemos perder muchas cosas o podemos ganar muchas mas, todo depende de nosotros, de saber vencer las dudas e incertidumbres de las que a veces somos víctimas, de saber tomar una decisión y hacer lo que esté a nuestro alcance por lograrla.
Si obtenemos éxito en conseguir lo que deseamos sería fantástico, y si por lo contrario no se logra conseguir lo añorado, nos queda la satisfacción de que dimos nuestro mejor esfuerzo intentándolo, pero en cambio si nos quedamos sin hacer nada y nos autocalificamos de insuficientes para lograrlo, estamos dejando pasar muchas oportunidades que estando frente a nuestros ojos, hacemos el papel de ciegos no queriéndolas ver, o sino por el otro lado, sabemos que tenemos todo a nuestro favor para lograrlo, pero por timidez o temor a comentarios que puedan realizarse pecamos de modestos y de igual manera dejamos de intentarlo, perdiendo muchas oportunidades.
El miedo nos hace perder y el perder nos da miedo, puede que se vea como un juego gracioso de palabras, pero es algo que nos pasa a menudo, se nos presentan situaciones difíciles las cuales nos provocan temor, nos hacen dudar de nuestras capacidades a tal punto que nuestra confianza se desvanece y somos blancos vulnerables de estas situaciones que terminan envolviéndonos y venciéndonos y muchas otras veces el golpe y caída de un tropiezo en nuestro caminar, nos atemoriza tanto que perdemos las ganas de seguir caminando.
Puede que tengamos mucho por perder o ganar, lo importante es hacer nuestro mejor esfuerzo por lograr nuestros objetivos, y nunca rendirnos ni dejar de intentarlo, porque la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace interesante la vida.
-Desconozco autor
El tesoro mas valioso radica en nuestro corazón (Reflexion)
Una mujer sabia que viajaba por las montañas, encontró una piedra preciosa en un arroyo.
Al día siguiente se encontró con otro viajero que estaba hambriento, y la mujer sabia abrió su bolsa para compartir su comida.
El hambriento viajero vio la piedra preciosa y le preguntó a la mujer si se la daba.
La mujer lo hizo sin dudar.
El viajero partió, alegrándose de su buena fortuna.
Él sabía que la piedra valía lo suficiente para darle seguridad por toda la vida.
Pero unos días más tarde volvió a devolverle la piedra a aquella sabia mujer.
«He estado pensando en lo que vale la piedra», dijo
«pero te la devuelvo con la esperanza de que me puedas dar algo aún más precioso. Dame lo que tienes dentro de ti que te permitió darme la piedra.»
-Anonimo
Carta de una madre a su hija:
Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme…La mentira descubierta
El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y el fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia en su lectura en la Universidad de Puerto Rico, Compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres:
Yo tenia 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado a 18 millas en las afueras de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar.
Estábamos bien adentro del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mi siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.
Un día mi padre me pido que le llevara a la ciudad para atender una conferencia que duraba el día entero y yo salté a la oportunidad.
Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes como llevar el auto al taller.
Cuando despedí a mi padre el me dijo: Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a la casa juntos.
Después de muy rápidamente completar todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me enfoqué tanto con la película, una película doble de John Wayne que me olvidé del tiempo. Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé.
Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m.
El me preguntó con ansiedad: ¿Por que llegas tarde? Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar… esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.
Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: Algo no anda! bien en la manera que te he criado que no te ha dado la confianza de decirme la verdad.
Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y pensar sobre esto.
Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que ni estaban cementados ni iluminados. No lo podía dejar solo… así que yo manejé 5 horas y media detrás de el… viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.
Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.
Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso: «Si me hubiese castigado de la manera que nosotros castigamos a nuestros hijos ¿hubiese aprendido la lección? « No lo creo.
Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo.
Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer.
Esto es el poder de la vida sin violencia

