Cuando la ciencia es arte


Seis fotógrafos contemporáneos con un hilo conductor: la flora. La exposición ‘Botánica. After Humboldt’ reúne obras de Manel Armengol, Alberto Baraya, Joan Fontcuberta, Juan Carlos Martínez, Rafael Navarro y Juan Urrios ¿La finalidad? Que el espectador se acerque a la ciencia a través del arte.

Esta muestra, organizada por Acción Cultural Española, el Centro de Arte y Naturaleza-Fundación Beulas de Huesca y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, permite que coincidan en el mismo espacio la fotografía contemporánea y los grabados originales provenientes de archivos y colecciones del siglo XVIII -los primeros que se hicieron en España- que aún se conservan en Calcografía Nacional.

Entrar a la sala es como internarse en un jardín botánico. Aproximaciones de flores ampliadas y dispuestas en cajas de luz se intercalan con los grabados originales de los primeros botánicos. Estos trabajos de Juan Urrios inauguran la visita. Una hoja, vista desde muy cerca, despliega su nervadura. “Son estructuras parecidas a los tejidos neuronales y a las carreteras. Es un patrón que se repite en la naturaleza y en las actividades humanas”. Quien habla es Rosa Olivares, comisaria de la exposición y para quien la botánica es la puerta de entrada a un conocimiento más amplio: “Esta ciencia se sigue desarrollando porque se aprende de ella. Un ejemplo es la disposición de los chips informáticos, que se crearon basándose en patrones vegetales. Pero también aprendemos de toxicología, medicina, morfología e, incluso, arte”.

Para ella, la ironía de la exhibición procede de la lectura que le otorgan los fotógrafos a la realidad a través de la lente de la cámara: “Los grabadores clásicos simplemente reproducían las características físicas de las plantas y las flores. Ahora, con las herramientas tecnológicas, se despliegan muchísimas posibilidades de interpretación”.

En este caso la ficción supera a la realidad. En un intento de transmitir lo que ocurre con la naturaleza en nuestros días, Joan Fontcuberta ha elaborado la serie ‘Herbarium’: fotografías de plantas que no lo son. El artista ha recolectado y dispuesto una serie de objetos -que no tienen nada que ver con el mundo vegetal- de tal manera que parecen retratos de flores y plantas. ¿El resultado? Un herbario inexistente, pues donde parece haber un espécimen natural, hay cualquier cosa menos eso.

Algo parecido propone el colombiano Alberto Baraya, quien ha clasificado, tipificado y reproducido una serie de flores… de plástico. En su obra, las protagonistas son plantas artificiales, por lo que Olivares ha denominado al artista un “científico irónico”. Esta muestra refleja cómo el mundo natural ha tenido que ir cediendo los espacios ornamentales a lo plástico y artificial.

Y como la botánica estudia el detalle de las plantas y no el conjunto, la obra de Juan Carlos Martínez, el más joven de los expositores, rompe la dinámica del recorrido. Su tratamiento del tema da un vuelco a la tónica pues el fotógrafo ha inmortalizado lugares (parques, terrenos, plazas) en los cuales las pícaras plantas se disponen creando refugios naturales para entablar relaciones furtivas. En un guiño descarado a la palabra ‘esperma’, la muestra se denomina ‘Subfilim spermopsida’ y, según Olivares, “plasma el lado hedonista, que también existe, de las expediciones botánicas”.

Fuente: El mundo

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