Vaciarse


Estamos demasiado llenos. Dentro de nosotros hay todo un cúmulo de pensamientos y recuerdos que ocupan un espacio. No son etéreos. En realidad, están llenando el hueco que debería servirnos para incorporar lo nuevo.

Somos conservadores; tremendamente guardianes de lo que nos sucedió y lo que tememos que suceda y no sabemos echar fuera este caudal de residuos que ya no nos sirven. Incluso si nos molestan, seguimos empecinados en hacerles espacio para que sigan con nosotros.

Es similar a lo que nos sucede en un armario. Muchas veces removemos ropa que hace mucho tiempo que no ponemos, pero siempre encontramos una disculpa para seguir dejándola en su lugar aunque no nos quepa la que acabamos de comprar. En el mejor de los casos, apretamos las perchas e intentamos recolocar lo que traemos nuevo. Como consecuencia, lo nuevo se arruga, se deforma y muy pronto adquiere un aspecto semejante a la vieja ropa que espera sin ser puesta.

Hay que vaciar. No podemos pretender comenzar a ser diferentes si no descolgamos nuestros viejos prejuicios, los temores, la envidia, el rencor, la ira y todos aquellos sentimientos negativos que apretarán y arrugarán cualquier cambio que introduzcamos en el armario de nuestra mente.

Incluso es necesario aflojar la presunción del “yo”. Tal vez no nos conozcamos en profundidad, posiblemente seamos débiles ante tantas y tantas cosas pero siempre nos mostramos orgullosos
y hasta soberbios con lo que somos. También hay que vaciarse en eso. De otro modo, no podremos seguir creciendo en nuestro interior.

Pareciese que ya hemos conseguido todo aunque la mayoría de lo que verdaderamente importa esté sin
descubrir en nuestros adentros. Veamos este gráfico ejemplo zen.

Un profesor visita a un maestro Zen y al llegar le dice: “Hola, soy el Dr. Fulano. Soy esto. Soy aquello. Hago tal y cual cosa, etc, etc. y me gustaria aprender budismo”.

El maestro responde: “Desea usted sentarse”. “Si”.

“Desea tomar una taza de te?”. “Si”.

Entonces el maestro vierte un poco de te en la taza y continua haciendolo aun cuando la taza esta llena y comienza a derrarmse.

El Dr. exclama: “La taza esta rebosando! Y el te se esta derramando!

A lo que el maestro responde: “Exactamente. Usted ha venido con su taza llena.

Se esta rebosando, de modo que… como puedo entregarle algo?

Usted ya esta anegado con todo ese conocimiento.

A no ser que venga usted vacio y abierto, no puedo entregarle nada…”

Sin duda, comenzar por vaciarse es el camino para dejar paso a todo lo que está por llegar y a todo lo que podamos llegar a ser.

Que tengan bonito dia 🙂

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