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La Cronica de Akakor

La Crónica de Akakor es un conjunto de relatos escritos por la tribu de los Ugha Mongulala que habitan en la selva del Amazonas en Brasil y que contiene más de 15 mil años de historia, desde la llegada de sus Dioses civilizadores hasta la década de los 70’s en nuestra época. Originalmente fueron escritos en el lenguaje de sus Maestros Antiguos (Dioses) sobre cortezas de árboles.

Los relatos fueron transmitidos en forma oral por el príncipe de la tribu de los Ugha Mongulala (tribus escogidas aliadas), Tatunca Nara, al periodista alemán Karl Brugger que se encontraba trabajando en Brasil, quien grabó todo el relato en cintas magnetofónicas y posteriormente escribió y publicó el libro en 1976.

La crónica cuenta la historia milenaria de Sudamérica desde la perspectiva de los Ugha Mongulala, la civilización más antigua de la región, revelando muchas incógnitas que la historia y la arqueología no han podido explicar a ciencia cierta hasta nuestros días, como la construcción de Tiahuanaco y Machu Picchu. Incluso la ubicación de la ciudad de Akakor de los Ugha Mongulala no ha sido encontrada debido a la inmensidad de la selva amazónica.

En forma cronológica lo primero que narra la crónica es la llegada de los Dioses o Maestros Antiguos en el 13.000 A.C. procedentes del espacio exterior, quienes seleccionaron a las tribus aborígenes en la zona del Gran Río (Amazonas) para transmitirles cultura y acabar con su salvajismo, enseñándoles a cultivar la tierra, a respetar las leyes de la naturaleza y las leyes que ellos mismos les legaron para preservar el bien común. Construyeron grandes ciudades de piedra tanto en la superficie como subterráneas, con templos para la adoración del Sol, pirámides con fines espirituales y largos túneles que atraviesan bajo tierra desde las actuales zonas de Perú y Bolivia hasta Brasil y Venezuela. Transcurridos 3 mil años desde su llegada, los Dioses regresan a su mundo, fecha que fue fijada en la cronología de la Crónica de Akakor como la Hora Cero (o el año cero, que corresponde al 10.481 A.C.).

La historia de los Ugha Mongulala logra conmover por la cantidad de adversidades que debieron pasar para sobrevivir por más de 15 mil años, tanto a catástrofes naturales, guerras contra otras tribus y contra los «Blancos Bárbaros», los conquistadores venidos desde Europa en el siglo XV y que casi lograron su extinción.

LA PROCEDENCIA DE LOS DIOSES

Los Maestros Antiguos procedían de Schwerta, un poderoso imperio formado por muchos planetas, tan numerosos que ambos mundos, el de los Maestros Antiguos y el de la misma Tierra, se encuentran el uno al otro cada 6000 años. Es entonces cuando regresan los Dioses.
Tienen la piel blanca, cuerpos agraciados, fino pelo negro azulado, barba en el labio superior y el mentón. Lo que los diferencia es que tienen 6 dedos en las manos y 6 dedos en los pies.
En cuanto a las 13 residencias subterráneas que construyeron, su plan corresponde al de la constelación de Schwerta.
La Primera ciudad que construyeron los Maestros Antiguos se llamó AKANIS (fortaleza uno) en un estrecho istmo en México, en el lugar donde los dos océanos se tocan.
[Podría tratarse de antiguas ciudades de los Olmecas, pero su relación no ha sido explicada y no se menciona nada más sobre Akanis en la crónica.]
La segunda fue AKAKOR (fortaleza dos), la ciudad de la tribu de los Ugha Mongulala, construida en el 13.000 A.C.
La tercera fue AKAHIM (fortaleza tres), construida en el año 3166 A.C., a la cual los conquistadores españoles llamaron «El Dorado» por la gran cantidad de oro con que había sido construida.
Las tres residencias terrestres de los Maestros Antiguos eran lugares prohibidos para los Ugha Mongulala:
– Salazere, en las zonas altas del Gran Río
– Tiahuanaco, sobre el Gran Lago
– Manao, en la llanura elevada del sur.
Entre el 3166 A.C. y el 2866 A.C. los Ugha Mongulala bajo el mando del dios Lhasa construyeron la ciudad de Machu Picchu en el Oeste, y la poderosa ciudad portuaria de Ofir sobre la desembocadura del Gran Río en el Este (en el 3056 A.C.).
Aproximadamente en el 2866 A.C. el hermano de Lhasa, llamado Samón, se dirigió hacia el Este para construir un imperio en el valle de un río.
[Posiblemente se trate del rey Sargón I, que construyó la ciudad de Akkad e inició una nueva era en el pueblo Sumerio, llevando la escritura y el lenguaje de los Dioses a Mesopotamia.]

DIVISIÓN DEL AÑO TERRESTRE

– Dividieron el año en 13 Lunas: Unaga, Mena, Lano, Ceros, Mens, Laime, Gisho, Manga, Klemnu, Tin, Meinos, Danama, e Ilashi.
– Cada 2 lunas de 20 días le sigue una luna doble. «Al finalizar el año, dedicamos 5 días a la veneración de los Dioses. Seguidamente celebramos nuestra fiesta sagrada más importante, el solsticio, cuando se inicia la renovación de la Naturaleza.»

LA PRIMERA GRAN CATÁSTROFE (10.468 A.C.)

«Había signos extraños en el cielo. El crepúsculo cubría la superficie de la Tierra. El sol brillaba todavía, mas una bruma grisácea, grande y poderosa, comenzaba a oscurecer la luz del día. Signos extraños se mostraban en el cielo. Las estrellas parecían piedras perezosas. Sobre las colinas se cernía una niebla venenosa. Los árboles desprendían un fuego maloliente. Un sol rojo y un sendero negro se cruzaban entre sí. Negro, rojo, las cuatro esquinas de la Tierra estaban rojas.»
«Los Servidores Escogidos estaban llenos de espanto y de terror. Ya no veían ni el Sol ni la Luna, ni las estrellas. La confusión y la oscuridad estallaban por doquier. Imágenes extrañas pasaban por sobre sus cabezas. La resina goteaba desde el cielo y, en el crepúsculo, los hombres caminaban desesperados en busca de comida. Mataron a sus propios hermanos. Olvidaron el testamento de los Dioses. La era de la sangre había comenzado.»

En el período anterior a la hora cero existía otra nación de dioses que era hostil a nuestros Maestros Antiguos. Según las imágenes del Gran Templo del Sol en Akakor, las extrañas criaturas parecían hombres. Tenían mucho pelo y eran de piel rojiza. Como los hombres, tenían cinco dedos en las manos y cinco en los pies; mas de sus espaldas crecían cabezas de serpientes, de tigres, de halcones y de otros animales… Las dos razas de dioses, comenzaron a disputar. Quemaron el mundo con calor solar y trataron de arrebatarse el poder la una a la otra.
[los mitos y textos de diferentes culturas antiguas hablan de esas dos naciones, una que habitaba en el continente de Lemuria o Tierra de Mu en el océano Pacífico y la otra en el continente de la Atlántida o Atlantis en el océano Atlántico]
«Este es el relato de cómo perecieron los hombres. ¿Qué es lo que le ocurrió a la Tierra? ¿Quién la hizo temblar? ¿Quién hizo bailar las estrellas? ¿Quién hizo salir a las aguas de las rocas? Numerosas fueron las calamidades que visitaron al hombre; varias las pruebas a las que estuvo sujeto. Hacía un frío terrible, y un viento helado soplaba sobre la Tierra; hacía un calor terrible, y las personas se quemaban con su propio aliento. Los hombres y los animales huían sobrecogidos por el pánico. Corrían desesperados de un lado a otro. Intentaban subir a los árboles, pero los árboles los rechazaban; intentaban llegar a las cavernas, pero las cavernas se desplomaban y los sepultaban. Lo que estaba abajo se puso arriba, y lo que estaba arriba se hundió en las profundidades. El sonido y la furia de los Dioses parecían no tener fin. Incluso los refugios subterráneos comenzaron a temblar.»
La forma del continente antes de la Primera Gran Catástrofe difería considerablemente de su forma actual. Era mucho más frío y la lluvia caía regularmente. Podían distinguirse con claridad los períodos de sequía y los de lluvia. Todavía no existían los grandes bosques. El Gran Río era más pequeño y afluía hacia los dos océanos. Los afluentes lo unían con el lago gigante en el que los dioses habían erigido el complejo religioso de Tiahuanaco sobre la costa del sur.
El curso de los ríos quedó alterado, y la altura de las montañas y la fuerza del sol cambiaron. Hubo continentes que quedaron inundados. Las aguas del Gran Lago retrocedieron hacia los océanos. El Gran Río fue desplazado por una nueva alineación montañosa y afluía ahora rápidamente hacia el Este. En sus orillas nacieron y crecieron enormes bosques. Un calor húmedo se extendió sobre las regiones orientales del imperio. En el Oeste, donde habían surgido unas gigantescas montañas, las personas se congelaron con el frío cerrado de las elevadas altitudes.

SEGUNDA GRAN CATÁSTROFE (3166 A.C.)

[Corresponde al Diluvio Universal que menciona la Biblia y tantos otros escritos antiguos. Según la descripción en la crónica, un objeto gigantesco, como un asteroide o meteorito, atravesó el cielo y provocó una lluvia que inundó todo el territorio. Posiblemente se trate del acercamiento del cometa Nibiru que mencionan los Sumerios]

LOS DOCUMENTOS DE LOS DIOSES

Los Maestros Antiguos dejaron documentos secretos que se guardan en el Gran Templo del Sol subterráneo. Estos se componen de grabados, de mapas y de dibujos misteriosos realizados por los Dioses y que hablan sobre la enigmática y oscura prehistoria de la Tierra.
Uno de los mapas muestra que nuestra Luna no es la primera y que tampoco es la única en la historia de la Tierra. La Luna que nosotros conocemos comenzó a acercarse a la Tierra y a girar en derredor de ella hace miles de años. En aquel entonces el mundo tenía otro aspecto. En el Oeste, allí donde los mapas de los Blancos Bárbaros solamente registran agua, existía una gran isla. Asimismo, en la parte septentrional del océano se encontraba una gigantesca masa de tierra.
Según nuestros sacerdotes, ambas quedaron sumergidas bajo una inmensa ola durante la Primera Gran Catástrofe, la de la guerra entre las dos razas divinas. Y añaden que esta guerra trajo la desolación a la Tierra y también a los mundos de Marte y de Venus, que es como los Blancos Bárbaros los llaman.
Basándose en los documentos dejados por los Dioses, nuestros sacerdotes conocen muchas de las cosas que siguen siendo desconocidas para los Blancos Bárbaros.
– Conocen las cosas más pequeñas y las más grandes, y la materia de la que todo se compone.
– Estudiaron el curso de las estrellas y las relaciones en la naturaleza.
– Exploraron las fuerzas espirituales del hombre, cómo gobernarlas y cómo aplicarlas.
– Nuestros sacerdotes han aprendido a hacer que los objetos puedan volar por el espacio, y a abrir el cuerpo del enfermo sin tocarlo.
– Saben cómo transmitir el pensamiento sin utilizar palabras. Esto les permite comunicarse con otras personas a través de las más largas distancias, no en detalle, sino que pueden transmitirse si sus corazones están alegres o tristes. Pero para esta comunicación son precisos el conocimiento del legado de los Dioses y un poder sobre las fuerzas mentales.

EL LEGADO DE LOS DIOSES

El testamento de los Dioses enseña cómo vivir y cómo morir. Afirma la existencia de una vida después de la muerte. Nos enseña cómo se crea el cuerpo, cómo se consume y cómo es constantemente modificado por el alimento. Por esta razón, el cuerpo no puede representar nuestra vida real. Nuestros sentidos dependen de nuestro cuerpo, y son albergados por él como la llama por una vela. Cuando la vela se extingue, los sentimientos de extinguen igualmente. Por tanto, tampoco los sentimientos pueden ser nuestra vida real. Dado que nuestro cuerpo y nuestros sentimientos están sujetos al tiempo, su carácter está compuesto de cambio. Y la muerte es el cambio completo. Nuestra herencia nos enseña que la muerte destruye algo de lo que en realidad podemos prescindir.
El yo real, la esencia de los humanos, la vida, está fuera del tiempo. Es inmortal. Tras la muerte del cuerpo, el yo regresa al lugar de donde provino. Así como la llama se sirve de la vela, el yo se sirve del hombre para hacer manifiesta su vida. Tras la muerte, regresa a la nada, al comienzo del tiempo, al primer comienzo del mundo. El hombre forma parte de un grande e incomprensible desarrollo cósmico que se desenvuelve y que está gobernado por una ley eterna. Nuestros Maestros Antiguos conocían dicha ley.
Así es como los Dioses nos enseñaron el secreto de la segunda vida. Ellos nos mostraron que la muerte del cuerpo es insignificante y que solamente importa la inmortalidad de la vida, liberada del tiempo y de la materia.
Las Pirámides eran símbolos de la vida y la muerte, un signo del sol, de la luz, de la vida. Hay un lugar entre la vida y la nada, que está sujeto a un tiempo diferente. Para ellos (Dioses), las pirámides suponían una conexión con la segunda vida.
«Todo existe y todo se consume. Así es como hablan los Dioses. Y así lo enseñaron a las Tribus Escogidas. Todos los hombres están sujetos a sus leyes, porque existe una relación interna entre el cielo que está arriba y la Tierra que está abajo.»

PROFECÍAS DE LOS UGHA MONGULALA

Según las profecías de los sacerdotes, en el año 12.462 (1981) sobre vendrá una tercera Gran Catástrofe que destruirá la Tierra. La catástrofe se iniciará allí donde Samón estableciera su gran imperio. En este país estallará una guerra que lentamente se irá extendiendo por toda la Tierra. Los Blancos Bárbaros se destruirán los unos a los otros con armas más brillantes que mil soles. Solamente unos pocos sobrevivirán a las grandes tempestades de fuego, y entre ellos, se encontrará el pueblo de los Ugha Mongulala que se ha refugiado en las residencias subterráneas.
«Un terrible destino le espera a la Humanidad. Una conmoción se producirá y las montañas y los valles temblarán. La sangre caerá desde el cielo y la carne del hombre se contraerá y se volverá fofa. Las personas estarán sin fuerza y sin movimiento. Perderán la razón. Ya no podrán mirar hacia atrás. Sus cuerpos se desintegrarán. Así será cómo los Blancos Bárbaros recogerán la cosecha de sus actos. El bosque se llenará de sus sombras, agitadas por el dolor y por la desesperación. Entonces regresarán los Dioses, llenos de pesar por el pueblo que olvidó su legado. Y surgirá un nuevo mundo en el que los hombres, los animales y las plantas vivirán juntos en una unión sagrada. Entonces comenzará la nueva Edad de Oro.»

Karl Brugger

Fue un periodista alemán que debió saber demasiado, pues fue asesinado «curiosamente» en 1981, no muchos años después que escribiera su célebre libro «Las crónicas de Akakor», donde se relatan hechos del todo interesantes y que podrían derribar varias creencias en torno a si somos la única humanidad, al origen del hombre americano, la posibilidad de vivir subterráneamente, etc.

LA CRONICA DE AKAKOR
(Die Chronik von Akakor)

KARL BRUGGER
Econ Verlag, Dusseldorf, 1976
Editorial Pomaire, España, 1978

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Lemuria

La Lemuria es una secuencia de codificaciones en los filamentos de su ADN. Es su parte antigua que buscan y no ven reflejada en el mundo que los rodea. Es la hebra dorada que se teje a través de un tapiz de tiempo que tiene una vibración distinta a la de las demás hebras de encarnación.

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Existio Mú y Lemuria?

A lo largo de las épocas, los relatos de ciudades y continentes perdidos han excitado la imaginación del hombre. Todavía hoy prosigue la búsqueda de la isla de Atlantis o Atlántida, que se cree destruida hace más de 10.000 años por terremotos y mareas gigantescas.

La Atlántida no es la única tierra legendaria pérdida bajo las aguas. Se ha dicho que dos continentes enteros desaparecieron sin dejar rastro; los dos eran mayores que la Atlántida y cada uno de ellos ha sido descrito, en algún momento, como la cuna de la humanidad.

Si hemos de creer las leyendas, dos civilizaciones mucho más vastas han desaparecido sin dejar rastro, victimas también de cataclismos naturales. Los nombres de estos dos perdidos jardines del Edén eran Mú y Lemuria. Se supone que Mú estaba situado en el océano Pacífico y que su tamaño doblaba el de Australia. La leyenda afirma que Lemuria ocupaba la mayor parte del océano Índico y unía África con Oceanía.

es el nombre de un hipotético continente, que se piensa estuvo situado en el  Océano Pacífico, antes de que se hundiera en el mar. Su caso parece  similar a los de la Atlántida y  Lemuria.

La primera mención conocida de Mu aparece en las obras de Augustus Le Plongeon (1825–1908), un viajero y escritor del siglo XIX, que llevó a cabo investigaciones de las ruinas Mayas , en la península del Yucatán. Anunció que había traducido las antiguas escrituras Mayas, que demostraban que era una civilización más antigua que las de Grecia y Egipto. Además contaba la historia de un continente incluso más antiguo, llamado , que se había hundido de una manera similar a la Atlántida y cuyos sobrevivientes fundaron la civilización Maya.

En 1864, el abate Brasseur estaba intentando traducir un códice maya usando un “alfabeto” compilado por el conquistador Diego de Landa. Ahora bien, la escritura maya era algo similar a la japonesa o la egipcia, ya que usaba ideogramas que también tenían valor fonético: por lo tanto carecía de alfabeto. Lo que el español había encontrado era un conjunto de símbolos que, leídos en voz alta, sonaban como las letras del alfabeto latino. Brasseur entendió que el códice narraba una catástrofe volcánica que había destruido un continente entero. Su nombre se expresaba en dos símbolos que correspondían a las letras “M” y “U”. Nacía Mú.

En este punto no podemos dejar de recordar al coronel del ejército británico James Churchward (1851–1936), teósofo e investigador condiscípulo de madame Blavatsky; al igual que descubridor y defensor de las evidencias  que configuran la teoría esotérica moderna de la existencia del continente de Mú.

James Churchward, a la sazón coronel británico destinado en la India Colonial de finales del siglo XIX, realizó un sinfín de viajes e investigaciones por toda la India, Siberia y Mongolia en busca de las evidencias arqueológicas del alfabeto Uighur en el que él mismo asegura están escritos los misteriosos archivos secretos Naacals, identificados como las últimas reliquias del sumergido continente de Mú.

James Churchward narra en sus libros, como el año 1866 un ‘rishi’ en la India le mostró unas tablillas antiquísimas guardadas en las cámaras secretas de un arcano templo hindú, las cuales estaban grabadas en un lenguaje ideográfico extraño que, según le contaron los sacerdotes del templo, formaban una pequeñísima porción de los tesoros rescatados por los Naacals antes del cataclismo que sumergió las siete ciudades sagradas que existieron en el continente de Mú. El viejo sacerdote hindú le había enseñado el nacaal, el lenguaje más antiguo que la humanidad haya articulado. Gracias a ello pudo descifrar el coronel la historia de Mu en unas vetustas tablillas de piedra escondidas en el templo del sacerdote.

Según las tablillas, el hombre primitivo apareció en Mú hace dos millones de años y dio origen a una raza muy selecta de 64 millones de individuos. Entonces el continente fue totalmente destruido por una única y violentísima erupción. Hubo, no obstante, algunos supervivientes de los que surgieron las razas que actualmente habitan el globo. Churchward afirmaba que la extensión del continente era de 9.600 por 4.800 kilómetros y su centro estaba próximo al sur del ecuador.

Sesenta y tres millones de personas vivieron en el ahora continente perdido de Mu hace 200.000 años. Los hijos de Mu se volvieron las personas más influyentes en la Tierra. Mu tenía un gobierno increíblemente sofisticado, una cultura floreciente y una tecnología científica. Mucha de la civilización lemuriana vivía en casas con techos transparentes. Ellos construían refugios, hacían ropa, comida, y sus propias herramientas.

Estaban libres de estrés y enfermedad, viviendo en paz por cientos de años. Sus habilidades físicas estaban altamente desarrolladas – telepatía, viaje astral y teletransportación haciendo los dispositivos de comunicación tradicional innecesarios. Eran principalmente una cultura vegetariana y agrícola, que funcionaba en armonía con la naturaleza y la tierra.

Se cree que todas las religiones tienen un origen común en Mu. Hay evidencias de que la religión de Mu data de hace 170.000 años. Estas enseñanzas fueron enseñadas por Osiris, Moisés y Jesús. Moisés condensó las cuarenta y dos preguntas de la religión de Osiris en los Diez Mandamientos. Jesús condensó el texto para que quedara en el idioma de sus días. Las últimas palabras de Jesús en la cruz, ¿fueron en el idioma de Mu?

Churchward explica las afinidades que existen entre las lenguas mayas y griegas. Estas contienen palabras muy similares que provienen de la lengua de Mú, un continente que reguló gran parte del mundo antiguo. Un mapa de Churchward muestra cómo pensaba que los refugiados de Mu se esparcieron después del cataclismo a través de Sudamérica, a lo largo de las orillas de la Atlántida y hacia África.

Churchward viajó también desde la India a Mesopotamia, Siria y Egipto en busca de las evidencias y rastros de las antiguas civilizaciones pre-diluvianas. Tras su pase a la reserva, se estableció definitivamente en Nueva York donde se dedico a viajar por el Oeste de Estados Unidos, Méjico y América Central en busca de esas mismas evidencias que demostraban una línea común en el estilo de esos caracteres arcanos.

En los estados del sur, Churchward analizó múltiples escrituras en piedra logrando encontrar rasgos de civilizaciones antiguas en lugares hoy día desolados. Llegó a comentar: “Tenemos pruebas positivas que toda la región oeste de Norte América estaba poblada por personas civilizadas durante la parte posterior de la Era Terciaria y antes de la Era Glacial. Esas primeras civilizaciones de América vinieron de una tierra llamada Mú.”

Churchward, que pasó una gran parte de su vida estudiando en los antiguos templos hindues, narra en uno de sus libros: “Existen dibujos e instrucciones  para la construcción de la nave y su maquinaria al igual que el generador para su poder de propulsión, etc. El poder de alimentación se absorbe desde la atmósfera en forma simple e inexpensiva. El generador se parece a una turbina de las nuestras porque funciona y opera de una cámara hacia otra… el poder es ilimitado, o puede ser ilimitado por lo que los metales puedan soportar… He encontrado narraciones de varios vuelos realizados que de acuerdo a nuestros mapas comprenden una distancia de unas 1000 a 3000 millas sucesivamente.”

Churchward ha estudiado profundamente los templos antiguos, el manuscrito troyano, y un libro antiguo maya escrito en Yucatán. Se cree que el libro fue escrito hace unos 2000 a 3000 años. Churchward estudió también el código cortesano. Hizo unas referencias sobre un registro antiguo escrito en un templo budista en Lhasa. Todos estos escritos confirman las narraciones sánscritas acerca del imperio del sol que fue destruido en tiempos lejanos.

Posteriormente a sus trabajos, muchos investigadores, arqueólogos y eruditos han encontrado un sin fin de pruebas  y hallazgos arqueológicos entre los que se encuentran los 270 caracteres pictográficos figurativos encontrados en multitud de sellos de esteatita durante las excavaciones en las ruinas arqueológicas de las ciudades ribereñas del Indo, situadas en las regiones del Sindh, Lothal y Gujarat. En Mesopotamia (antigua Sumer), las ruinas arqueológicas de las ciudades antediluvianas de Eridu, El Obeid, Uruk y Djemdet se encuentran estelas con caracteres ideográficos de corte similar a los Indostánicos rescatadas de entre los restos de sus colosales edificios de terrazas y templos.

Pero lo más curioso es que dichos caracteres se encuentran esparcidos desde Pascua  hasta Perú, América central y México, en un sinfín de formas simples y simbólicas que siempre acompañan a las gigantescas construcciones megalíticas originarias, algunas de ellas sumergidas como las polémicas moles ciclópeas submarinas en el cabo Isekiu o Iri-Zaki, en la isla de Yonaguni, cerca de Okinawa en el Sur del Japón.  Los monumentos de piedra de origen misterioso salpican todo el Pacífico, desde los enigmáticos petroglifos en la Gran Isla de Hawai hasta la Isla de Pascua entre sitios sagrados y megalíticos.

Todos estos caracteres ideográficos no son sino los signos y símbolos Lemures y Atlantes, que según los Teósofos dieron paso, durante nuestra Quinta Raza o Raza Aria, a nuestra escritura moderna como actualmente la conocemos.

El relato sobre el continente perdido de Lemuria tiene una base lógica más firme. El nombre del continente fue acuñado por el profesor Philip Sclater, zoólogo británico del siglo XIX, y deriva del animal llamado lémur. Los fósiles de lémures y de otros animales de eras anteriores, encontrados en África y Malasia, sugirieron a Sclater la posibilidad de que existiera un continente perdido bajo el océano Índico.

Entre quienes apoyaron la teoría de Sclater, se contaban el eminente biólogo Ernest Hackel y el evolucionista Thomas Huxlev.

El nombre de Lemuria proviene de lémur, animal parecido al mono que vive en África, en el sur de la India y en Malasia. El zoólogo británico P. L. Sclater, que ideó el término Lemuria, aseguró que el extenso continente se extendía desde Madagascar por el sur de Asia hasta el archipiélago malayo. Era un inmenso hábitat de lémures cuando fue invadido por el mar.

Esta teoría fue confirmada por el hallazgo de animales fósiles semejantes, en zonas tan apartadas como la provincia sudafricana de Natal y el sur de la India. Entre otros evolucionistas del siglo XIX, el británico Thomas Huxley expresó su creencia en Lemuria, y el biólogo alemán Emst Haekel sugirió que el desaparecido continente pudo haber sido «cuna de la humanidad». De este modo surgió la hipótesis de que Lemuria fue sede del Paraíso Terrenal.

El surgimiento y caída de la civilización lemuriana no puede documentarse con certeza, aunque muchos han ido en busca de su continente mitológico. Se ha sabido que las civilizaciones perdidas surgen y caen – o solamente aparecen y desaparecen sin explicación. Como con los atlantes uno solamente puede especular lo que sucedió, basados en la evidencia arqueológica, leyendas y piezas de teorías reunidas por investigadores.

Como con las civilizaciones más antiguas y perdidas, los lemurianos construirían pirámides o ziggurats – pirámides de escalones –, ligándolas a sus dioses que viven arriba (o en frecuencia más elevada). Estos serían lugares de adoración y sacrificio, o áreas de aterrizaje para naves espaciales. Las estructuras piramidales simbolizan la conciencia en espiral y la ascensión al lugar de los dioses y diosas que residen ‘arriba’ de nuestra realidad en un plano más elevado de existencia. ¿Hay un enlace entre los lemurianos y las pirámides mayas?

La localización exacta de Lemuria varía con autores e investigadores diferentes, aunque es parte de los misterios de la región pacífica fluyendo hacia el continente americano, así como la Atlántida está ligada a las áreas de tierra del Atlántico que se extienden al Mar Mediterráneo. La ubicación de Lemuria, está ligada a un área con poderosos terremotos y volcanes que continúan, después de estar dormidos por muchos años. Parecería que las leyendas de la antigua Lemuria nos hablan una vez más con señales de advertencia – como supuestamente lo hicieron para los lemurianos  antes de que el continente se hundiera en el mar.

Muchos creen que la Isla de Pascua fue parte de Lemuria. Sus cientos de colosales estatuas de piedra y lenguaje escrito apuntan hacia una cultura avanzada, no obstante apareció el punto más remoto del mundo. Las leyendas de la Isla de Pascua hablan de Hiva que se hundió bajo las olas cuando la gente huyó.

Los samoanos llamaron a un lugar similar Bolutu. Era abastecido con árboles y plantas de frutas y flores, las cuales eran inmediatamente reemplazadas cuando se cosechaban. En Bolutu, los hombres podían caminar a través de los árboles, casas y otros objetos físicos sin ninguna resistencia.

Los Maoris de Nueva Zelanda aún hablan acerca de la llegada de hace mucho tiempo desde una isla hundida llamada Hawaki, un vasto y montañoso lugar del otro lado del agua.

¿Tiene el descubrimiento del Hobbit de Flores – en octubre del 2004 – dos meses antes del tsunami y los terremotos – algún enlace con Lemuria?

Hay varias fechas para la línea de tiempo lemuriana – algunas colocándola hace millones de años – mientras que otros definen la era lemuriana aproximadamente de 75.000 a 20,000 AC – antes de los atlantes. Otros especulan que la Atlántida y Lemuria co-existieron por miles de años.

Es posible que continentes como Lemuria y Mu hayan existirlo, pues los terremotos, las inundaciones y las erupciones volcánicas han cambiado numerosas veces la faz de la Tierra.

Seguramente continentes ahora separados por miles de kilómetros estuvieron una vez juntos. Ello explica que en partes diferentes del globo aparezcan plantas y animales de la misma especie. Hoy se sabe que los continentes actuales se han disgregado de una primitiva masa única. Pero el fenómeno se produjo mucho antes de la aparición del hombre.

Para los principiantes en este tipo de estudio la tierra de Mu es Lemuria. Los geólogos creen que después del enfriamiento de nuestro planeta toda la tierra estaba formada por un gran continente llamada Pangea rodeado por un gran océano conocido como Panthalassia. Con el pasar de las edades Pangea se dividió en dos partes. Laurasia era compuesta por Norte América, Europa, y Asia. Gondwana se componía de Sur América, África, Antártica, India, y Australasia.

En 1939 en la región del círculo ártico el explorador Stefanson descubrió 800 casas. El nombre del lugar es conocido como El Lutak y se asemeja al sistema lingüístico semita. Los esquimales lo conocían como Ipiutak. Gozaban de una cultura similar al de los Mayas. Artefactos antiguos encontrados en Ontario Canadá reflejan la presencia de una antigua civilización que moraba en esa región hace aproximadamente unos 17.000 años.

En algunos estados del centro de los EE.UU. se encuentran cadenas de montículos semejantes a las pirámides de Egipto y Méjico. Su construcción geométrica requeriría conocimiento matemático y de ingeniería. En su interior se han encontrado cobre, brazaletes, ornamentos de plata, y hierro oxidado.

Esto refleja que los antiguos habitantes de la región tenían un vasto conocimiento de metalurgia lo que revela que estos habitantes no eran tan primitivos como se ha enseñado por largo tiempo. Existen diversas opiniones sobre el origen de estos habitantes. Algunos comentan que pudieron haber venido de Méjico.

Algunos símbolos cósmicos aparentemente pueden ser derivados de Lemuria. La construcción de los montículos servía no solo como hogar sino como una fortificación contra razas salvajes provenientes de los estados del norte. Algunos descubrimientos sugieren el culto a la serpiente.

El culto a la serpiente tiene una connotación con los hombres serpientes. Los hombres serpientes eran seres dotados de gran sabiduría y según los descubrimientos de las creencias de las naciones antiguas estos seres dotados de gran sabiduría eran provenientes del Espacio según las creencias de estos pueblos. ¿Cómo llegó esta creencia de las culturas antiguas del Asia, Europa, y del Medio Oriente hasta los habitantes de los estados centrales de Norte América?

Esta civilización desapareció sin dejar rastros. Algunos expertos creen que esta civilización fue invadida por otras razas. Una mejor fuente de información explica que la misma desapareció debido a un cataclismo de grandes proporciones que se produjo en la región.

La enseñanza aceptada es que los antiguos habitantes de América vivieron aislados. Esto crea grandes problemas escolásticos pues de ser así; ¿cómo se explica las siguientes realidades? Los mayas tienen un cercano parecido facial a los orientales chinos incluso la formación de sus ojos son extremadamente parecidos. Los indios okanogan cuentan una leyenda que se asemeja a los relatos de la destrucción de Lemuria. Cuentan que en un tiempo de antaño en el centro del océano existió una gran tierra conocida como Samah Tumi Whoolah que significa “tierra del hombre blanco.”

Sus habitantes eran gigantes y eran gobernados por una reina blanca llamada Scomalt. esta poseía los poderes de los Tamahknowis. Encontramos que la creencia en cuanto a los Tamaknowis era que éstos eran provenientes del cielo (el Espacio Exterior). Con el transcurrir de las edades los gigantes se degeneraron llegando al salvajismo crónico produciendo al ira de la gran reina.

Cuanta la leyenda que ésta dividió aquella parte de la gran isla en que moraban los gigantes haciendo que la misma quedara solitaria en medio del océano. La misma se hundió progresivamente hasta desaparecer. Antes de su completa destrucción un hombre y una mujer construyeron una embarcación. Pasaron largas noches y días viajando por el océano hasta alcanzar las costas de América. Su piel se tornó rojiza debido a la alta exposición de los rayos del Sol.

Los relatos esotéricos del Ramayana narran con suma claridad sobre la victoria que Rama tuvo sobre Ravan, señor de Lanka en Ceilán. La victoria de Rama representa la victoria de los hijos de Dios sobre los atlantes quienes se rebelaron contra los señores del firmamento, que son a la vez los señores del fuego.

En la cultura oriental éstos eran vistos como los seres de luz cuya morada se remontaba en el lugar de las estrellas. El libro Stanzas de Dzyan escrito en el antiguo idioma de Senzar narra como los señores del fuego descendieron e inspiraron a la civilización de Lemuria. Estos relatos son eventos de la historia no escrita que quedaron borrados por las calamidades y las grandes guerras del pasado, donde se destruyeron enormes cantidades de papiros y manuscritos antiguos.

La historia nos ha demostrado ya en varias ocasiones que los mitos tienen algo de realidad. Las ciudades de Troya, Machu Pichu, los tesoros del rey Tut, y las pirámides del Lejano Oriente son solo algunas de las pruebas que nos han hecho recapacitar. Los misterios de la Humanidad están ahí esperando ser descubiertos y estudiados por los amantes de la Verdad.

Fuente: Old Civilizations

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Lo que el océano esconde

«Sí, Solón, hubo un tiempo, antes de la más grande destrucción por las aguas, donde la ciudad que es hoy de los atenienses era, de todas, la mejor para la guerra (…) En ese tiempo se podía pasar por este mar. Había una isla delante de ese pasaje que ustedes llaman las Columnas de Hércules (…). Ahora bien, en esta isla Atlántida, sus reyes habían formado un gran y maravilloso imperio (…).”Fragmento de El Timeo, de Platón.

Durante el verano del año 2000 el científico y explorador oceanógrafo Robert Ballard,  al frente de una expedición en el Mar Negro, encontró huellas de asentamientos humanos a más de 100 m. de profundidad. La noticia fue ampliamente difundida por los medios de comunicación pues constituía una constatación de que en el pasado, el nivel del mar se encontraba más bajo que en la actualidad.

Sin embargo los científicos tienen pocas dudas al respecto; durante los últimos 100.000 años, los niveles oceánicos han sufrido fuertes oscilaciones,  pero siempre por debajo de la cota actual. Debido a que el planeta se encontraba inmerso en la llamada Cuarta Glaciación,  el agua que se evaporaba de los océanos no volvía a ellos en la misma proporción pues se acumulaba en forma de hielo y nieve sobre las tierras emergidas. Al no recuperar estas aguas evaporadas, los mares bajaban de nivel, tanto más cuanto mayor fuera la bajada de las temperaturas. Se estima que en el periodo más frío de la glaciación, -que se conoce como “máximo glacial”-, el nivel del mar llegó a estar entre 120 y 140 m. más bajo que en nuestros días. Finalmente, hace entre 20 y 18 mil años, dio comienzo el periodo de desglaciación, que duró hasta hace 8 mil años y el nivel del mar aumentó hasta ser el que tenemos en la actualidad.

Nivel del mar durante los últimos 140.000 años, según las terrazas de coral de Huon (Nueva Guinea). El descenso del nivel del mar provocó la emersión de vastas extensiones de plataformas marinas. (El grosor de la línea de variación indica la incertidumbre en el análisis) La tabla aparece en el libro «Historia del clima de la Tierra» del profesor Antón Uriarte Cantolla.

Dado que se estima que nuestra especie surgió en el sureste de África hace entre 130 y 150 mil años, no es de extrañar que existan vestigios de asentamientos humanos a las profundidades en las que los halló Ballard, no sólo en el Mar Negro, si no en otros muchos lugares del planeta. Mientras se extendían por todos los continentes, nuestros ancestros sufrieron los rigores de un clima sensiblemente más frío, en unas tierras con unas líneas de costa más bajas que las actuales.

El problema, la controversia, surge cuando se encuentran estructuras sumergidas cuya construcción requiere de unos conocimientos, unas herramientas, una organización social, en definitiva un nivel de civilización que la Arqueología ortodoxa no otorga a pueblos que vivieron como poco hace 10.000 años.

Ahora, si al lector le place, emprenderemos un viaje a la búsqueda de restos de antiguas construcciones,  vestigios de pretéritas y desconocidas civilizaciones que vivieron a orillas de un mar más bajo que el actual.

 

Yonaguni

Situada en el océano Pacífico, a apenas 70 millas de la costa oriental de Taiwán y a 300 millas al suroeste de Okinawa, la isla japonesa de Yonaguni  constituía hasta hace unos años un destino turístico menor para aficionados al buceo japoneses. Sin embargo, en 1985 tuvo lugar un descubrimiento en sus fondos marinos que ha hecho que el nombre de la pequeña isla sea conocido en todo el mundo. Aquel año, el guía de buceo local Kihachirō Aratake, cuando buscaba nuevos lugares donde poder practicar buceo, se topó con lo inesperado. En plena inmersión en una zona conocida como Iseki Point, ante sus ojos aparecieron unas espectaculares estructuras líticas que parecían los restos de un antiguo y majestuoso monumento hecho por el hombre.

 

Poco tiempo después, el Dr. Masaaki Kimura, profesor del Departamento de Ciencias Físicas y Terrestres en la Universidad de Ryukyus, Okinawa, se interesó por el descubrimiento y desarrolló un proyecto para cartografiar la estructura hallada por Aratake. Aunque se ha especulado mucho acerca de si se trata de una formación geológica natural o de una obra hecha por el hombre, el Dr. Kimura, tras más de 15 años de investigación en los que él y su equipo han efectuado más de 140 inmersiones en  la zona, ha llegado a la conclusión de que el  Monumento Yonaguni, (como se le conoce en Japón), es, en su totalidad, una construcción artificial, tallada en la roca viva por manos humanas. Además de la estructura principal, se han encontrado otras en sus alrededores. Una de ellas es un  curioso recinto llano rodeado de rocas que quizás fueran talladas a modo de gradas y que ha recibido por parte del equipo del Dr. Kimura, el nombre de “El Estadium”, por su semejanza con un lugar destinado a albergar ceremonias o incluso algún tipo de espectáculo.
Teniendo en cuenta su antigüedad y que toda la zona ha sufrido a lo largo de la historia numerosos y fuertes seísmos, el estado de conservación de estos conjuntos es asombroso.

Es probable que el Monumento Yonaguni fuese tallado aprovechando la configuración natural de las rocas donde se encuentra y esto hizo que tuviera ese aspecto “escalonado”. Pues bien, si tenemos en cuenta su antigüedad y la procedencia de los grupos humanos que poblaron el continente americano, ¿serían construcciones como la de Yonaguni inspiradoras de las pirámides escalonadas que luego se construyeron en América?…

Esculpidos en la piedra viva, estos escalones recuerdan a los de Yonaguni pero… se encuentran en los Andes, en Quenko, cerca de Cuzco, Perú.

Y estos, también en América del Sur, pertenecen a la fortaleza Inca de Sacsahuamán.

Por otro lado, los geólogos admiten la posibilidad de que durante la era glacial quedase al descubierto una basta extensión de terreno que, a modo de puente, llegó a unir Okinawa con Yonaguni, continuando hasta Taiwán que, a su vez, formaba parte de las tierras continentales. Junto con el hecho de que en aguas de Okinawa también se hayan encontrado restos sumergidos, lo encontrado en Yonaguni daría nuevos pábulos a las leyendas sobre un continente perdido en el Pacífico llamado Mu. En cualquier caso, dada su antigüedad, el Monumento Yonaguni constituiría una de las construcciones humanas más antiguas, anterior en varios miles de años a las pirámides egipcias, (según su datación oficial) y representaría tener que admitir que el pueblo que lo construyó poseía niveles de civilización inesperados para la época.

Por el momento la arqueología ortodoxa no se ha pronunciado con claridad sobre este descubrimiento.

El Monumento Yonaguni 1 es una estructura tallada en la roca viva hace como poco 10.000 años, que es cuando los geólogos estiman que estaba por encima del nivel del mar. Tiene una longitud aproximada de 120 m. una anchura de 40 m. y una altura de 20 m. Su base descansa a una profundidad de 25 m. y su parte superior se encuentra a 5 m. de la superficie. Se especula sobre  si era una especie de templo o tenía funciones defensivas.

En esta especie de Moai, el equipo del Dr. Kimura cree encontrar la tosca representación de un rostro humano.

 

 

 

 

La Atlántida… Siempre la Atlántida

Es de suponer que cuando Platón recogió en sus diálogos, (en el Timeo y en el Critias), el mito de la Atlántida, no pensó en los ríos de tinta que tal hecho iba a hacer correr en el futuro. Pero así ha sido. Mucho se ha escrito sobre la Atlántida y mucho se la ha buscado. La idea de una utópica civilización que floreció en una isla situada “más allá de las Columnas de Hércules”, alrededor del año 10.000 a.C. nada menos, que fue tragada por el océano, ha fascinado desde siempre a las imaginaciones inquietas. Se la ha supuesto situada en las islas Canarias, en las Azores, en la península Escandinava, en Groenlandia… Incluso se la ubicó en una isla griega en el mar Egeo llamada Thyra, (sepultada por una erupción volcánica alrededor del año 1500 a.C.), cuando no en la mismísima isla de Creta. Pero en ninguno de estos lugares se han encontrado restos arqueológicos que puedan ser prueba irrefutable de su presencia.

Otros investigadores han defendido la idea de que la Atlántida pudo asentarse en el continente antártico y que sus restos se hallan bajo su grueso manto de hielo. Para ello, sostienen  que, antes del final de la última glaciación, la Antártida se ubicaba en una latitud más al norte de la actual, con un clima menos frío, que hubiera permitido el desarrollo de asentamientos humanos. La enorme acumulación de hielo en los polos durante esa época, habría producido un relativamente rápido deslizamiento de la corteza terrestre hasta situar a la Antártida en su emplazamiento actual. Sin embargo, no existen evidencias geológicas de que esto se halla producido. No existe rastro de ello en los registros paleomagnéticos de las rocas, ni en la Antártida, ni en los fondos oceánicos, ni en los otros continentes. Así mismo, estudios geológicos sobre la datación de la apertura del Estrecho de Drake, (entre la Antártida y el cono sur americano),  sitúan este hecho hace 41 millones de años, lo que coincide con la datación del origen de la placa de hielo antártico. Para los científicos, la idea de que la Antártida se desplazó hasta su ubicación actual hace unos miles de años es, sencillamente, un disparate.

También hay quien ha querido identificar a la Atlántida con el continente americano. En 1968, fueron encontrados bajo las aguas de Bimini, en las islas Bahamas, unas formaciones rocosas cuyas características hicieron pensar a algunos que podrían tratarse de evidencias arqueológicas, pero esto no se confirmó.

Formaciones rocosas en el fondo marino de Bimini, Bahamas. Aunque se ha especulado sobre su posible origen artificial, no se han producidos otros hallazgos que confirmen esta idea. La opinión más generalizada es que se trata de una formación geológica natural.

Recientemente el hallazgo de estructuras de piedra, de posible origen artificial, sumergidas a 650 m. de profundidad cerca de la costa sur occidental de la isla de Cuba, ha vuelto a poner de actualidad esta idea. (Véase recuadro adjunto).

En el año 2001, cuando se realizaban trabajos de prospección del fondo marino con un sonar de barrido lateral, en aguas de la isla de Cuba, se encontraron unas sorprendentes estructuras sumergidas a más de 600 m. de profundidad que, por su aspecto y en palabras de Manuel Iturralde, uno de los geólogos más reputados de Cuba, “no formaban parte de la geología de su entorno”. En Marzo de 2003, el periodista e investigador Luis Mariano Fernández viajó a Cuba en donde se entrevistó con Iturralde y con Paulina Zelinsky, la oceanógrafa que se encontraba al frente de la expedición que dio con el hallazgo. La Dra. Zelinsky confirmó al periodista español que se habían observado enormes bloques de piedra con formas geométricas perfectas, que parecían cortados y encajados unos con otros por manos humanas. Luis Mariano Fernández regresó a España con imágenes del descubrimiento que la propia Dra. Zelinsky le facilitó y que fueron dadas a conocer por primera vez en España.
Algunas de esas imágenes y las entrevistas fueron publicadas en su día por la revista Enigmas.

En la actualidad estos asombrosos hallazgos se encuentran en fase de exploración.

Impresionante imagen sonar de las estructuras. Su grado de simetría es sorprendente.

La Dra. Zelinsky entrevistada por Luis Mariano Fernández

 

De confirmarse este descubrimiento, aún en investigación, quizás habría que revisar los cimientos de la Historia, pero no parece lógico situar la Atlántida en un lugar geográfico tan alejado del mar Mediterráneo, teniendo en cuenta que las crónicas de los antiguos griegos nos hablan de que los atlantes comerciaron y mantuvieron guerras con pueblos de la rivera mediterránea.

Entonces, ¿existió realmente la Atlántida o se trata de un mito del mundo antiguo? Para algunos investigadores no hay dudas respecto a que civilizaciones antiguas poseyeron niveles de desarrollo y conocimientos técnicos superiores en algunos aspectos a los que se tuvieron en tiempos posteriores. Se ha querido ver en esto la influencia de una civilización superior anterior, desconocida aún para la Arqueología. Sin embargo el problema surge cuando se piensa en la cronología que otorga Platón a la Atlántida: 10.000 años a.C. Veamos por qué.

Tradicionalmente historiadores y antropólogos, han vinculado la aparición de las primeras civilizaciones humanas al descubrimiento de la agricultura. Cultivar la tierra acabó con la necesidad de la vida nómada que llevaban los grupos de cazadores-recolectores anteriores a las primeras sociedades agrícolas. También produjo excedentes de alimentos, con lo que no todos los miembros válidos del grupo tuvieron que dedicarse a su obtención. Esto permitió la existencia de artesanos, de una incipiente clase dirigente y del inicio de actividades de intercambio comercial con otros pueblos. En algunos lugares, como en Mesopotamia, el valle del Indo y el valle del Nilo, las inundaciones anuales de sus ríos ocasionaban una fertilización natural de las tierras adyacentes, que producían por ello abundantes cosechas. Fue en estos valles donde aparecieron las primeras civilizaciones humanas conocidas. Podemos inferir por tanto, la siguiente proposición: para que se produzca una civilización, deben existir excedentes de producción de alimentos. Pero, aunque existen algunas evidencias de que en ciertos lugares la agricultura empezó a utilizarse en fechas próximas al año 10.000 a.C., no es hasta varios milenios después que su uso comienza a generalizarse. Por tanto los historiadores son reacios a admitir la posibilidad de que una cultura alcanzase el grado de “civilización” con anterioridad a estas fechas.

Pues bien, ya tenemos las pistas necesarias para tratar de ubicar la Atlántida.

Debemos buscar un lugar “más allá de la Columnas de Hércules”, pero no lejos del Mediterráneo, en donde, en torno al año 10.000 a. C., sin mediar la agricultura, pudieran producirse excedentes de alimentos.

Y ése lugar existió.

 

La Carta Náutica del Estrecho de Gibraltar
del año 10.000 a.C.

Como hemos visto en la tabla cronológica de los niveles oceánicos, 12.000 años antes del presente, el nivel del mar se encontraba alrededor de 100 m. más bajo que en la actualidad y llevaba muchos miles de años por debajo de esa cota. Si dibujamos una carta náutica del Atlántico con estos datos, nos aparecen algunas islas que hoy día se hallan sumergidas, como es el caso de la dorsal conocida como “Gorringe Ridge”, a poco más de 100 millas al Este-Sureste del actual Cabo de San Vicente. Pero es, en mi opinión, más interesante lo que ocurre en las inmediaciones del propio Estrecho de Gibraltar. Nos aparece un paso más largo y más angosto, si cabe, con algunas islas en medio y una gran extensión de terreno que hoy está bajo el mar.

El Estrecho 10.000 años a.C. (En color marrón oscuro, las tierras emergidas en la actualidad). Las rocas de Gibraltar (antigua Calpe) al norte y de Jebel Musa (antigua Abila) al sur, eran consideradas en el mundo antiguo como “Las Columnas de Hércules”. Se aprecia la aparición de una isla de 5 Km. de largo por 3 Km. de ancho, con lo que pudo ser un pequeño puerto natural abierto al Este. Este emplazamiento, hoy sumergido, recibe en la actualidad el nombre de “Bajo Majuan”. A poco más de 20 Km. de este lugar, existe una localidad gaditana que tiene un nombre tan evocador como “Atlanterra”

Pues bien, podemos considerar que  aquellas aguas debieron ser extraordinariamente ricas en especies marinas, especialmente en atunes, pues el Estrecho constituye un paso obligado hacia el Mediterráneo, lugar de desove natural para esa especie. Hoy día lo sigue siendo, exportándose parte de las capturas de atunes a Japón. Es fácil suponer que cualquier pueblo asentado en la zona, dejase de necesitar dedicarse al nomadeo como medio de obtención de alimentos y que, a poco que dominase métodos de conservación del pescado, podría obtener ingentes cantidades de excedentes con los que comerciar y prosperar. Si a esto le unimos que la zona es también rica (y lo fue aún más en aquella época por estar las aguas más frías), en un tipo de alga marina llamada laminaria, que en la antigüedad se consumió por ser una importante fuente de yodo y sodio,  tenemos los ingredientes necesarios para que se diera una “civilización pre-agrícola”. Pero, ¿por qué en el Estrecho y no en otro lugar? Pues porque el Estrecho actuaría a modo de cuello de botella natural, donde la densidad de paso de los atunes sería enorme, produciendo facilidad y abundancia en las capturas, sin que las embarcaciones tuvieran que alejarse peligrosamente de la costa para obtenerlas.

 

“En el país de los ciegos, el tuerto es el Rey”

En un mundo en el que el modo de vida usual era la caza y recolección de alimentos y los grupos humanos se veían obligados a cambiar periódicamente de asentamiento, la aparición de un pueblo que pudo asentarse permanentemente en una zona, que poseía los recursos suficientes como para mantener a artesanos, sacerdotes, dirigentes, incluso un ejercito, debió  ser determinante. Esta cultura del Estrecho, que podríamos llamar también “del atún”,  predominaría sobre las demás, extendiendo su área de influencia, militar y comercial, con facilidad por la rivera mediterránea -tal y como nos cuenta Platón- haciendo que los otros pueblos la vieran con admiración y respeto.

¿Hasta donde llegó esa civilización? No lo sabemos. Quizás fueran aquel pueblo de navegantes que extendieron su influencia por los litorales de muchos lugares. Quizás por eso las culturas megalíticas se dieron preferentemente junto a las costas…

Pero esto, de algún modo, acabó. Con el fin de la cuarta glaciación, el nivel del mar subió y sumergió las islas del Estrecho así como bastas extensiones de tierras continentales. Las condiciones para la pesca del atún debieron endurecerse y los niveles de prosperidad bajaron, iniciándose la decadencia de esta civilización marítima. Pocos milenios después, surgieron otras civilizaciones en el Mediterráneo Oriental, basadas ya en la agricultura, que extendieron su influencia por donde antaño lo hicieran los “atlantes”, quedando su recuerdo idealizado en la memoria, en la transmisión oral y después escrita de ésta,  de muchos pueblos mediterráneos. Quizás su herencia fuera recogida por reinos posteriores, como Tartessos y más tarde por los turdetanos, en un mundo diferente, donde ya existían otras civilizaciones que pugnaban entre sí por la hegemonía comercial y militar.

De lo que aquel viejo sacerdote egipcio contó a Solón y que recogió Platón en su obra, solo habría un detalle por encajar: la extensión de la isla en donde se asentaría la Atlántida. “…una isla tan grande como Asia Menor y Libia, juntas…” Pero esta historia es narrada muchos miles de años después de ocurridos los hechos que relata. Es fácil suponer el alto grado de idealización que para entonces la leyenda atlántica tendría.

Pero entonces, ¿dónde se hallan los restos arqueológicos de esta remota y quizás primigenia civilización? ¿Por qué no se han descubierto? Sencillamente, porque se encuentran cubiertos por capas de sedimentos y arena, bajo decenas de metros de agua salada.

Porque el océano los ocultó…

 

Fuente: http://www.joserafaelgomez.com

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Templo de La Luna – Wayna Picchu (Peru)

Muchas de las cavernas han sido embellecidas por el hombre y convertidas en recintos probablemente destinados a sepulturas. Una de las mas notables se le conoce como el «Templo de la Luna«.

Una caverna apostada debajo de una gran roca con unos siete metros de ancho, 12 m de largo y 2,5 m de alto. Esta se encuentra en Perú, en la majestuosa «Picchu»  que significa «montaña» donde encontramos la emblemática ciudad perdida de los Incas  «Machu Picchu» considerada una de las 7 maravillas del mundo.

En la época colonial Picchu se dividia en dos secciones: una sur, un macizo giboso llamado Machu («mayor» o «viejo»), y otra norte, delgada y erguida, llamada Wayna («menor» o «joven»).

Wayna Picchu debió servir como puesto de vigilancia y centro de comunicaciones quizá, como usualmente se especula, mediante señales visuales.

En «El templo de la Luna» encontramos justo en la entrada la mensionada trilogía inca que consta de tres animales: El cóndor, el puma y la serpiente. Cada uno de ellos representa una parte del mundo en la concepción tripartita. Es decir el mundo dividido en: El Hanan Pacha ( mundo de arriba) representado por el cóndor; el Kay Pacha (el mundo terrenal), representado por el puma y el Ukhu Pacha (el inframundo), representado por la serpiente.

El cóndor símboliza  independencia, para los Incas este era el mensajero de los dioses y de los espíritus. El puma simboliza la sabiduría, la fuerza, la inteligencia. Simbolizaba para los Incas al gobierno, razon por la que probablemente la planificación de la construcción de la ciudad del Qosqo tuviera la forma de un puma. Por ultimo la serpiente que es de  la representación de lo infinito para los incas. Simboliza el mundo de abajo o el mundo de los muertos. -AD

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