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¿Quién se beneficia de la hipótesis oficial del SIDA?

Alfredo Embid es coordinador de AMC / Asociación de Medicinas Complementarias, editora de la revistas Medicina Holística / Medicinas Complementarias.

También es coordinador de los boletines digitales Armas para defender la salud y Armas contra las guerras que se distribuyen semanalmente de forma gratuita por la red.

http://vimeo.com/17239953

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Vinagre de manzana

Un depurativo natural  

“Tiene efectos depurativos y por lo tanto muy saludables”

Producto de la fermentación de la reina de las frutas “La Manzana”, cuyas propiedades saludables ya exceden a el limite de la panacea, en su estado fermentado sigue ofreciendo un sin numero de beneficios.

Entre ellos y creo el mas destacable, es su capacidad depurativa del organismo, movilizador de toxinas y de las llamadas grasas fijas, por su actividad “Hipolipemiante”.

Este tipo de grasas son las que el cuerpo acumula o deposita en determinadas áreas, siendo las mas difíciles de reducir, como lo son las del “cinturón abdominal”, por ello este producto natural, ha comprobado tener efectividad en cuanto a la dilución de este tipo de grasas, movilizándolas hacia los músculos donde pueden se correctamente eliminadas.Permite la remoción de Calcio acumulado en las articulaciones, por lo que es más que adecuado para los problemas de artritis, artrosis, así como para los cálculos o piedras constituidas de este mineral, que como ya he mencionado en otros artículos es sinérgico con el Magnesio, que evita su acumulación y los problemas posteriores.

Es muy rico en:Vitamina A, B1, B6, así como 19 de los minerales esenciales para la vida.Actúa en los casos de reumas, gota, insomnio, sistema nervioso, afecciones cutáneas, como quemaduras, etc.Se consume en forma natural, diluido en agua con algún endulzante natural, preferentemente miel, y también en forma de capsulas de venta libre en farmacias.

En los casos de insomnio se recomienda combinado con miel, y consumirlo antes de ir a dormir, siendo también muy efectivo para las migrañas como un paliativo natural.

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Tú puedes curarte a tí mismo

Bruce Lipton es reconocido internacionalmente por el estudio de la ciencia y el espíritu en los aspectos de la biología y el ADN, así como también el poder de la mente. Cuenta a la Humanidad lo que la ciencia ha descubierto realmente. Ahora falta que los demás científicos sigan su ejemplo en lugar de gastarse millones de dólares en fabricar una vacuna o una pastilla o algo que se le pueda vender al paciente. La solución al cáncer está dentro, no fuera.

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Las Vacunas

Las bacterias son el primer signo de vida en el universo. El ser humano, como se ha dicho, contiene una cantidad de bacterias diez veces superior al número de sus células: vivimos en simbiosis con ellas y las necesitamos para transformar la materia. Así pues, son indispensables para la vida, pero son las primeras en ser víctimas de los antibióticos.

Las vacunas impiden a las bacterias hacer su trabajo, y sin ellas algunos importantes procesos de transformación no pueden tener ya lugar. No tiene ningún sentido impedir a nuestros amigos colaborar. Con las vacunas lo que hacemos es crear el caos en nuestro cuerpo que no está en condiciones ya de distinguir entre lo útil y lo perjudicial: todo nuestro aparato de «reconocimiento» es puesto patas arriba y nuestro sistema inmunitario se debilita por dicha razón: de aquí a las enfermedades por inmunodeficiencia no hay más que un paso.

Cada uno de nosotros nace en un lugar y en una época que están impregnados de un cierto número y tipo de microbios, a los que nos adaptamos durante toda la existencia. Si tenemos la costumbre de trabajar en el huerto o de caminar con los pies descalzos, nos sucederá que nos haremos a menudo pequeñas heridas; cada vez el organismo, en fase de reparación, activará sus defensas en una especie de «antitetánica» espontánea, y poco a poco nos volveremos inmunes al tétanos y a sus toxinas, a las que nos habremos habituado de forma gradual. Es el famoso principio de Mitrídates: ¡unas pocas gotas de veneno todos los días para hacer que la dosis letal ya no lo sea! Pero si nos permitimos el lujo de no vivir nunca en medio de la naturaleza, de no caminar descalzos, de no pincharnos o cortarnos, entonces se volverá útil la vacuna antitetánica. Sigue siendo cierto, de todas formas, también en este caso, que cualquier reacción bacteriológica se produce en una fase de reparación (vagotonía) la que por tanto presupone la existencia de un conflicto al inicio.

No es menos cierto que cuando tomamos el avión para dirigirnos a tierras lejanas entramos en contacto con microbios que nuestro organismo no reconoce y a los que no está adaptado; entonces podemos contraer enfermedades a veces incluso mortales y en este caso se hacen necesarias las vacunas; los viajes en avión, en efecto, no están todavía previstos por nuestra biología; el «plano biológico» del hombre prevé únicamente lentos desplazamientos que le permiten adaptarse de forma paulatina a las nuevas condiciones ambientales.

En cuanto a las epidemias, presentan todas ellas una misma adaptación: un inicio, un apogeo y un decrecimiento; si consultamos las estadísticas de la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) resulta evidente que todas las campañas de vacunación han sido emprendidas en el momento en que la epidemia estaba en fase decreciente y que, inmediatamente después del suministro de la vacuna, la enfermedad ha rebrotado con fuerza en vez de disminuir; ¡sólo después de un cierto tiempo volvía a decrecer!

Cada cual es libre de sacar sus propias conclusiones…

Robert McNamara, ex presidente del Banco Mundial y ex secretario de Estado norteamericano, declaró un día:

Hay que tomar drásticas medidas de reducción demográfica incluso en contra de la voluntad de la población. Reducir la tasa de natalidad se ha revelado imposible o insuficiente. Por tanto, hay que aumentar la tasa de mortalidad.”

¿Cómo? Con medios naturales: el hambre y la enfermedad

y las vacunas forman parte de este plan premeditado


Texto: «J’ai tour compris«, n. 2, febrero de 1987, Editions Machiavel, en: Guylaine Lanctót, La mafia de lla sanita Ediaioni Amrita y Marco Edizioni


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LA ENFERMEDAD COMO CAMINO

La enfermedad, además de una desarmonización de nuestro ser, es el lenguaje que utiliza el cuerpo para decirnos que algo funciona mal en nuestra vida. Y así, si el problema es menor, nos lo dice con un susurro provocándonos un leve dolor.

Si el problema es mayor, nos habla en voz más alta. Y si la cuestión es grave, nos “grita” haciendo el dolor insoportable. Dolor, pues, que al igual que la enfermedad es una llamada de atención que nos indica que algo no funciona bien.

El ser humano, atendiendo a la nueva concepción que lo define como una unidad de conciencia en evolución, forma parte de la Gran Conciencia Global manifestada en el holograma Universal. Razón por la cual podemos también identificarlo como el Todo en potencia -recuérdese el antiguo postulado de Hermes Trismegisto:

“El Todo está en la parte; la parte está en el Todo”, un Todo que debe ir identificando paso a paso a lo largo de su interminable camino evolutivo. Desde este punto de vista, el objetivo de la evolución sería, pues, ir descubriendo la “información” codificada para integrarla y, de ese modo, ir ampliando la consciencia del ser y de su relación con el entorno.

Así, la enfermedad que se hace patente a través de los síntomas representa una señal, un aviso de que hay algo que modificar. Se la conceptúa pues como el lenguaje del cuerpo para permitir al individuo introducir cambios y corregir comportamientos que le crean desarmonía.
Poder identificar las causas de las dolencias buscando su origen un poco más allá de las causas físicas asomándonos a los desequilibrios emocionales, a los pensamientos no armónicos e, incluso, a la contradicción entre lo que nos dicta nuestro interior y lo que vivimos en el exterior nos plantea una actitud nueva de autorresponsabilida d e independencia frente a nuestros procesos de cambio y crecimiento.

¿POR QUÉ ENFERMAMOS?

Cuando escuchamos por boca del médico el diagnóstico de que sufrimos tal o cual enfermedad  no podemos evitar preguntarnos: ¿por qué?, ¿qué hemos hecho nosotros para que nos suceda eso?

Y la respuesta casi siempre tiene el matiz de un cierto sentimiento de injusticia o, cuando menos, de incomprensión. Mucha gente cree aún que la enfermedad se produce por injerencias externas que en forma de virus o bacterias atacan el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.

Sin embargo, eso no explica por qué en la misma situación no se contagian todos los que han estado expuestos a ese ambiente contaminado.

Y es que las respuestas deben ser complementadas con nuevas ideas que nos hagan encontrar razones en otros campos más sutiles que interaccionan con nuestro cuerpo físico y que conforman también nuestra personalidad, como son los aspectos emocionales y mentales.

La ciencia no duda ya de la realidad de la interacción mente-cuerpo y conoce el efecto que los estados emocionales (depresión, amor, cólera, odio, amor, generosidad, alegría, optimismo… ) producen en el organismo. Sin embargo, queda aún mucho camino por recorrer hasta que se produzca un encuentro entre la Medicina tradicional y la Medicina Holística o Integral. Porque esta última defiende que la mayoría de las enfermedades físicas son el resultado de una sobrecarga de crisis emocionales, psicológicas y espirituales.

Hoy, ante la aparición de los primeros síntomas, empieza la búsqueda implacable de culpables: ¿por qué ha fallado el corazón? ¿un excesivo nivel de colesterol?, ¿una vida demasiado sedentaria?, ¿un excesivo consumo de grasas o sal? ¿Por qué ese cáncer? ¿quizá el tabaco?, ¿la radiación ambiental?, ¿los genes…? Es decir, siempre se busca la razón de la enfermedad en el mundo físico. Sin embargo, en la mayoría de los casos no es ahí donde hay que buscar sino en el plano emocional y mental. De hecho, se ha comprobado que previa a la aparición del síntoma de la enfermedad hay alteraciones en esos otros niveles que han provocado finalmente la disfunción física.

La verdad es que hoy nadie pone en duda que el rencor, el odio o la depresión producen reacciones químicas en nuestro organismo, confirmación de que son nuestros pensamientos y emociones los que desencadenan el proceso -o, al menos, coadyuvan en él- que nos lleva a caer enfermos. Y son ya muchos los profesionales de la Medicina y la Psicología que afirman hoy que la causa de la enfermedad se relaciona fundamentalmente con las tensiones internas presentes en la vida de una persona.

Tensiones que se podrían identificar con la culpa, el rencor, el odio, la falta de ilusión por la vida, la falta de autoestima y el miedo en todas sus manifestaciones. Factores todos ellos desencadenantes de grandes “epidemias” tanto físicas como psicológicas.

-Autor desconocido