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Una gran sorpresa desde los límites del sistema solar

Las sondas Voyager (Viajero, en idioma español), de la NASA, están dirigiéndose verdaderamente hacia donde nadie ha ido antes. Deslizándose en silencio hacia las estrellas, a 14.500 millones de kilómetros (9.000 millones de millas) de la Tierra, transmiten las novedades de los sitios más distantes e inexplorados del sistema solar.

Los científicos que se encuentran a cargo de la misión dicen que las sondas acaban de enviarnos asombrosas noticias.

El sitio en el que se encuentran ambas sondas está repleto de burbujas.

“Aparentemente, las sondas Voyager han ingresado a un extraño reino de burbujas magnéticas que se asemejan a la espuma”, dice la astrónoma Merav Opher, de la Universidad de Boston. “Esto es absolutamente sorprendente”.

Según los modelos producidos por computadora, estas burbujas son muy grandes; se extienden alrededor de 160 millones de kilómetros (100 millones de millas) de lado a lado, de manera que a las veloces sondas les tomaría varias semanas atravesar solamente una de ellas. La sonda Voyager 1 entró en la “zona espumosa” alrededor del año 2007, y la nave Voyager 2 le siguió alrededor de un año más tarde. Al principio, los científicos no entendían qué era lo que las naves Voyager estaban detectando, pero ahora se han formado una buena idea de lo que es.

“El campo magnético del Sol se extiende hasta los límites del sistema solar”, explica Opher. “Debido a que el Sol gira sobre su propio eje, el campo magnético se enrolla y se pliega, como si fuera la falda de una bailarina. Muy lejos del Sol, donde las naves Voyager se encuentran ahora, los pliegues de la falda se aplastan unos contra otros”.

Cuando un campo magnético se dobla de esta manera tan severa, pueden ocurrir cosas muy interesantes. Las líneas de fuerza magnética se entrecruzan y se “reconectan”. (La reconexión magnética es el mismo proceso energético que causa las llamaradas solares.) Estos pliegues de la falda se reorganizan, algunas veces de manera explosiva, hasta formar burbujas magnéticas que parecen espuma.

“Nunca esperamos encontrar esta espuma en el borde del sistema solar, ¡pero allí está!”, dice Jim Drake, quien es físico y colega de Opher en la Universidad de Maryland.

Las teorías vigentes, las cuales datan de la década de 1950, predicen un escenario muy diferente: Se supone que el distante campo magnético del Sol debería curvarse en arcos relativamente suaves, hasta plegarse lo suficiente como para acoplarse de vuelta con el Sol. Pero estas burbujas parecen ser independientes y estar sustancialmente desconectadas del resto del campo magnético solar.

Las lecturas proporcionadas por los detectores de partículas energéticas sugieren que las sondas Voyager ocasionalmente entran y salen de esta espuma magnética, de manera que podría haber regiones en las cuales las viejas ideas todavía son válidas. Pero no cabe duda de que los antiguos modelos, por sí solos, no pueden explicar lo que han encontrado las sondas Voyager.

“Aún estamos tratando de descifrar las implicancias de estos descubrimientos”, dice Drake.

La estructura del distante campo magnético solar, es decir, la cuestión de si se asemeja a la espuma o no, es de vital importancia científica, pues define cómo interaccionamos con el resto de la galaxia. Los investigadores llaman “heliofunda” a la región en la que se encuentran las naves Voyager. Esencialmente, es la frontera entre el sistema solar y el resto de la Vía Láctea. Muchas cosas intentan cruzarla: nubes interestelares, nudos del campo magnético galáctico y rayos cósmicos, entre otras. ¿Encontrarán estos intrusos una zona de burbujas magnéticas desordenadas (la nueva visión) o un racimo de apacibles líneas de campo magnético que conducen hasta el Sol (la vieja visión)?

El caso de los rayos cósmicos es ilustrativo. Los rayos cósmicos galácticos son partículas subatómicas que son aceleradas por agujeros negros distantes y explosiones de supernova hasta alcanzar velocidades cercanas a la de la luz. Cuando estas balas de cañón miscroscópicas intentan ingresar al sistema solar, deben abrirse camino a través de las líneas de campo magnético del Sol para alcanzar los planetas interiores.

“Estas burbujas magnéticas podrían ser nuestra primera línea de defensa contra los rayos cósmicos”, comenta Opher. “Aún no sabemos si esto es bueno o no”.

Por un lado, las burbujas parecen ser escudos muy porosos, los cuales permiten que muchos rayos cósmicos escapen a través de los agujeros. Pero por otro lado, los rayos cósmicos podrían quedar atrapados en el interior de las burbujas, lo cual convertiría a la espuma magnética en un muy buen escudo.

“Probablemente descubriremos cuál de estas posibilidades es la correcta cuando las sondas Voyager se adentren en la espuma y conozcan más sobre su estructura1”, dice Opher. “Esto es sólo el comienzo, y pronostico que habrá más sorpresas”.

Fuente: NASA

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¿Y si Plutón, después de todo, sí es un planeta?

A 9.000 millones de km de distancia, en la última frontera del Sistema Solar, la “guerra de los mundos” continúa. Por ahora son datos preliminares, pero las observaciones de tres equipos diferentes de astrónomos realizadas durante este fin de semana en Chile podrían suponer que Plutón recupere su perdido título de ser el mayor objeto del cinturón de Kuiper, el helado y aún casi desconocido anillo de objetos más allá de la órbita de Neptuno.
Los científicos, en efecto, han aprovechado el paso del planeta enano Eris por delante de una pequeña estrella para determinar que, después de todo, ese objeto podría ser ligeramente más pequeño que el degradado Plutón.
Fue precisamente el descubrimiento de Eris lo que, en 2005, supuso que el “noveno planeta” del Sistema Solar dejara de ser considerado como tal.
El Sistema Solar
La ocultación de la estrella por Eris (ver vídeo) era algo que se esperaba. Y se sabía también que el fenómeno sería visible precisamente desde las montañas del norte de Chile, un lugar en el que abundan los observatorios. Por eso había tantos científicos pendientes durante la noche del 6 de noviembre. En concreto, tres observatorios chilenos, que el pasado sábado apuntaron sus telescopios hacia una pequeña estrella de magnitud 17 en la región central de la constelación Cetus.
Se trataba de medir la ocultación de esa estrella al pasar Eris por delante de ella. Lo que nadie podía imaginar es que el resultado de esas observaciones traería aparejada una sorpresa semejante. La ocultación, en efecto, fue mucho más breve de lo que se esperaba. En lugar de los cerca de dos minutos previstos, la estrella apenas desapareciò la mitad de ese tiempo, lo que es un claro signo de que el objeto que pasaba por delante (Eris) es más pequeño de lo que se pensaba.
Eris es más pequeño
El diámetro estimado de Plutón es de 1.172 km, con un margen de error de diez Km. Y las mediciones de Eris realizadas en 2005 por Mike Brown, su descubridor, arrojaban para el nuevo objeto un diámetro de cerca de 2.400 km. Si Eris era mayor que Plutón, no era lógico que este último siguiera considerándose como un planeta. Además, en aquella remota región de nuestro sistema planetario podría haber decenas de otros objetos del mismo tamaño de Eris, o incluso mayores.
Sin embargo, las mediciones de este fin de semana podrían devolver las cosas a su estado anterior. Eris, en efecto, no tendría, según los nuevos datos, más de 1.100 km de diámetro. Es decir, sería algo más pequeño que Plutón. Y se da la circunstancia, además, de que gracias a la ocultación las mediciones del tamaño de Eris pueden ser mucho más precisas que las obtenidas hasta ahora.
El hallazgo ha sido recibido con expectación por científicos de todo el mundo, que están ahora a la espera de confirmar los datos. Otras mediciones de Eris por parte de los telescopios espaciales Hubble y Spitzer también han arrojado, en los últimos años, valores que indicaban que ese objeto transneptuniano es mayor que Plutón.
Sin embargo, los astrónomos se han dado cuenta que el eje de rotación de Eris está apuntando hacia el Sol, un aspecto que mantendría el hemisferio iluminado por el sol más caliente que el valor promedio y esto sesgaría cualquier medición infrarroja hacia valores más altos.
La cuestión, por lo tanto, sigue abierta. Y un nuevo episodio de esta historia no ha hecho más que empezar. Un episodio que podría incluso terminar con la devolución a Plutón de su perdida condición de planeta.
Fuente: ABC