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Satélite robótico para recoger basura espacial

El pasado mes de junio los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) tuvieron que desalojar la plataforma orbital y refugiarse en las naves Soyuz ante la amenaza de chocar con un objeto que se aproximaba. Se trataba de uno de los miles de restos de cohetes y satélites inutilizados que se mueven por la órbita terrestre. Cuando la alerta llegó, estaba demasiado cerca para poder maniobrar y corregir la órbita de la ISS, como suele hacerse cuando existe riesgo de colisión con algún objeto, de modo que se optó por evacuar la plataforma.

La basura espacial se está convirtiendo en un serio problema para el que las agencias espaciales y los gobiernos aún no tienen solución. El científico italiano Marco M. Castronuovo acaba de proponer un nuevo sistema basado en un satélite dotado de brazos robóticos que permitiría atrapar los fragmentos más peligrosos y llevarlos a una órbita más baja para que se destruyan con el roce con la atmósfera.

El sistema funcionaría de la siguiente manera: cuando el satélite se encuentra con su objetivo, se acopla a él por medio de un brazo robótico. Un segundo brazo coloca en el objeto uno de los cinco equipos propulsores que lleva el satélite. Después, el objeto se libera y el propulsor se activa para conducirlo a una órbita más baja, donde se destruirá cuando entre en contacto con la atmósfera. Una vez cumplida su misión, el satélite se dirige hasta su próximo objetivo para repetir la operación. Cuando haya utilizado los cinco equipos propulsores, el satélite irá al encuentro de una estación de recarga en órbita. Por medio de su brazo robótico se abastecerá de nuevos equipos propulsores y volverá al trabajo.

Según el proyecto de Marco M. Castronuovo, con este sistema sería posible eliminar cinco objetos peligrosos cada año. En los siete años de vida operativa que tendría el satélite, por tanto, podría recoger 35 de los restos de chatarra espacial considerados más peligrosos.

Aunque Castronuovo trabaja en la Agencia Espacial italiana (ASI), esta investigación, publicada en ‘Acta Astronautica’, se enmarca dentro de un proyecto de la Universidad Técnica de Delft (Holanda) en el que participan profesionales de 12 países y en el que la agencia italiana no está involucrada.

300 objetos peligrosos

Desde que se lanzó el Sputnik en 1957 el número de objetos que circulan por el espacio ha ido creciendo de forma espectacular. Para entender la gravedad basta dar una cifra: de los más de 15.000 objetos que los radares y telescopios han contabilizado en la órbita terrestre, sólo un 6% son satélites en activo. Aunque muchos son de pequeño tamaño, alrededor de 300 son lo suficientemente grandes para representar un peligro.

“En los últimos años se han hecho varios estudios sobre posibles técnicas para eliminar basura espacial (por ejemplo, utilizando el impulso de cables conductores atravesados por electricidad o el frenado mediante sistemas que aumentan la resistencia aerodinámica) pero ninguno de ellos ha sido probado”, explica Marco Castronuovo.

Un problema de difícil solución

El investigador subraya que se trata de un problema muy complejo, tanto desde el punto de vista técnico como político y legal, a lo que se añade el alto coste económico: “¿Quién va a pagar por una tecnología así si no tiene ganancia económica?”, se pregunta

“Técnicamente se necesitan muchas maniobras en órbita para alcanzar los objetos, para desplazarse hasta el siguiente y para bajar cada uno de ellos (la manera más fácil de eliminarlos es bajarlos para que se quemen por el roce en la atmósfera)”, explica.

Para lograrlo es necesario un gran impulso, que puede lograrse mediante la propulsión química (la tradicional de los cohetes, para la que es necesaria mucho carburante y por tanto, una fuerte inversión) o bien sistemas de propulsión alternativos (cables conductores de electricidad o propulsión eléctrica). “Cada método tiene sus desventajas”, afirma.

Las lagunas legales y las rencillas políticas también complican encontrar una solución: “No hay leyes que obliguen a los países ni a los propietarios de los objetos a retirarlos del espacio una vez que terminen su vida operativa. Aunque hay regulaciones de la ONU para los nuevos lanzamientos, son voluntarios y algunos países, como China y Rusia no quieren que se toque sus objetos”, añade Castronuovo.

Por ello, este proyecto no sólo contempla cómo efectuar una misión de este tipo, sino también cómo llevarla a cabo de manera que pueda ser rentable y evite los problemas legales y políticos. Es decir, que resuelva el problema en todos sus aspectos.

Además, desde que se presentó este trabajo y se demostró la viabilidad técnica de la misión, el proyecto ha ido adelante y se han encontrado soluciones mejores: “Al final hemos considerado una flotilla de 24 satélites en 20 años”, explica.

Respecto al presupuesto necesario para llevar a cabo un proyecto de estas características, con diversas fases y varios años de implantación, el científico italiano calcula que el coste del desarrollo rondaría los 140 millones de euros. El lanzamiento y el seguro sumarían otros 21 millones. Una vez que esté implantado, cada satélite costaría 38 millones de euros, a lo que habría que añadir el coste de las operaciones.

Peligro para los satélites

Castronuovo considera que los gobiernos y las agencias espaciales no están afrontando este problema de manera adecuada: “Y no sólo es mi opinión, sino también la de la mayoría de los expertos que hemos entrevistado con cuestionarios en la Conferencia internacional NASA-DARPA sobre basura espacial orbital celebrada en 2009 en Chantilly (EEUU)”.

Y es que la chatarra espacial no sólo representa una amenaza para los astronautas, sino también para los costosos satélites de observación y para los sistemas de telecomunicaciones: “Si no se actúa rápidamente no se podrá evitar la reacción en cadena denominada ‘Kessler Syndrome’ (síndrome Kessler). Su nombre se debe al científico de la NASA que por primera vez previó que las colisiones en órbita producirían más y más fragmentos, que se convertirían en nuevos proyectiles.

Como consecuencia de ello, dentro de unas décadas algunas de las órbitas más utilizadas para la observación de la Tierra (las órbitas helio-síncronas, a unos 700-800 Kilómetros de altura) quedarán inutilizables por la cantidad de fragmentos grandes, y sobre todo, pequeños objetos que causarían inevitablemente impactos y la destrucción de los satélites”, explica el investigador.

Si el proyecto de Castronuovo sale adelante, el primer satélite podría ser lanzado en 2016: “La tarea de eliminar los 300 objetos más peligrosos se completaría 20 años después”, asegura.

Fuente: ElMundo

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El androide europeo que explorará la Luna

La Agencia Espacial Europea (ESA) contará dentro de pocos años con un nuevo ‘astronauta’ no humano en sus filas. Se llama Justin y podrá ser controlado a distancia por los tripulantes de la Estación Espacial Internacional (ISS).

La ESA ha presentado este jueves este proyecto, que ayudará a preparar la exploración de la Luna y otros planetas. Si se cumple el calendario previsto, el androide, que está siendo desarrollado en el Centro Aeroespacial de Alemania (DLR), estará listo en dos o tres años.

Para controlar los movimientos de Justin, los astronautas que se encuentren en la ISS utilizarán una estructura metálica llena de sensores electrónicos con la que cubrirán sus brazos y las manos. Este exoesqueleto les permitirá trabajar a distancia con la misma precisión que tendrían si se encontraran físicamente en el lugar que explorará Justin, que cuenta con dos brazos y cuatro dedos en cada mano.

Para poder hacer realidad la telepresencia en futuras misiones espaciales, la Agencia Espacial Europea prepara una conexión entre la Tierra y la ISS con la que se ensayarán los experimentos robóticos.

Según ha explicado la ESA en un comunicado, el proyecto Meteron permitirá probar las tecnologías necesarias para las futuras misiones de exploración de la Luna, Marte y otros cuerpos del Sistema Solar.

Los vehículos teledirigidos se utilizan desde hace tiempo para realizar experimentos y preparar futuras misiones tripuladas a la Luna y a otros planetas o asteroides. Robonauta 2 (R2) se convirtió el pasado mes de febrero en el primer robot humanoide en viajar al espacio. El androide de la NASA llegó a la Estación Espacial Internacional a bordo del ya jubilado Discovery. Aunque durante los primeros meses su objetivo será interactuar con los tripulantes de la ISS, la NASA espera utilizarlo en el futuro para preparar misiones humanas a un asteroide o a Marte.

Preparar el camino a los astronautas
Uno de los principales obstáculos para poder explorar otros planetas es conseguir proteger a los astronautas de la dañina radiación de tipo ionizante a la que estarían expuestos en el largo viaje que sería necesario para llegar, por ejemplo a Marte. Además, hay que seguir investigando para minimizar los efectos de la ausencia de gravedad en la salud de los astronautas.

Tanto los vehículos robóticos de exploración (‘rover’) como los androides como Justin permitirán a los astronautas recoger muestras y trabajar a miles de kilómetros de distancia mientras se desarrollan sistemas para proteger a los humanos de esta radiación. Asimismo, ayudarán a elegir el lugar más propicio para que las naves espaciales aterricen en el futuro y a trasladar los suministros que tendrían que encontrar los primeros humanos que volaran al planeta rojo.

Antes de que Justin esté listo, los astronautas realizarán pruebas con el ‘rover’ Eurobot, un vehículo de cuatro ruedas y dos brazos dotado de un avanzado sistema de navegación, cámaras y sensores.

Desde la ISS controlarán a distancia el prototipo de este vehículo, que desde 2008 está siendo probado en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) que la Agencia Espacial Europea tiene en Holanda. Para moverlo, utilizarán un ordenador equipado con monitores y un ‘joystick’. El pasado mes de abril Eurobot fue trasladado hasta las minas de Río Tinto (Huelva) para participar en una misión terrestre organizada por el Centro de Astrobiología (CAB) y el Foro Austriaco del Espacio.

La cuenca minera onubense guarda bastantes similitudes con Marte, por lo que las agencias espaciales suelen ensayar aquí sus futuros equipos de exploración. Junto al vehículo Eurobot -diseñado para misiones a la Luna y Marte-, se probaron un traje espacial y un equipo médico que controla a los astronautas.

Durante la segunda fase de Meteron, los astronautas manejarán un sistema que les permitirá controlar un robot dotado de sentido del tacto y sensores de fuerza. Mediante este sistema, serán capaces de manejar a distancia a androides como Justin, controlar sus movimientos y sentir la fuerza que ejercen. De esta forma, podrán utilizarse estos androides para tareas tan variadas como desplazar rocas o ensamblar equipos complejos.

François Bosquillon de Frescheville, responsable de los estudios conceptuales de futuras misiones tripuladas e impulsor del proyecto Meteron, considera que se trata de una iniciativa viable a corto plazo, pues “utiliza la infraestructura y la tecnología ya existentes y no requiere una fuerte inversión adicional”, asegura

Fuente: El mundo

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Encuentran una cámara secreta en la Pirámide de Giza

Hasta no hace demasiados años el trabajo realizado en arqueología estaba impregnado de un gran componente artesanal.

La mayoría de los trabajos y hallazgos se llevaban a cabo gracias a centenares de horas dedicadas a escavar, rascar, limpiar y descifrar las zonas donde se pretendía encontrar restos históricos.

La arqueología avanza conforme pasa el tiempo y cada vez son más las nuevas tecnologías y mecanismos que se utilizan para facilitar el trabajo de búsqueda.

En la Gran Pirámide de Giza lleva trabajando varios años un grupo de arqueólogos provistos de los más avanzados equipos tecnológicos.

La máquina estrella no es otra que el ‘Pyramid Rover’, un pequeño robot que puede llegar hasta donde el hombre no puede.

Gracias a este artilugio en los últimos años se han descubierto varias puertas y/o cámaras selladas en el interior de las pirámides egipcias, pero esta vez ha ido un poco más allá respecto a sus prestaciones, ya que ha podido filmar y mostrar los jeroglíficos y marcas pintados en su interior, un lugar donde el ojo humano jamás había podido acceder.

Esto ha sido posible gracias a un pequeño agujero que se encontraba en una de las paredes y por donde se introdujo la microcámara.

No es la primera vez en que el robot ha explorado los pasillos ocultos de la pirámide, pero sí la primera en la que ha podido centrarse en los detalles en las paredes. Este avance se ha producido gracias a un nuevo tipo de microcámara flexible que se puede doblar de lado a lado en vez de sólo enfocarse en línea recta.

Gracias a estos nuevos hallazgos se podrá saber mucho más de cómo se construyeron hace más de 4.500 años las pirámides egipcias y la razón del entramado de túneles y cámaras secretas que estas albergan.

Hace pocos días también se conocía la noticia en la que nos explicaba que la utilización de los nuevos avances tecnológicos por parte de arqueólogos estadounidenses (con la ayuda de la BBC) y con imágenes vía satélite, habían conseguido descubrir 17 pirámides bajo el lodo y la arena de Egipto.

El informe reveló que 1.000 tumbas y alrededor de 3.000 edificios también se descubrieron gracias a la aplicación de la tecnología en la investigación arqueológica.

Fuente: Yahoo