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La Madurez (Reflexion)

Madurez es la habilidad de controlar la ira y resolver las discrepancias sin violencia o destrucción.

Madurez es paciencia. Es la voluntad de posponer el abrazo inmediato en favor de un beneficio de largo plazo.

Madurez es perseverancia, es la habilidad de sacar adelante un proyecto o una situación a pesar de fuerte oposición y retrocesos decepcionantes.

Madurez es la capacidad de encarar disgustos y frustraciones, incomodidades y derrotas, sin queja ni abatimiento.

Madurez es humildad. Es ser suficientemente grande para decir «me equivoqué». Y cuando se está en lo correcto, la persona madura no necesita experimentar la satisfacción de decir «¡Te lo dije!».

Madurez es la capacidad de tomar una decisión y sostenerla. Los inmaduros pasan sus vidas explorando posibilidades para al fin no hacer nada.

Madurez significa confiabilidad, mantener la propia palabra, superar la crisis.

Los inmaduros son maestros de la excusa. Son los confusos y desorganizados. Sus vidas son una confusión de promesas rotas, amigos perdidos, negocios sin terminar y buenas intenciones que nunca se convierten en realidad.

¡Madurez es el arte de vivir en paz con lo que no se puede cambiar!

Autora: Ann Landers

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Los camiones de basura (Reflexion)

¿Con qué frecuencia permites que las tonterías de otras personas cambien tu estado de ánimo? ¿Permites que otro conductor te haga enojar cuando vas manejando, o un mesero grosero, un jefe cortante o un empleado insensible arruinen tu día?

A menos que seas el Terminator, por un instante estás algo molesto.

Sin embargo, lo que distingue a una persona exitosa es lo rápido que puede enfocarse de nuevo en lo que realmente es importante. Hace 16 años que aprendí esta lección. La aprendí en el asiento trasero de un taxi en Nueva York.

Me subí a un taxi y partimos para la estación ‘Grand Central’. Íbamos en el carril derecho cuando de repente un coche negro brincó de un cajón de estacionamiento justo enfrente de nosotros.

El chofer frenó con fuerza, dio un patinazo, y por unos pocos centímetros evitó chocar con el otro carro. El conductor del otro coche, el que casi causó un accidente, volteó su cabeza y empezó a gritarnos con muchas palabrotas. El taxista sólo sonrió y le saludó amable. Así que yo le pregunté, ‘¿Por qué hizo eso?’ Ese tipo por poco destruye su auto y nos manda al hospital.

Entonces el taxista me dijo lo que ahora llamo ‘La Ley del Camión de Basura’. Muchas personas son como un camión de basura. Andan llenos de basura; llenos de frustración, enojo, y decepción. Ya que se les va amontonando la basura, necesitan un lugar en donde puedan tirarla. Si se los permites, te la echan a ti.

Cuando alguien quiere echar su basura sobre ti, no lo tomes en forma personal. Sólo sonríe, saluda, deséales lo mejor, y sigue adelante. Estarás feliz de que lo hayas hecho.

¡Así que esto era la Ley del Camión de Basura!

Empecé a pensar, ‘¿Cada cuánto permito que los camiones de basura me atropellen?’ Y ‘¿cada cuánto tomo la basura que llevan y la riego sobre otras personas… en el trabajo, en casa, en las calles?’

Fue ese día que dije, ‘Ya no voy a hacer eso.’ Empecé a ver muchos camiones de basura. Veía lo que llevaban. Veía cuando llegaban para vaciar la basura. Y como mi taxista, ya no lo tomo en forma personal. Sólo sonrío, saludo, les deseo lo mejor y sigo adelante.

Uno de mis jugadores favoritos de fútbol americano de toda la historia, Walter Payton, hizo esto todos los días en el campo de fútbol. Tan pronto como caía al suelo después de ser tacleado, se levantaba. Nunca se quedaba pensando en el evento. Payton estaba listo para hacer que la siguiente jugada fuera la mejor.

Los buenos líderes saben que tienen que estar listos para su próxima junta. Los padres buenos saben que tienen que recibir a sus hijos con abrazos y besos cuando regresan de la escuela. Los maestros y padres saben que tienen que estar totalmente presentes y dando lo mejor para las personas que les son importantes.

La gente exitosa no permite que los camiones de basura tomen el control de su día.

¿Y tú? ¿Qué pasaría en tu vida, empezando hoy, si permitieras que más camiones de basura pasaran sin que te afectaran?

Apuesto que estarías más feliz. Así que ama a las personas que te tratan bien. Olvídate de las que no lo hacen. Cree que todo sucede por una razón. Si se te presenta una oportunidad, tómala. Si algo cambia tu vida, deja que te cambie. Nadie dijo que sería fácil. Sólo prometieron que valdría la pena.

«Sé más amable de lo que es necesario, porque cada persona con la que te topas está peleando alguna batalla»

Autor: David J. Pollay

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Yo tuviera mi vida para vivirla de nuevo (Reflexion)

Me habría ido a la cama cuando estaba enferma en vez de pretender que la tierra se pararía si yo no estuviera en ella al día siguiente.

Hubiera encendido la vela rosada en forma de rosa antes de que se derritiera guardada en el armario.

Habría invitado a mis amigos a cenar sin importar que la alfombra estuviese manchada y el sofá descolorido.

Habría comido las palomitas de maíz en el «salón de las visitas» y me habría preocupado menos de la suciedad cuando alguien quisiese prender el fuego en la chimenea.

Me habría dado el tiempo para escuchar a mi abuelo divagando sobre su juventud.

Nunca habría insistido en llevar cerradas las ventanas del carro en un día de verano porque me acababa de peinar y no quería que mi pelo se desarreglara.

Me habría sentado en el prado sin importar las manchas de la hierba.

Habría llorado y reído menos viendo televisión y más mientras vivía la vida.

Nunca habría comprado algo debido a que era práctico, no se ensuciaba o estaba garantizado para durar toda la vida.

En lugar de evitar los nueve meses de embarazo, habría atesorado cada momento y comprendido que la maravilla que crecía dentro de mi, era mi única oportunidad en la vida de asistir a Dios en un milagro.

Cuando mis hijos me besasen impetuosamente, nunca habría dicho «más tarde, ahora ve y lavate para la cena», Habría habido más «te quiero» y más «lo siento»

Pero sobre todo, quiero darle otra oportunidad a la vida, quiero aprovechar cada minuto. Mirar las cosas y realmente verlas… vivirlas y nunca volver atrás…

¡DEJAR DEPREOCUPARME POR LAS COSAS PEQUEÑAS!!!

Autor: Erma Bombeck
(escrito después que ella descubriera que estaba muriendo de cáncer).

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¿y porqué no?

¿Alguna vez te has preguntado qué es eso de tener buena o mala suerte?

Sin duda alguna vez te habrás preguntado a ti mismo, porque esa persona que tú conoces parece tener una suerte asombrosa en todo lo que hace.

Ese personaje que aparece siempre durante algún periodo de nuestra vida bajo la apariencia de amigo, compañero de trabajo, conocido o vecino, parece ser dueño de todos los talismanes del mundo para conjurar las fuerzas del destino y conseguir que todo, absolutamente todo, le salga bien.

Y claro, por muy generoso que seas, a veces debajo de esa observación se oculta un puntito de envidia por la buena suerte del otro y cuando menos te lo esperas asoma las orejas un desalentador pensamiento que te dice que tu nunca podrás conseguir lo mismo por mucho que te esfuerces, porque, sencillamente no tienes suerte.

Las comparaciones siempre son odiosas, y quizá lo son más que nunca cuando uno mismo se compara con otra persona que, aparentemente, parece disfrutar de todos los vientos favorables del universo. Si alguna vez te ha asaltado la sensación de que no tienes suerte, te sugiero que no te quedes ahí. Es importante dar el siguiente paso y
formularse esta pregunta que tiene algo de desafío:

¿y porqué no?

Eso es exactamente: no hay nada, absolutamente nada que te impida ser una persona afortunada.

En tus manos están las riendas para dirigir tu caminar por la vida.

Todo DEPENDE DE TI.

-Autor Desconocido

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La Parabola del Reparto (Reflexion)

Un hombre alcanzó la suma del poder de su nación, y apesadumbrado de las miserias que veía, cifró su felicidad en lograrla para sus compatriotas. Meditó lo que haría, y decidió que se le entregaran todos los bienes materiales de la nación para repartirlos.

Así se hizo, los distribuyó con extremada equidad entre todos, y suponiendo cumplida su misión, se alejó del país. Pero pronto volvieron las desigualdades y aflicciones, y anhelaron el regreso de quien les prometiera la felicidad

Por fin un día entró en la capital un pobre viejo encorvado, y ante la ansiosa muchedumbre, habló de esta manera:

Al repartir los bienes materiales de la nación, creí hacerlos iguales y dichosos, y no hice más que perturbar las leyes de la vida, que dan la compensación de cada esfuerzo, que empujan al indolente, que liman con el dolor las asperezas, y restablecen la justicia a través de aparentes contradicciones. Y ahora, estoy entre ricos y pobres, amos y esclavos, sinceros y traidores, laboriosos y haraganes, ingeniosos y torpes, sangradores y desangrados.

Y juntando las manos cual si rezara exclamo:

¡Los verdaderos bienes no pueden ser repartidos. Nadie cambiará su destino, sino ustedes mismos. Consigan por su propio esfuerzo la inteligencia y la virtud, y entonces serán iguales; entonces sí tendrán todos la felicidad posible en este mundo.

-Autor Desconocido