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Se necesita valor

Para huir de los chismes, cuando los demás se deleitan en ellos.

Para defender a una persona ausente a quien se crítica abusivamente.

Para ser verdaderamente hombre o mujer aferrándose a nuestros ideales, cuando esto nos hace parecer extraños o singulares.

Para guardar silencio, en ocasiones que una palabra nos limpiaría del mal que se dice de nosotros pero perjudicaría a otra persona.

Para vestirnos según nuestros ingresos y negarnos lo que no podemos comprar.

Para vivir según nuestras convicciones.

Para ser lo que somos y no pretender ser lo que no somos.

Para decir rotundamente y dignamente no, cuando los que nos rodean dicen sí.

Para vivir honradamente dentro de nuestros recursos y no deshonradamente a expensas de otros.

Para ver en las ruinas de un desastre que nos mortifique y humille, los elementos de un éxito futuro.

Para negarnos a hacer una cosa que es mala aunque otros lo hagan.

Para pasar las veladas en casa, tratando de aprender.

Creo difícil que en menos palabras puedan reunirse tan sabios conceptos y tan juiciosas advertencias. Pensar un instante nada más en cada una de ellas y procurar seguirlas, sería sin duda una gran enseñanza.

Se necesita mas valor…

POR: Jose Iriarte

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Un principe para la princesa

Hubo una vez un emperador que convocó a todos los solteros del reino, pues era tiempo de buscar pareja a su hija.

Todos los jóvenes asistieron y el rey les dijo: “Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganara la mano de mi hija, y por ende el reino”.

Así se hizo, pero había un joven que planto su semilla pero no germinaba, mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas. El joven estaba demasiado triste pues su semilla nunca germino, ni siquiera quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un participante y debía estar allí.

Con la cabeza baja y muy avergonzado, desfilo al último hacia el palacio con su maceta vacía. Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo soltaron en risa y burla, en ese momento el alboroto fue interrumpido por el ingreso del rey, todos hicieron su respectiva reverencia mientras el rey se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamo de entre todos al joven que llevo su maceta vacía, atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción.

El rey dijo entonces:

“Este es el nuevo heredero del trono y se casara con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, real y valiente cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece”.

Moraleja:

“LA HONESTIDAD, SERA POR SIEMPRE UNA VIRTUD”

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La Parabola del Reparto (Reflexion)

Un hombre alcanzó la suma del poder de su nación, y apesadumbrado de las miserias que veía, cifró su felicidad en lograrla para sus compatriotas. Meditó lo que haría, y decidió que se le entregaran todos los bienes materiales de la nación para repartirlos.

Así se hizo, los distribuyó con extremada equidad entre todos, y suponiendo cumplida su misión, se alejó del país. Pero pronto volvieron las desigualdades y aflicciones, y anhelaron el regreso de quien les prometiera la felicidad

Por fin un día entró en la capital un pobre viejo encorvado, y ante la ansiosa muchedumbre, habló de esta manera:

Al repartir los bienes materiales de la nación, creí hacerlos iguales y dichosos, y no hice más que perturbar las leyes de la vida, que dan la compensación de cada esfuerzo, que empujan al indolente, que liman con el dolor las asperezas, y restablecen la justicia a través de aparentes contradicciones. Y ahora, estoy entre ricos y pobres, amos y esclavos, sinceros y traidores, laboriosos y haraganes, ingeniosos y torpes, sangradores y desangrados.

Y juntando las manos cual si rezara exclamo:

¡Los verdaderos bienes no pueden ser repartidos. Nadie cambiará su destino, sino ustedes mismos. Consigan por su propio esfuerzo la inteligencia y la virtud, y entonces serán iguales; entonces sí tendrán todos la felicidad posible en este mundo.

-Autor Desconocido