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Petronila I de Aragón

 Con paso solemne, una niña de 14 años camina dentro de una fortaleza para entregarse en matrimonio. Su futuro marido, había tenido que esperar 13 años, para desposarla. Entre sus manos, la princesa, no lleva ramo de flores, sino un cetro real y sobre su velo una regia corona. Era el mes de agosto del año 1150 en la recién conquistada Lérida.

El padre de la princesa, había sido monje antes que rey y su madre, había llegado de Aquitania, sólo para concebirla. Un reino necesitaba un heredero. Pero cuando ella nació, fue una decepción para todos, pues se esperaba que fuera un varón. Cuando la princesa cumplió su primer año, su padre acordó su boda con un conde 24 años mayor que ella. Tras celebrar los esponsales su padre regresó de nuevo a su antiguo convento y su madre al país de origen.
De este modo y todavía entre pañales, aquella princesa a cargo de una niñera, emprendió un largo viaje hacia el palacio de su futuro marido, donde permaneció hasta el día de su boda. Durante su infancia, la princesa, lejos de su hogar, fue educada por maestros templarios, y un lord inglés, que la instruyeron, además en el arte de guerra, y también en el de las letras y las artes. Enseñanzas que aquella princesa, supo aprovechar gracias a su extraordinaria sensibilidad, prudencia y serenidad de su carácter, convirtiéndose de este modo en una de las pocas princesas instruidas en aquella época.
El día de su boda, la princesa, sabía que cada uno de los pasos que daba, la conducían de forma inexorable a cumplir los deseos de su fallecido padre, quien había delegando en ella, la responsabilidad de ser la futura madre del primer rey de la Corona de Aragón. Años atrás, el padre de la joven princesa, Ramiro II de Aragón, había aceptado el vasallaje de su futuro yerno, el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, disolviéndose de este modo el casal de Barcelona y dando lugar al nacimiento de la Corona de Aragón.
Su futuro marido, había sido acogido por el suegro como un hijo. A cambio el rey le había hecho jurar obediencia, respeto y aceptar que jamás reinaría en aquel reino, sino que lo haría el primer hijo habido tras el matrimonio con su hija.
El día de la boda, la princesa, mientras avanzaba para consolidar el matrimonio, se sentía satisfecha por haber cumplido con lo que dispuso su padre, pero también, era consciente de las conspiraciones que podrían suceder a partir de aquel momento. Sabía, que una vez celebrada la ceremonia, ella se convertiría en reina y su marido podría conspirar en cualquier momento contra ella Ya que según había dispuesto su fallecido padre, su marido, sólo podría erigirse rey si ella muriera sin descendencia. 
Sin embargo, ella siguió andando, sin titubear. Cuando llegó frente a su futuro marido, la princesa, mirándole fijamente a los ojos, le dijo:
 “En virtud del compromiso, que mi padre el rey Ramiro II, firmó el 11 de agosto de 1137 en Barbastro. Yo, Petronila me entrego a ti en matrimonio para cumplir con el mandato del citado rey, y te recuerdo que yo soy la reina mientras viva y tu mi príncipe”
Años más tarde, se cumpliría el deseo del Rey Ramiro, cuando el hijo de Petronila y Ramón Berenguer IV, se convertía en el primer rey de la Corona de Aragón, reinando con el nombre de Alfonso II, conocido también con el sobrenombre de “el trovador”
Nunca sabremos si las palabras pronunciadas por la joven princesa, impactaron lo suficiente a quienes hubieron pensado en la posibilidad de manipularla. De cualquier modo, resultó ser de una naturaleza extraordinaria por tratarse de una reivindicación como mujer, en unos momentos de la historia dónde, el papel de la mujer era secundario o nulo y por supuesto, siempre a merced de la voluntad de los hombres. Y, del mismo modo ocurrió, cuando deicidio, dejar los asuntos de estado en manos de su experto marido, y dedicarse exclusivamente a la educación de sus hijos, a quienes transmitió el amor por la poesía y la lengua d´òc, la misma en la que, Guillem de Peitieu, su abuelo materno, y primer trovador, escribía sus versos.

Por: Òc

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Sigue cantando

  
Existe una tribu en África, donde la fecha de nacimiento de un niño no se toma como el día en que nació, ni como el momento en que fue concebido sino como el día en que ese niño fue “pensado” por su madre.
Cuando una mujer decide tener un hijo, se sienta sola bajo un árbol y se concentra hasta escuchar la canción del niño que quiere nacer.

Luego de escucharla, regresa con el hombre que será el padre de su hijo y se la enseña. Entonces, cuando hacen el amor con la intención de concebirlo, en algún momento cantan su canción, como una forma de invitarlo a venir.

Cuando la madre está embarazada, enseña la canción del niño a la gente del lugar, para que cuando nazca, las ancianas y quienes estén a su lado, le canten para darle la bienvenida.

A medida que el niño va creciendo, cuando el niño se lastima o cae o cuando hace algo bueno, como forma de honrarlo, la gente de la tribu canta su canción.

Hay otra ocasión en la que la gente de la tribu le canta al niño.

Si en algún momento de su vida, esa persona comete un crimen o un acto socialmente aberrante, se lo llama al centro de la villa y la gente de la comunidad lo rodea. 

Entonces, le cantan su canción.

La tribu reconoce que la forma de corregir un comportamiento antisocial no es el castigo, sino el amor y la recuperación de la identidad. 

Cuando uno reconoce su propia canción, no desea ni necesita hacer nada que dañe a otros.

Y así continua durante toda su vida.

Cuando contraen matrimonio, se cantan las canciones juntas.

Y finalmente, cuando esta persona va a morir, todos en la villa cantan su canción, por última vez, para él.

Puedes no haber nacido en una tribu africana que te cante tu canción en cada una de las transiciones de tu vida, pero la vida siempre te recuerda cuando estás vibrando a tu propia frecuencia, y cuando no lo estás.

Sólo sigue cantando y encontrarás tu camino a casa.

-Desconocido 

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“Haz buen arte” por Neil Geiman

Nunca esperé realmente encontrarme dando consejos a gente graduándose de un establecimiento de educación superior. Yo nunca me gradué de un establecimiento así. Ni siquiera comencé en uno. Me escapé de la escuela tan pronto pude, cuando el panorama de cuatro años más de aprendizaje obligado antes de convertirme en el escritor que quería ser era sofocante.

 Salí al mundo, escribí, y me convertía en un mejor escritor mientras más escribía, y escribí más, y a nadie parecía importarle que lo estaba inventando en el camino, la gente simplemente leía lo que yo escribía y pagaban por eso, o no lo hacían, y muchas veces me solicitaban que escribiera algo más para ellos.

Lo que me ha dejado con un saludable respeto y aprecio por la educación superior que aquellos de mi familia y amigos, que asistieron a universidades, han perdido hace bastante tiempo.
 
Mirando atrás, he tenido un formidable viaje. No estoy seguro de poder llamarlo una carrera, porque una carrera implica que tuve algún tipo de plan de carrera, lo que nunca fue así. Lo más cercano que tuve fue una lista que hice cuando tenía 15 años de todo lo que quería hacer: escribir una novela adulta, un libro infantil, un comic, una película, grabar un audiolibro, escribir un episodio de Doctor Who… y así. No tenía una carrera. Yo simplemente hice lo que seguía en la lista.
Entonces pensé en decirles todo lo que desearía haber sabido cuando comencé, y algunas cosas que, mirando en perspectiva, supongo que sí sabía. Y que también les daría el mejor consejo que recibí, que fallé completamente en seguir.
 
Primero que nada: Cuando comienzas una carrera en las artes no tienen ninguna idea de qué estás haciendo.
 
Esto es genial. La gente que sabe lo que está haciendo conoce las reglas, y sabe lo que es posible e imposible. Tú no lo sabes. Y no debes saberlo. Las reglas de lo que es posible e imposible en las artes fueron hechas por gente que no había probado los límites de lo posible yendo más allá de ellos. Y tú puedes hacerlo.
 
Si no sabes que es imposible es más fácil de hacer. Y como nadie lo ha hecho antes, no han hecho reglas que impidan a alguien hacerlo nuevamente.
 
Segundo, si tienes una idea de lo que quieres hacer, de la razón por la que fuiste puesto acá, entonces ve y haz eso.
 
Y eso es mucho más difícil de lo que suena y, a veces al final, mucho más fácil de lo que puedes imaginar. Porque normalmente, hay cosas que debes hacer antes de que puedas llegar al lugar al que quieres ir. Yo quería escribir comics y novelas e historias y películas, así que me convertí en un periodista, porque los periodistas tienen permitido hacer preguntas, y simplemente ir y descubrir como funciona el mundo, y además, para hacer estas cosas yo necesitaba escribir y escribir bien, y me pagaban por aprender como escribir económicamente, de manera concisa, a veces bajo condiciones adversas, y a tiempo.
 
A veces la manera de hacer lo que esperas hacer será clarísima, y otras veces será casi imposible decidir si estás o no haciendo lo correcto, porque tendrás que equilibrar tus metas y esperanzas con el alimentarte, pagar deudas, encontrar trabajo, conformarte con lo que puedes obtener.
 
Algo que me funcionó fue imaginarme que donde quería estar – siendo un autor, principalmente de ficción, haciendo buenos libros, haciendo buenos comics y ganándome la vida a través de mis palabras – era una montaña. Una montaña lejana. Mi meta.
 
Y yo sabía que mientras me mantuviera caminando hacia la montaña estaría bien. Y cuando realmente no estaba seguro de qué hacer, podía parar, y pensar si lo que hacía me estaba llevando hacia la montaña o alejándome de ella. Dije que no a trabajos editoriales en revistas, trabajos de verdad que hubieran pagado dinero de verdad, porque sabía que, por atractivos que fueran, para mí era caminar alejándome de la montaña. Y si esas ofertas de trabajo hubiesen llegado antes podría haberlas tomado, porque hubiesen sido estar más cerca de la montaña de lo que yo estaba en ese momento.
 
Aprendí a escribir escribiendo. Tendía a hacer cualquier cosas mientras se sintiera como una aventura, y a detenerme cuando se sentía como trabajo, lo que significó que la vida no se sentía como un trabajo.
 
Tercero, cuando comienzas, tienes que lidiar con el problema de fracasar. Tienes que tener la piel curtida, aprender que no todos los proyectos sobrevivirán. Una vida de trabajador independiente (freelancer), una vida en las artes, es algunas veces poner mensajes en botellas, en una isla desierta, y esperar que alguien encuentre una de tus botellas y la abra, y la lea, y ponga algo en una botella que va a volver de algún modo a ti: un comentario, o un encargo, o dinero, o amor. Y debes aceptar que puedes tener que poner cien cosas por cada botella que termine volviendo.
 
Los problemas del fracaso son problemas de desaliento, de desesperanza, de hambre. Quieres que te pase todo, y lo quieres ahora, y las cosas van mal. Mi primer libro – una pieza de periodismo que había hecho por dinero, y que ya me había comprado una máquina de escribir eléctrica gracias al avance – debería haber sido un bestseller.
 
Debería haberme pagado mucho dinero. Si la editorial no hubiera ido a la quiebra involuntaria entre que se vendió la primera edición y que saliera la segunda, y antes de que se pudieran pagar las regalías, lo habría hecho.
 
Y me encogí de hombros, y aún tenía mi máquina de escribir eléctrica y suficiente dinero para pagar la renta por un par de meses, y decidí que en el futuro haría lo posible para no escribir libros sólo por el dinero. Si no obtienes el dinero, entonces no obtienes nada. Si hacía un trabajo del que estaba orgulloso y no obtenía el dinero, al menos tendría el trabajo.
De vez en cuando, olvido esa regla, y cuando lo hago, el universo me patea fuerte y me lo recuerda. No sé si es un tema para alguien además de para mí, pero es verdad que nada de lo que he hecho en la que la única razón para hacerlo ha sido el dinero ha valido la pena, excepto como experiencia amarga. Usualmente tampoco terminaba obteniendo el dinero. Las cosas que hice porque me excitaba hacerlas, y quería verlas existiendo en la realidad nunca me han defraudado, y nunca me he arrepentido del tiempo que he gastado en ellas.
 
Los problemas del fracaso son duros.
 
Los problemas del éxito pueden ser más duros, porque nadie te advierte sobre ellos.

 
El primer problema de cualquier tipo de incluso éxito moderado es la inquebrantable convicción de que te estás saliendo con la tuya de algún modo, y que en cualquier momento te van a descubrir. Es el Síndrome del Impostor, algo que mi esposa Amanda bautizó como la Policía del Fraude.
 
En mi caso, yo estaba convencido de que golpearían la puerta, y un hombre con un portapapeles (no sé por qué andaba con un portapapeles, pero en mi cabeza, lo hacía) estaría ahí, para decirme que todo se había acabado, que me habían descubierto, y que ahora tendría que buscar un trabajo de verdad, uno que no consistiera en inventar cosas y escribirlas, y leer libros que quería leer. Y entonces me iría silenciosamente y conseguiría un trabajo donde no tienes que inventar más cosas.
 
Los problemas del éxito. Son reales, y con suerte los experimentarás. El punto en el que dejas de decir sí a todo, porque ahora las botellas que lanzaste al océano están todas volviendo, y tienes que aprender a decir no.
 
Miraba a mis compañeros, y a mis amigos, y a aquellos que eran mayores que yo y veía cuan miserables eran algunos: los escuchaba decirme que ya no podían imaginarse un mundo donde hacían lo que siempre habían querido hacer, porque ahora tenían que ganar cierta cantidad de dinero cada mes sólo para seguir estando donde estaban.
 
No podían ir y hacer las cosas que importaban, y que ellos realmente querían hacer; y eso parecía una tragedia tan grande como cualquier problema del fracaso.
Y luego de eso, el mayor problema del éxito es que el mundo conspira para impedir que hagas eso que tú haces, porque eres exitoso. Hubo un día en el que miré y me di cuenta de que me había convertido en alguien que respondía e-mails profesionalmente, y que escribía como hobby. Comencé a responder menos e-mails, y me alivió darme cuenta que escribía mucho más.
 
Cuarto, espero que cometan errores. Si están cometiendo errores, significa que están haciendo algo. Y los mismos errores pueden ser útiles. Yo una vez escribí mal Carolina, en una carta, cambiando la A por la O, y pensé “Coralina parece un nombre real…”
 
Y recuerda que sin importar en qué disciplina estés, ya sea que eres un músico o un fotógrafo, un gran artista o un caricaturista, un escritor, un bailarín, un diseñador, lo que sea que hagas tienes algo que es único. Tienes la habilidad para hacer arte.
 
Y para mí, y para tanta gente que he conocido, eso ha sido un salvavidas. El mayor salvavidas. Te lleva por los buenos tiempos y te ayuda en los otros.
A veces la vida es difícil. Las cosas salen mal, en la vida y en el amor y en los negocios y en la amistad y en la salud y en todas las otras cosas en las que la vida puede salir mal. Y cuando las cosas se ponen difíciles, esto es lo que debes hacer:
 
Haz buen arte.
 
Lo digo en serio. ¿Tu esposo se escapa con un político? Haz buen arte. ¿Tus piernas fueron aplastadas y luego comidas por una boa constrictora mutante? Haz buen arte.
 
¿Impuestos internos está en tus talones? Haz buen arte. ¿El gato explotó? Haz buen arte. ¿Alguien en Internet piensa que lo que haces es estúpido o malvado o que ya todo ha sido hecho antes? Haz buen arte. Probablemente las cosas van a arreglarse de algún modo, y eventualmente el tiempo quitará la espina, pero eso no importa. Sólo da lo mejor. Haz buen arte.
 
Hazlo en los buenos días también.
 
Y quinto, cuando estés en eso, haz buen arte. Haz cosas que sólo tú puedes hacer.
 
El impulso, al comienzo, es copiar. Y no es algo malo. La mayoría de nosotros sólo encontramos nuestras propias voces después de sonar como muchas otras personas.
 
Pero la única cosa que tú tienes y que nadie más tiene es a ti. Tu voz, tu mente, tu historia, tu misión. Así que escribe y dibuja y construye y juega y baila y vive como sólo tú puedes hacerlo.
 
En el momento en el que sientas que, sólo posiblemente, estás caminando por la calle desnudo, exponiendo demasiado de tu corazón y de tu menta y lo que existe en tu interior, mostrando mucho de ti, ese es el momento en el que quizás has comenzado a hacerlo bien.
 
Las cosas que he hecho que funcionaron para mejor fueron las cosas de las que estaba menos seguro, las historias que estaba seguro que o iban a funcionar, o más probablemente serían de ese tipo de fracasos vergonzosos por los que la gente se juntaría a hablar de ellos hasta el fin de los tiempos. Todas ellas tenían eso en común: al mirarlas, la gente explica por qué fueron éxitos inevitables. Cuando las estaba haciendo, no tenía idea.
 
Aún no la tengo. Y ¿dónde estaría la diversión en hacer algo que sabes que va a funcionar?
 
Y a veces las cosas que hice realmente no funcionaron. Hay historias mías que nunca han sido reimpresas. Algunas nunca dejaron la casa. Pero he aprendido tanto de ellas como lo hice de las cosas que sí funcionaron.
 
Sexto. Voy a entregarles conocimiento secreto de un trabajador independiente. El conocimiento secreto siempre es bueno. Y es útil para cualquiera que tenga planes de crear arte para otras personas, para entrar al mundo del trabajo independiente de cualquier tipo. Lo aprendí en los comics, pero se aplica a otros campos también. Y es este:

 
Las personas son contratadas porque, de alguna forma, son contratadas. En mi caso, yo hice algo que en estos días sería muy fácil de chequear, y me metería en problemas, y cuando comencé, en esos días pre-internet, parecía una buena estrategia para una carrera: cuando los editores me preguntaron para quién había trabajado, mentí. Di un listado de revistas que sonaban bien, y yo soné confiado, y obtuve los trabajos. Luego me comprometí conmigo mismo a escribir algo en cada una de las revistas que mencioné para obtener ese primer trabajo, de modo de que no hubiese mentido realmente, sino que simplemente hubiese sido cronológicamente limitado… Obtienes
trabajo como sea que obtienes trabajo.
 
La gente sigue trabajando en el mundo del trabajo independiente, y más y más del mundo de hoy es independiente, porque su trabajo es bueno, y porque son gente de trato agradable, y porque entregan su trabajo a tiempo. Y ni siquiera necesitas las tres. Dos de tres está bien. La gente tolerará lo desagradable que puedas ser si tu trabajo es bueno y lo entregas a tiempo. Ellos perdonarán tu tardanza si el trabajo es bueno, y les caes bien. Y no tienes que ser tan bueno como los otros si entregas las cosas a tiempo y siempre es un placer saber de ti.
 
Cuando accedí a dirigirme a ustedes, comencé a pensar cual sería el mejor consejo que me habían dado a lo largo de los años.
Y vino de Stephen King hace veinte años, en la cúspide del éxito de Sandman. Estaba escribiendo un comic que la gente amaba y que estaban tomando en serio. A King le había gustado Sandman y mi novela con Terry Pratchett, “Buenos Presagios”, y vio la locura, las largas filas para firmas, todo eso, y su consejo fue este:
“Esto es realmente genial. Deberías disfrutarlo.”
 
Y no lo hice. El mejor consejo que me han dado y lo ignoré. En vez de eso, me preocupé por ello. Me preocupé por la siguiente fecha de entrega, la próxima idea, la próxima historia. No hubo un momento por sol siguientes catorce o quince años en los que no estuviera escribiendo algo en mi cabeza, o pensando en ello. Y no me paré y miré alrededor y dije “esto es realmente divertido”. Desearía haberlo disfrutado más. Ha sido un viaje asombroso. Pero hubo partes del viaje que me perdí, porque estaba demasiado preocupado por las cosas que podían salir mal, por lo que vendría después, para disfrutar la parte en la que estaba.
 
Esa fue la lección más difícil para mí, creo: dejarse llevar y disfrutar el viaje, porque el viaje te lleva a algunos lugares sorprendentes e inesperados.
Y aquí, en esta plataforma, hoy, es uno de esos lugares. Estoy disfrutando inmensamente.
 
A todos los graduados de hoy: les deseo buena suerte. La suerte es útil. Muchas veces descubrirán que mientras más duro trabajen, y mientras más sabiamente trabajen, más suerte tendrán. Pero hay suerte, y ayuda.
 
Estamos en un mundo transicional en estos momentos, si están en un cualquier tipo de campo artístico, porque la naturaleza de la distribución está cambiando, los modelos por los cuales los creadores entregan su trabajo hacia el mundo, y logran mantener un techo sobre sus cabezas y comprar sándwiches mientras hacen eso, todo está cambiando. He hablado con gente en la cúspide de la cadena alimenticia en el mundo editorial, en la venta de libros, en todas esas áreas, y nadie sabe como estará el panorama en dos años desde ahora, menos aún en una década. Los canales de distribución que la gente ha construido durante el último siglo o más están modificándose para la impresión, para los artistas visuales, para los músicos, para la gente creativa de cualquier tipo.
 
Lo que es, por un lado, intimidante, y por el otro, inmensamente liberador. Las reglas, los supuestos, los “ahora tenemos que” de como haces que tu trabajo sea visto, y lo que haces entonces, se están rompiendo. Los guardianes están dejando sus puertas. Puedes ser tan creativo como necesites serlo para lograr que tu trabajo sea visto. YouTube y la red (y lo que sea que venga después de YouTube y la red) pueden darte más gente mirando que lo que la televisión jamás dio. Las antiguas reglas se están desmoronando y nadie sabe cuales son las nuevas reglas.
 
Así que haz tus propias reglas.
 
Alguien me preguntó hace poco como hacer algo que ella pensó iba a ser difícil, en este caso grabar un audio libro, y yo le sugerí que pretendiera que ella era alguien que podía hacerlo. No pretender hacerlo, pero pretender que ella era alguien que podía. Puso una nota al respecto en la pared de su estudio, y dijo que le ayudó.
 
Así que sé inteligente, porque el mundo necesita más inteligencia, y si no puedes ser inteligente, pretende ser alguien que es inteligente, y entonces sólo compórtate como esa persona lo haría.
 
Y ahora ve, y comete errores interesantes, haz errores increíbles haz errores gloriosos y fantásticos. Rompe reglas. Deja el mundo más interesante porque pasaste por él.
 
Haz buen arte.