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El niño interior

En cada ser existe un rincón oculto donde habitan las partes de uno mísmo que quedaron inconclusas y que ahora buscan completarse.

A ese sitio se le llama el niño interior, porque contiene dentro todos los aspectos inmaduros de nuestra personalidad.

Ese niño interno permanentemente gime: “dame, dame, dame”, nunca está conforme, y siempre quiere más.

Cada momento doloroso del pasado vive en este espacio, esperando ser cambiado, y su inconformidad se proyecta al tiempo presente para pedir ayuda.

En el baile de máscaras, al que hoy hemos sido invitados, vamos a dedicar una mirada a ese niño interno abandonado, que solo requiere la atención de
una mirada, para cambiar su llanto en sonrisas.

Antes de abordarlo debemos comprender que él es la suma de todos los aspectos rezagados de nosotros mismos.

Podemos estar anclados (fijación) en carencias de amor, de comprensión y de ternura, que congelan nuestro presente en la actitud terca de recibir sin dar nada a cambio, manifestando como resultado relaciones insatisfactorias.

Un niño está polarizado en recibir: porque es claro que él no puede prescindir del apoyo que le dan los adultos para su supervivencia.

Pero, en su madurez, el ser humano debe alcanzar el equilibrio entre el tomar y el dar.

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Sanando el niño interior

Es bueno tener una buena comunicación con nuestro niño interior.

Hay que liberar al niño, y al adolescente. Si me pasé 20, 30, 50 años sin hablar con el niño, es posible que cueste hablar y que nos responda. Si comienzo ahora, voy a perseverar cada día hasta lograr la comunicación.

Una forma de comenzar a buscar y relacionarnos es buscar fotos de nuestra niñez.

Observarlas e intentar percibir qué sentíamos entonces. Es una forma de hacer contacto. Otra forma útil es hablarle al niño frente al espejo y con el apodo que usábamos en la niñez.
Buscar la figura más fuerte que influyó en mi infancia. Cuando fuimos rígidamente educados tenemos reacciones propias de esa educación.

Por ejemplo: soy perfeccionista, no me permito equivocarme y sufro mucho cuando lo hago. También exijo ese comportamiento de los demás. Es importante reconocer esos comportamientos y cambiarlos.

Un buen ejercicio es trabajar con dos fibrones, uno en cada mano.

Hago preguntas y escribo las respuestas espontáneamente, sin pensar, con la otra mano.

¿Fuiste bienvenido al nacer? ¿Fuiste aceptado? ¿Te amaron? ¿Te esperaron?
(Hacemos estas preguntas dirigiéndonos a nuestro niño interno)

Lo que escribo produce una emoción, sale algo de adentro que tiene una fuerza emocionante. Eso limpia.

Este ejercicio también es bueno para resolver conflictos actuales.

Con una mano dibujo la situación, y con la otra escribo las respuestas.

Fuente: Clases de Metafísica.

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La Verdad Detrás del Espejo

Tal parece que esta ha sido mi semana de recalcarles que el Universo es Mental, pues cada vez que intento escribir o ponerles un video de algo diferente, encuentro algo especial que solo viene a sustentar  la idea que he tratado de transmitir en los últimos días.

Este video tiene un mensaje maravilloso, espero les guste tanto como a mí.

En la antigüedad, algunos filósofos sostenían que el niño no era como un vaso al que se ha de llenar, él es como una antorcha al que se ha de “encender”.

En la actualidad, sólo se adiestran a los niños y a los adolescentes para ocupar los puestos de trabajo del mañana, no teniendo en cuenta que el principal objetivo de la educación debería ser: “El desarrollo y fortalecimiento de la esencia humana inherente a toda persona”

La “calidad de la conducta colectiva” es la mejor evidencia del errado enfoque educativo en cuanto a qué y cómo se ha estado educando desde que el mundo es mundo.

Los invito a recordar el niño que vive dentro de cada uno de ustedes… -AD

Video: