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Hablar solo

Hablar solo, no es sino un síntoma de nuestra inteligencia.

Aunque a menudo se asocia la expresión «hablar solo» a ser un tanto raro, lo cierto es que las investigaciones confirman que alrededor del 80% de nuestras experiencias mentales son verbales. Pensamos en palabras.

Tenemos la mente llena de palabras y no las expresamos todas, es como si tuviéramos una charla continua con nosotros mismos. Que algunas veces esta charla sea en voz alta no tiene porque sorprender, casi todo el mundo ha hablado solo alguna vez.

Según Lera Boroditsk de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, el 70% de las experiencias verbales, palabras, frase se quedan en nuestra mente.

Las palabras que dices, piensas y escuchas tienen impacto real sobre el modo en que te afectan las cosas. La investigadora Gabriella Vigliocco del University College de Londres, ha descubierto que escuchar verbos asociados con el movimiento vertical, tal como saltar, elevarse etc, afecta a la sensibilidad del ojo hacia ese movimiento.

Gabriella, mostró a voluntarios una pantalla que tenía 1.000 puntos, cada uno de ellos se moví de forma vertical, o de forma aleatoria. Gabriella Vigliocco detecto que los voluntarios eran más propensos a detectar la dirección predominante del movimiento cuando oían un verbo que tenía relación con ella (como elevarse cuando los puntos iban en esa dirección).

Y por el contrario eran menos propensos a detectar el movimiento si el verbo describía lo contrario a lo que veía, ejemplo verbo caer y los puntos de la pantalla ascendían.

El lenguaje no es solo lo que escuchamos también tenemos un lenguaje interno que nos ayuda a percibir el mundo.

Fuente: quo.es

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El Templo Universal

Ya sea religión, ciencia filosófica, psicología o metafísica, todo tiene el mismo fin: «Conocimiento sobre su propia persona»  asi lo encontramos bajo el epitafio de Sócrates «Conócete a ti mismo»

Aquello que da al hombre un conocimiento de sí mismo, puede ser inspirado solamente por el Ser -y Dios es el que todo lo ES.

El hombre está sobre la tierra para quitar el velo de la ilusión a la personalidad material y dejar que la luz del espíritu transmute su naturaleza animal. Así como David, rey de Israel, dejó en las manos de su hijo Salomón la tarea que él no podía realizar, así cada generación de la familia humana hereda a la siguiente, la tarea de construir el Templo o más bien de reconstruir la Mansión de Dios -que es el Hombre.

El hombre está sobre la tierra para cumplir el propósito; construir de acuerdo con el Plan del Gran Arquitecto del Universo. El hombre nace con ojos y sólo tras largos años de penas y sufrimientos, aprende a ver claramente, en armonía con el Plan. El hombre, en verdad, nace entre las sombras de la ignorancia, pero también tiene capacidad para aprender.

Tiene voluntad, mente, corazón y manos fuertes y capaces para la Gran Obra en la vida; transformando la piedra bruta de su ser en la piedra perfecta de la fraternidad con la que construimos el verdadero Templo Humano.

¿Que más puede pedir el hombre que la oportunidad de demostrar lo que es, la idea que le inspira, la visión que le guía? Las religiones, credos, organizaciones, sociedades, clubes y logias de la tierra, son grupos de seres humanos reunidos en la tarea de aprender. La tierra es una escuela gigantesca. Estamos aquí para aprender y nuestra presencia demuestra nuestra necesidad de instrucción.

Todo miembro de la familia humana, como toda criatura viviente, está luchando por romper los asfixiantes lazos de la limitación -física, material, emocional e intelectual -que detiene a la visión espiritual y dejan a la vida un ideal.

Cada vida es un lapso de tiempo dedicado al mejoramiento. Cada segundo que pasa es una oportunidad, y son sólo los iluminados espiritualmente los que han reconocido que la vida es una oportunidad para Servir en todas sus actividades diarias, y que no se «retiran» del trabajo de construir el Templo dentro de sus personalidades humanas.
El templo es una universidad, enseñando las artes liberales y las ciencias del alma para todo el que atienda a sus palabras. Es una representación de la Infinita y Eterna Morada del Gran Arquitecto del Universo.

Sus sillas son asientos de cultura; sus pilares sostienen el arco de la educación universal, no solo en las cosas materiales, sino en las cualidades que son del Espíritu. Sobre sus muros están inscritas las sagradas verdades de todas las naciones y de todos los pueblos y sobre aquellos que se reúnen dentro de sus portales con comprensión de la UNIDAD de la Única Ley de la Vida tal como fue enseñada por los Grandes Maestros Espirituales. El Templo es, en verdad, aquello perdido por tanto tiempo, que todos han buscado durante edades; para encontrarlo, todos los Grandes Maestros Espirituales han dado indicios:

-«A menos que seais como pequeños niños, no veréis el Reino de Dios

-«El Reino de Dios está dentro de Vosotros»

-«¿Queréis conocer a Dios? Primero conoceos vosotros mismos»

-«¿Queréis amar a Dios? Primero ama a tu hermano»

-«Si un hombre dice: Amo a Dios y odia a su hermano -ese hombre miente»

El Templo de Dios es una filosofía-religiosa que no tiene ningún credo. Sus tempalrios se inclinan solo ante la Verdad Absoluto sin importarles quién la lleva; sirven a la luz en vez de discutir sobre el que la trae. En esta forma demuestran que tratan de conocer mejor a la Voluntad y a la Ley, el Propósito y el Plan del Gran Arquitecto de la Creación, visible e invisible. Ninguna religión más verdadera hay que la Camaradería Universal y la Fraternidad, con el propósito de glorificar a Dios y de construir un Templo con una actitud constructiva, positiva y noble; impersonal y unificadora.

Fuente: Joyas Espitituales

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Asi eres TU! (Reflexion)

A finales de la década de los 40, Bertram Forer, profesor de psicología en la Universidad de Massachusetts en Amherst, entregó una hoja de papel a sus alumnos que contenía, en un pequeño párrafo, una descripción personal, y les pidió que la puntuasen del 0 (no ha dado ni una) al 5 (¡soy yo!).

También les pidió que levantasen la mano si creían que, en líneas generales, el retrato era preciso. El texto impreso en la hoja de papel podría ser algo como lo siguiente:

«Tienes la necesidad de que otras personas te admiren, pero tiendes a ser crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes unas habilidades no explotadas que no has utilizado para tu propia ventaja. Disciplinado y autocontrolado en la apariencia exterior, tiendes a estar preocupado y a sentirte inseguro por dentro.

A veces dudas acerca de si has tomado la decisión acertada o hecho lo correcto. Prefieres una cierta cantidad de cambios y de variedad y no te encuentras satisfecho si estás muy limitado o restringido. Te enorgulleces de ser un pensador independiente y no aceptas las afirmaciones de los demás sin una prueba independiente.

Por otra parte, has descubierto que no es sabio mostrarte a los demás con demasiada franqueza. A veces eres extrovertido, afable y sociable, pero otras eres introvertido, cauto y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser poco realistas».

Tras repartir la tarea, Forer se encontró con que prácticamente todos los alumnos tenían la mano levantada. La miga estaba en la elaboración del texto.

Forer había cogido un libro de astrología, había escogido un puñado de frases de distintas predicciones y las había mezclado, generando el texto, que era exactamente el mismo para todos sus estudiantes. El 87% de éstos decidió que su descripción merecía un 4 o un 5 como nota.

El experimento de Foster demostró algo que más de un lector de este blog encontrará conocido y evidente: la astrología no necesita ser precisa para parecer precisa. Basta un puñado de generalidades para que el cerebro del creyente haga el trabajo de buscar los huecos para las piezas, y no al revés.

Y tu… ¿también te ves identificado en el texto?  Sorprendente, verdad?

Fuente: rinzewind