Se colocó en espacios públicos alrededor de la ciudad New York un megáfono y sobre el un signo adjunto que decía: «Say Something Nice». El motivo era ver qué pasaba si a los neoyorquinos se les daba la oportunidad de ampliar sus voces para «decir algo agradable.» Este proyecto fue producido por Improv Everywhere, como parte de la exposición del Museo Guggenheim en NYC.
Archivos Mensuales: agosto 2011
Comer carnes rojas puede aumentar el riesgo de diabetes
Malas noticias para los carnívoros. Según un estudio de la Universidad de Harvard, en Boston (EE.UU.) comer carnes rojas puede aumentar el riesgo de diabetes tipo 2. Según el citado informe, el consumo de carnes rojas, especialmente si la carne han sido procesada (salchichas, hamburguesas preparadas, etc.), se relaciona con esta patología. Sus autores proponen sustituir las proteínas de la carne por otras más saludables, como lácteos bajos en grasa, frutos secos o cereales integrales.
El equipo coordinado por Frank Hu analizó las respuestas a un cuestionario realizado a 37.083 hombres seguidos durante 20 años, a 79.570 mujeres seguidas durante 28 años y 87.504 mujeres controladas durante 14 años. Además, se llevó a cabo un metaanálisis que combinaba los datos de este nuevo estudio con los de investigaciones existentes, que incluían a un total de 442.101 participantes, 28.228 de los cuales desarrollaron diabetes tipo 2 durante el estudio.
Tras ajustar variables de riesgo como edad, índice de masa corporal (IMC) y otros estilos de vida y factores dietéticos, los investigadores encontraron que un consumo diario de 100 gr. de carne no procesas, carnes rojas, se asociaba con un aumento del 19% aumento en el riesgo de diabetes tipo 2. Sin embargo, el consumo de una porción diaria de la mitad (50gr) de dicha cantidad de carne, pero procesada, (por ejemplo, un perro caliente o dos rebanadas de tocino), se relacionaba con un riesgo del 51%.
Salud pública
«Los resultados de este estudio tienen importantes implicaciones de salud pública dado el aumento de la epidemia de diabetes tipo 2 y del consumo de carnes rojas en todo el mundo. La buena noticia es que estos factores de riesgo pueden ser compensados», señala el autor del trabajo que se publica en American Journal of Clinical Nutrition.
Los resultados demuestran que, para una persona que consume una porción diaria de carnes rojas, sustituir una porción por frutos secos al día se asociaba con un riesgo 21% menor de diabetes tipo 2; de un 17% si se sustituía por lácteos bajos en grasa, y de un 23% menos si se hacía con cereales integrales.
Basándose en estos resultados, los investigadores aconsejan reducir al mínimo el consumo de carnes procesadas -salchichas, tocino, etc.-, que generalmente contienen altos niveles de sodio y nitritos, pero también el de carne roja sin procesar.
La diabetes ha alcanzado niveles de pandemia; ya afecta a, cerca de 350 millones de adultos. La mayoría tiene diabetes tipo 2, que está relacionada con la obesidad, la inactividad física y una dieta poco saludable.
ABCc
¿Está cambiando el tamaño de la Tierra?
Desde los tiempos de Charles Darwin, los científicos se han preguntado si la Tierra podía expandirse o contraerse. Esta era la creencia habitual hasta que fue aceptada, hace medio siglo, la teoría de la tectónica de placas, que explica los movimientos a gran escala de la capa terrestre más externa, la litosfera. Pero incluso así, siguió planeando la duda sobre el cambio de talla del mundo. Ahora, un nuevo estudio de la NASA ha terminado con esas especulaciones. Utilizando un grupo de herramientas de medición espacial y una nueva técnica de cálculo, los investigadores han confirmado que la parte sólida de nuestro planeta no se expande ni se contrae, a pesar de los movimientos de las placas, los terremotos o las explosiones volcánicas. De acuerdo con el estudio, publicado en la revista Geophysical Research Letters, el cambio en el radio de la Tierra es de 0,1 milímetros al año, aproximadamente el grosor del cabello humano.
Los científicos se interesan particularmente por el tamaño de la Tierra porque cualquier cambio significativo en su radio alteraría nuestra comprensión de los procesos físicos del mundo. Además, resulta fundamental para la rama de la ciencia llamada geodesia, que busca medir la forma y el campo de gravedad de la Tierra y cómo estos cambian con el tiempo.
Para realizar este tipo de mediciones, la comunidad científica mundial estableció el Marco de Referencia Terrestre Internacional, que se utiliza en la navegación terrestre, el seguimiento de las naves espaciales o para el estudio de muchos aspectos del cambio climático global, incluyendo el aumento del nivel del mar y los desequilibrios en las masas de hielo en los polos. Sin embargo, la medición de cambios en el tamaño del mundo no ha sido precisamente fácil para los científicos. Después de todo, no se puede envolver el mundo en una cinta métrica gigante. Por eso, se utilizan herramientas muy sofisticadas, como satélites de telemetría por láser -una red de observación mundial que mide, con milimétrica precisión, el tiempo que les lleva a pulsos de luz ultracortos viajar de estaciones terrestres a satélites especialmente equipados con retroreflectores-, interferometría de base muy larga -el uso varios telescopios para observar un objeto de forma simultánea-, GPS, etc.
Nuevo procedimiento
El equipo de investigadores encabezado por Xiaping Wu, del Laboratorio a Propulsión a Chorro de la NASA (JPL, por sus siglas en inglés) aplicó un nuevo procedimiento informático de cálculo para estimar la tasa de cambio en el radio medio de la Tierra sólida en el tiempo, teniendo en cuenta los efectos de otros procesos geofísicos. Estos datos, obtenidos con las técnicas citadas anteriormente, se combinaron con las mediciones del satélite GRACE de la NASA y los modelos de la presión del fondo oceánico, que ayudan a los científicos a interpretar datos de cambio en la gravedad sobre el océano.
¿El resultado? Los científicos estimaron que el cambio promedio en el radio de la Tierra es de 0,1 milímetros por año, o aproximadamente el grosor de un cabello humano, una tasa considerada estadísticamente insignificante. «Nuestro estudio proporciona una confirmación independiente de que la Tierra sólida no es cada vez más grande en la actualidad», dijo Wu
Edad de la Luna
La teoría más aceptada sobre la formación de la Luna dice que, en los orígenes del Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años, un objeto del tamaño de Marte colisionó contra la Tierra. A causa del impacto salió disparada una gran cantidad de escombros que finalmente se fusionó y formó nuestro satélite natural. Pero, ¿cuándo se produjo? Un equipo de investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en California, dependiente del Instituto Carnegie, una institución sin ánimo de lucro dedicada a la ciencia, considera que la Luna puede ser mucho más joven de lo que se creía hasta ahora. De esta forma, le atribuye 4.360 millones de años, más o menos 200 millones menos. Según el estudio, que aparece publicado en la revista Nature, o al satélite se le restan años o las teorías convencionales de su formación hacen aguas.
Los investigadores señalan que, después de la fusión de rocas que dio origen a la Luna, ésta se fue enfriando progresivamente, hasta que el magma se solidificó en diferentes composiciones minerales. Precisamente, el análisis de muestras de roca lunar que se cree que fueron derivadas a partir del magma original es lo que ha dado a los científicos una nueva estimación de la edad de la Luna.
De acuerdo con esta teoría de la formación lunar, un tipo de roca llamadaferroan anortosita (FAN), un silicato, es la más antigua de las rocas de la corteza de la Luna, pero los científicos han tenido dificultades para datar sus muestras. El equipo investigador utilizó nuevas técnicas más sofisticadas para determinar la edad de una muestra de FAN de la colección de rocas lunares del Centro Espacial Johnson de la NASA.
La Tierra y la Luna, al mismo tiempo
El equipo analizó los isótopos de los elementos de plomo y neodimio para situar la edad de la muestra de la roca en 4.360 millones de años, 200 millones de años después de la formación del Sistema Solar, y, por lo tanto, 200 millones de años menos de lo que hasta ahora se le atribuía a la Luna.
Esta edad es similar a la calculada para los minerales terrestres más antiguos, como el zircón del oeste de Australia, lo que sugiere que las capas más viejas de la Tierra y la Luna se formaron aproximadamente al mismo tiempo después del gran impacto.
«La extraordinaria juventud de esta muestra lunar también significa que o bien la Luna se solidificó mucho más tarde de lo que antes se estimaba o que necesitamos cambiar nuestra comprensión de su historia geoquímica», ha señalado Richard Carlson, de Instituto Carnegie.
Fuente ABC
